Suicidio Infantil

Sobre el suicidio infantil y la prevención: ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en jóvenes desde los 10 a los 24 años. Para ayudar a la prevención, ¿a qué señales de alerta tenemos que prestar más atención los padres? ¿Cómo podemos apoyar y proteger a los niños y niñas?

Existe un manto gris que, excepto en días señalados, oculta el tema del suicidio durante el resto del año, pese a que es la principal causa de muerte no natural en España. Quizá porque se piensa que hablar de ello puede dar pie a que otros traten de seguir ese mismo camino, aunque la realidad sea que romper el tabú aumenta la visibilización y con ello, las campañas de prevención.

En el caso de los niños, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio infantil es ahora la segunda causa más común de muerte entre los jóvenes de entre 10 y 24 años. Es importante que las familias conozcan los factores de riesgo para que estén preparados para apoyar y ayudar a los pequeños.

Para Mercedes Bermejo, directora y psicoterapeuta infantojuvenil y de familia en Psicólogos Pozuelo, este tipo de conductas se pueden prevenir y abordar desde la infancia porque “existen una serie de rasgos o características de niños o niñas que les hacen poder ser más propensos, sobre todo en etapas posteriores, a ejecutar estos pensamientos autolíticos. Por ejemplo, cita a los niños o niñas con tendencia a la impulsividad, a las alteraciones del estado de ánimo o pacientes de cuadros de ansiedad, estrés o problemas de alimentación o de sueño.

¿A qué señales de alerta tenemos que prestar más atención los padres?

Existen algunos cambios en el temperamento o en el comportamiento de los niños y niñas que se pueden convertir en motivo de preocupación para los padres. Mercedes nos explica que en estas primeras etapas de la vida, los niños tienen distintas formas de pedir ayuda y, aunque lo hayan expresado verbalmente, hay ocasiones en las que los adultos pueden no saberlo identificar.

A partir de ese momento es cuando ellos recurren a los conocidos en psicología como ‘síntomas dónde trasmiten su malestar’. Estos, según la experta en psicoterapia infantil, pueden oscilar entre conductas desadaptativas, alteraciones de la conducta, fracasos académicos, síntomas psicosomáticos, etc. En realidad, “son muchos los rasgos que nos pueden indicar que un niño puede estar sufriendo un posible riesgo autolesivo” admite Bermejo.

Ahora bien, esto no significa que en cualquier niño con uno de estos problemas de conducta, se vaya a aumentar la probabilidad de riesgo de autolesión o de suicidio. Simplemente, son una serie de variables a las que tienen que estar alerta los padres y madres para, si las perciben, identificar los cambios de ánimo o rutinas en la conducta y contactar con un profesional especializado.

Así pueden apoyar los padres a los hijos que estén en esta situación

Como indica Mercedes Bermejo, las familias son el referente primario para los niños y niñas. Esto quiere decir que “son sus cuidadores primarios y de quienes es importante que puedan recibir el cariño, cuidado, protección y dedicación necesaria”.

Para conseguir esto, hay que poner el foco en la calidad del tiempo que se pasa en familia. Disfrutar de momentos juntos, de cariño, amor y “generar espacios donde niños y niñas se sientan seguros/as para poder expresar sus emociones”. Es el modo que encuentra la psicóloga de que los pequeños se sientan seguros y protegidos. Además, recomienda fomentar dentro de la dinámica familiar una comunicación emocional, lo que hará que ellas y ellos puedan manifestar cualquier malestar que puedan estar sufriendo. Así pues, crear un lugar seguro lleno de seguridad, calma y afecto es la mejor defensa de la salud mental de los niños y niñas.

Tenemos que tener claro que, detrás de una tentativa, “no siempre tiene que haber un trastorno ni un problema en el estado de ánimo” señala Bermejo. Son muchas las variables que pueden hacer que los menores creen encontrar una solución a sus problemas en la autolesión, cuando el verdadero remedio lo tiene la gestión emocional.

Lo principal para aprender a manejar sentimientos y emociones con las que no estamos familiarizados es la ayuda profesional. La pandemia ha reforzado la importancia que tiene la salud mental y la necesidad de que se pueda garantizar a todos los ciudadanos. Las campañas de prevención y sensibilización también pueden ser grandes aliados para frenar este grave problema de salud pública.

Existe un número de teléfono conocido como el Teléfono de la Esperanza (717 00 37 17), disponible 24h al día, con personas al otro lado que trabajan para dar apoyo y acompañamiento a personas con riesgo de suicidio y a sus familiares.

Técnicas de relajación y meditación

Una vez que hemos creado un entorno seguro para nuestros hijos y que hemos acudido a un profesional para que valore su caso personal, otras de las prácticas que podemos incluir en su rutina para mejorar su bienestar emocional, psicológico y social, es la meditación, el mindfulness y la respiración consciente.

Informa Bermejo de que cada vez hay más evidencia científica de la efectividad de estas técnicas de relajación para “conectar, relajarse y poder entrenar también la autorregulación”. El adoptar estos hábitos puede favorecer que los niños encuentren esa capacidad de gestionar algunos de sus impulsos y emociones, “siempre y cuando tengan a alguien al lado como figura de apoyo necesaria en su desarrollo evolutivo y mental”, concluye la directora de Psicólogos Pozuelo.

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