Vacuna coronavirus

¿Y si los niños estuvieran inmunizados frente al coronavirus gracias a una vacuna que todos conocemos?

Una nueva investigación deja una puerta entreabierta a la respuesta del por qué los niños no se infectan tanto por coronavirus: la vacuna triple contra la Difteria, el Tétanos y la Tos Ferina que se les administra desde que tienen meses de vida tendría la respuesta.

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Fuente: iStock

La pandemia sanitaria por COVID-19 parece que no acaba nunca. Desde que en marzo se decretarse el primer Estado de Alarma en España, las incógnitas no han hecho más que crecer, al mismo ritmo vertiginoso que crecen los estudios científicos que buscan causas y soluciones al problema.

Si hay algo que nos viene llamando la atención desde que comenzase la pandemia es que los niños tengan niveles tan bajos de infección y, sobre todo, niveles tan bajos de síntomas (y nosotros damos gracias por ello). Pero la ciencia no para de preguntarse el por qué de este hecho, ya que considera que quizás en él podríamos encontrar una de las soluciones al problema.

Pues bien, de esto venimos a hablar: un estudio científico muy reciente y llevado a cabo por el Doctor Pedro Reche, inmunólogo e investigador de la Universidad Complutense de Madrid, ha encontrado una posible causa a la baja infección en la población infantil y adolescente: una vacuna muy común cuya primera dosis se administra en los primeros meses de vida. En concreto hablamos de la triple vacuna contra la Difteria, el Tétanos y la Tos Ferina y, a juzgar por las palabras del investigador, este hecho podría ser el principio de una vacuna contra el SARS-CoV-2. “Existe una extensa inmunidad cruzada entre el virus SARS-CoV-2 y los antígenos presentes en la vacuna de la Difteria, el Tétanos y la Tos ferina, que precisamente se nos prescribe en los primeros meses de vida”, afirma a Libertad Digital.

Como explicamos, esta sería la causa también de la protección que reciben los adolescentes, de acuerdo a este investigador. ¿Por qué? Pues porque es una de las vacunas más periódicas: de tres a cuatro dosis se administran durante los primeros meses de vida del niño, entre los 4 y los 6 años se administra otra más y, por último, en la adolescencia, entre los 9 y los 14 años, se aplica una dosis más. ¿Qué pasa, sin embargo, a partir de esta edad? Pues, efectivamente, que la respuesta inmunológica de esta vacuna va perdiendo fuelle a medida que vamos haciéndonos adultos.

La importancia de seguir con el calendario de vacunación

Es por esta razón que el doctor Reche recuerda la importancia de seguir con el calendario de vacunación en la etapa adulta. Esta, de hecho, es una de las vacunas contempladas y recomendada por Salud Pública y se conoce comúnmente como la vacuna del Tétanos: “la población adulta debería vacunarse con la dosis que corresponde, con menos carga antigénica, y que está recomendada”, comenta a Libertad Digital el autor del estudio. “Es aconsejable en adultos, sobre todo en mayores de 60 años y casi nadie se la pone”, continúa.

¿Dónde reside la causa de la protección de esta vacuna?

La encontramos, de acuerdo al estudio, en los linfocitos. En concreto, en los linfocitos T CD8 y CD4 y n los linfocitos B: los que infecta la COVID-19. Según el trabajo, publicado en la revista Frontiers in Immunology, la inmunidad cruzada de esta vacuna permitiría reconocer secuencias de un virus e identificarlas en el futuro en otro agente infeccioso.

Para llegar a este resultado, el doctor Reche estudió los antígenos encontrados en varias vacunas pediátricas, como la de la hepatitis B, la del sarampión, la varicela o el poliovirus, entre otras, encontrando mayor coincidencia en esta que venimos analizando.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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