Violencia vicaria

Violencia vicaria: la forma más cruel de ejercer violencia sobre las mujeres

Hacer daño a los hijos para causar dolor a las madres, eso es la violencia vicaria, una de las formas más crueles y extremas de la violencia de género.

niño triste
Foto Istock

“No las vas a volver a ver”, esas fueron las palabras de Tomás Gimeno a su expareja antes de desaparecer con sus hijas, las pequeñas Anna y Olivia. Ayer conocíamos la fatal noticia de que el cuerpo de la mayor, Olivia, de solo 6 años, había sido encontrado en el mar. La investigación sigue para saber qué ha sucedido con Anna y, a falta de la autopsia, el hallazgo confirmaría la hipótesis con la que las autoridades han estado trabajando estas últimas semanas: que el padre mató presuntamente a sus hijas y después se suicidó.

Una vez más, el corazón de la sociedad española se ha paralizado ante el fatal desenlace. Una vez más, los hijos utilizados para hacer daño a las madres, una vez más una de las formas más crueles de violencia de género: la llamada violencia vicaria.

La violencia vicaria está reconocida como violencia de género

Uno de los puntos más destacados de la recientemente aprobada Ley Orgánica de Protección a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, conocida como Ley Rhodes, es precisamente el reconocimiento de la violencia vicaria como violencia de género, entendiendo la violencia vicaria como aquella ejercida por maltratadores que para causar perjuicio o daño a las mujeres, se ejerce sobre familiares o allegados menores de edad. Violencia vicaria también es, por ejemplo, utilizar a los hijos judicialmente durante los procesos de separación.

Fue la psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro, quien acuñó este término hace unos años definiendo la violencia vicaria como: “aquella violencia que se ejerce sobre los hijos para herir a la mujer. Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros, por interposita persona. El maltratador sabe que dañar, asesinar a los hijos/hijas, es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño extremo”.

Asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás así de extremo, de horrible y de profundamente desgarrador.

Desgraciadamente no es el primer ni el único caso en el que este tipo de violencia nos sacude como sociedad: el caso hace unos años de José Bretón, que quemó a sus dos hijos después de que su mujer le anunciase el divorcio, fue un duro golpe que puso el tema de la violencia vicaria y la necesidad de proteger a los niños en el centro del debate. Pero no fue suficiente, no ha sido suficiente y se debe proteger a la infancia.

Según las cifras oficiales del Ministerio de Igualdad, desde 2013 39 niños y niñas han sido asesinados por sus padres biológicos o las parejas o exparejas de sus madres, una cifra espeluznante que, sin duda, pone de manifiesto que esta realidad es una lacra social ante la que se debe actuar.

Para la psicóloga experta en violencia de género, Olga Barroso, como sociedad, “tenemos aún el desafío de entender que los padres que se relacionan de forma violenta con la madre de sus hijos no son unos buenos padres porque dañan a una de las figuras de referencia de sus hijos y esto tiene un impacto en ellos”.  Barroso explica que “hay niveles dentro de la gravedad de un agresor y hay algunos que pueden ejercer un cuidado mínimo hacia sus hijos y no dañarlos directamente en su trato, aunque si les causen daño al minimizar a su figura marental, pero debemos entender que el hecho de ser padre no hace que tus derechos estén por encima de los de tus hijos. En los casos más graves los menores tiene que ser protegidos, pero muchas veces quedan desprotegidos”. También señala que “en los casos de mayor gravedad los padres pasan por encima de la integridad de sus hijos con tal de ejercer control y poder sobre las mujeres”.

En esta misma línea, Vaccaro defendía en una reciente entrevista en la SER que "todavía pervive la tendencia a dividir y a disociar el rol de marido o pareja maltratadora y el de padre. Tenemos que convencernos de que un maltratador jamás puede ser un buen padre".

Este caso de las niñas de Tenerife es la violencia vicaria llevada al extremo, la forma más cruel de hacer daño a la mujer, la crueldad y el horror en su máxima representación.

foto firma

Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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