¿Cómo y cuándo desconecto?

¿Abrumada por el cuidado del bebé? Tómate un respiro

6 minutos

Se dice que nacemos dos veces: La primera cuando venimos al mundo. La segunda, cuando nos convertimos en madres. No hay vuelta atrás. ¿Ni siquiera un ratito para tomar una cañas con los amigos?

madre agotada

 Los primeros días, las primeras semanas... son siempre una ristra de situaciones de acoplamiento a la nueva vida. Nos pasamos los primeros meses amoldándonos a nuestro recién adquirido papel de madre.

Entre pañales, tomas y sueño, mucho sueño… ¿Quién se acuerda de hacer escalada, punto de cruz o egiptología?

Muchas madres han somatizado el sentimiento de culpa como respuesta normal ante situaciones y decisiones personales. Pero hay que pensar que todo se hace con la mejor de las intenciones.

Sin embargo, muchas se preguntan: “¿Cuándo podré empezar a desvincularme de mi bebé?” o “¿ Sufrirá mi ausencia mi hijo si me voy un fin de semana?”.

Todas estas cuestiones tienen diferentes respuestas en cada caso, pero lo más importante es que solo hay una persona que las puede responder: nosotras mismas.

Desde un punto de vista cotidiano y nada científico sobre el vínculo madre-hijo (o padre-hijo, todo esto es genérico), sí que es verdad que el sentimiento de necesidad, de mirar por el bebé, de proteger a nuestro cachorro, rige en gran medida nuestra relación con nuestros hijos. (“¿Y si tiene frío?” “¿y si le duele algo?” “¿y si le pica un pie?”). De pronto, somos imprescindibles, aunque no las únicas interlocutoras del bebé.

Hay quien juzga salir una noche de copas cuando se tiene un bebé. O llevarlo a la guardería a los cuatro meses, al finalizar la baja maternal. Siempre hay una vecina, un cuñado o el pescadero del barrio dispuesto a opinar sobre la (in)dependencia de los padres con respecto a los hijos.

¿Por qué a veces no se ve bien o no se entiende que de vez en cuando los padres necesitemos un poquito de desconexión? Probablemente, porque tendemos situarnos junto al más débil. Y la indefensión del bebé acrecienta el sentimiento de apego y necesidad. Entonces, es fácil pensar que todo el mundo lo tiene que vivir de la misma manera.

Una conocida nos advierte alarmada “Mi cuñada se fue de juerga cuando su hija tenía solo tres meses”. Y claro, por dentro pensamos “¡Qué horror!” o bien“ ¡Dame su teléfono para ir con ella!” . Aunque lo que deberíamos decir ante estas cosas es “Tu cuñada sabrá lo que hace (o no), pero es su caso particular”.

Quiero volver a ser yo (aunque sea por una tarde)

Es de lo más habitual sentirse desbordada y agobiarse porque nuestro mundo se reduzca a la maternidad. Podemos llegar a notar incluso cierta culpabilidad por desear escapar durante unas horas o unos días.

No hace falta ser psicóloga para determinar que todas estas sensaciones no solo son normales, sino necesarias. Hay que dejarlas aflorar y aprender de ellas. Yo misma me he sentido desconcertada e incoherente deseando salir de mi mundo de maternidad, bebés y horarios a demanda, y culpándome por ello a la vez.

Dependiendo del grado de agobio (si agobio ¿por qué no? Llamemos a las cosas por su nombre), las ganas y las vinculación psicológica, cuando nos asalten las dudas, estaría bien preguntarse…

  • ¿Qué me apetece hacer?
  • ¿Qué necesito hacer?
  • ¿Qué me vendría mejor?
  • ¿Cómo va a acusar mi ausencia el bebé?
  • ¿Voy a ser capaz de vivirlo sin culpa?

Por supuesto, nos podemos equivocar en nuestras decisiones: tanto si se trata de coger un trabajo que nos supone, por ejemplo, viajar fuera, como si se trata de salir a cenar y desconectar un poco por ahí.

De hecho, funcionamos por “ensayo-error” y es muy común pensar: “No tenía que haber venido, el bebé me estará echando de menos (pero el abuelo acaba de decirnos por Whats App que está felizmente dormido y ha enviado la foto y todo, ¿no seremos nosotras las que le echamos de menos…?)” o “tendría que haber acudido a esa cena en lugar de pasar un fin de semana como todos, metida en casa con el bebé”.

Por eso, lo ideal es seguir un proceso gradual de desapego.

1. Si la nuestra es una familia tradicional de una pareja y su descendencia (ahora que las familias monoparentales están creciendo mucho) conviene delegar el cuidado y repartirse de una forma equitativa, para poder administrar el tiempo de ocio de los dos.

2. Tanto si la separación es por mera desconexión, como por obligación, conviene que, en la medida de lo posible, se haga de forma paulatina para calibrar hasta donde podemos asumir y cómo responde el bebé.

3. Debemos tener en cuenta que el bienestar del bebé no depende solo de nuestra presencia, y generalmente lo vemos más desde nuestro punto de vista que desde el de nuestro hijo. Esa tristeza que nos puede invadir al dejarlo en la guarde por ejemplo, es solo nuestra. Es muy probable que el niño no somatice mal esta ausencia y sí otras muchas cuestiones que probablemente pasamos por alto por no tener conciencia directa de ello. Desde no hablarle en un tono cordial hasta las emisiones de CO2.

4. No conviene aceptar un trabajo en Pernambuco después de haber estado volcada en la crianza del niño. Mejor ir poco a poco y empezar, por ejemplo, asumiendo tareas fuera del entorno familiar para que el cambio no sea muy brusco.

5. No conviene guiarse por las experiencias ni consejos ajenos. Cada persona es diferente y vive de forma distinta su maternidad. Y siempre, siempre, resulta muy negativo juzgar. Evidentemente, no hay fórmulas mágicas para mantener cierta independencia. De hecho, nunca se consigue del todo: Cuando nuestro bebé tenga 43 años le seguiremos diciendo ¡abrígate, que hace frío! Y es que la maternidad, implica una responsabilidad que es de por vida. ¡Y qué bien que así sea!

Trucos para desconectar de forma sana y paulatina

  • Hablar con el bebé, explicarle en tono pausado nuestras emociones y necesidades. Es muy terapéutico poner voz a nuestros sentimientos, y puede servir para darles coherencia. Explicarle también si nos vamos a ausentar y decir siempre que volveremos después.
  • Escuchar nuestro interior. Enclaustrarse en casa o salir a hacer cosas que no nos apetecen es igualmente absurdo si en nuestro fuero interno no lo sentimos de verdad.
  • Mantenerse en activo al margen de la maternidad. Es difícil y puede dar pereza, pero retomar aficiones, dedicar un tiempo a la lectura o a reunirse con amigos es muy saludable para no convertir nuestro mundo en un universo que gira solo en torno a un bebé.
  • No juzgar a los demás y sí desoír juicios ajenos. Asumir nuestras decisiones -acertadas o no- es una parte muy importante de ser madre o padre.

Etiquetas: apego, bebé, estrés, madre, madre primeriza, maternidad, padre primerizo

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS