Disfrutemos de los pequeños

¿Cuándo hemos dejado de disfrutar de nuestros niños?

¿En qué momento pasamos de disfrutar al máximo de nuestros hijos a quejarnos irremediablemente de todo lo que ellos conllevan?

También te puede interesar: Los niños que juegan con sus padres son más felices e imaginativos
familia junta jugando

Hace tiempo una vecina me preguntó si yo no creía que los niños estaban marginados de la sociedad y yo le contesté que no. Vivo en unos de los barrios de Madrid donde las familias numerosas abundan, donde ves a una población de niños y embarazadas que seguramente no verás en otra parte de la ciudad. Vivimos para ellos. Les buscamos parques y amiguitos para que se diviertan, les hacemos fiestitas de cumpleaños, les compramos patinetes, bicicletas, muñecas y coches, les matriculamos en cursos de inglés, de ballet, de robótica… “¿Cómo pueden estar marginados?” pensé yo en aquel momento.

Pero empecé a cambiar de opinión cuando me di cuenta de que, a falta de más confianza para hablar de otro asunto que no sean los hijos, los padres y madres cuando nos encontramos no hacemos más que quejarnos. Criticamos sus comportamientos (de niños). Llorar es un problema, despertarse por la noche es un problema, no querer compartir sus juguetes es un problema, tener rabietas y miedos es un problema… Giramos los ojos para arriba y suspiramos enfadados cuando no quieren salir de nuestro lado, es que tiene mamitis, o papitis, y así damos por hecho de que estar muy apegados a nosotros es un problema. Dan tanto trabajo que muchos hasta dicen preferir estar en su oficina, o dejarlos en la guardería, en el cole, con la cuidadora el mayor tiempo posible. Nos lamentamos por lo que no podemos hacer, salir solos, viajar solos…

Si finalmente paras, y reflexionas un momento, percibirás todo esto y te asustarás. Nuestros niños han pasado a ser un estorbo en lugar de lo más maravilloso del mundo y no lo podemos permitir.

Estamos todos de acuerdo de que lo que sentimos por ellos es algo realmente divino y solo de pensar que algo malo les pueda pasar, nuestro corazón da un vuelco. Pues hagamos que sea este amor tan inmenso (y no el cansancio) lo que nos mueva a cada minuto que estemos con nuestro niños. Así disfrutaremos juntos de todo lo que estemos haciendo, sea bañándoles o jugando con ellos, llevándoles al futbol o bajándoles a la urbanización. Hemos decidido tenerlos y hemos sido bendecidos.

Además, lo sabemos, la infancia pasa volando y un día echaremos de menos infinitas cosas de nuestras criaturitas, entre ellas ser las personas más importantes de sus vidas.

Etiquetas: apego, infancia, mamitis, maternidad, niños, padres, paternidad

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS