Def con Tres

De pollos, tetas y cerdos

La infancia es el mejor regalo de este mundo. Los cerebros indomables de los niños nos muestran siempre el camino más positivo y más alegre.

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Aunque a veces la felicidad de los niños no sea exactamente contagiosa, hay que respetarlos. Aunque eso los convierte en kamikaces del día a día. Recientemente, me ingresaron en el hospital. En la misma planta al fondo del pasillo conocí a un habilidoso mirlo cantor de seis años, como Beatriz, que con su voz de oro y sus canciones de excrementos, posaderas y orines martilleaba las neuronas de todos los convalecientes 24 horas al día.

En un momento de sosiego le pregunté a la enfermera si aquel entusiasmo se debía a la ingesta masiva de guindillas o alguna intoxicación en un descuido de sus progenitores. Me contestó con una gran sonrisa que sufría una dolencia respiratoria y que estaba así por los efectos del sambutamol TM y que le temblaban las manitas.

El último día, antes de irme, Martín, de ocho, Beatriz, Héctor-Elivis, de dos, y yo le regalamos el disco del Rey desde Hawai y un tambor. Espero que los padres disfruten el presente.

Y es que la asimilación de determinados conceptos por parte de los niños no deja de sorprenderme.

Una noche a la hora de cenar, mi madre, la abuela Mavi, harta de mis hijos, que pasaban unos días con ella, me telefoneó para comunicarme que mis retoños habían iniciado una huelga de hambre. Martín y Beatriz se negaban a comer pollo porque su padre, yo, les había explicado que estaban inyectados en hormonas que hacían salir tetas. Mi madre espantada por semejante salvajada se enfadó conmigo y me trató, con razón, como si tuviera algún tipo de desviación. “Mamá, siempre sostuviste que si comíamos pollo nos saldrían unos enormes senos como los de Elvis Presley. Me acuerdo perfectamente”, le respondí. Aquello me había impresionado tanto cuando me lo contó que se me quedó grabado como un mantra: “Si comes pollo te salen tetas, si comes pollo te salen tetas”.

“Pero tú eres tonto o qué te pasa, no ves que te lo decía porque deglutíais sin cesar y estabais gordísimos, parecíais cerdos, cerdos antropomórficos y tenía que ponerle remedio de alguna manera. Si casi podíais ir rodando de la habitación al comedor”, me dijo mi madre enfadada. Era tarde. Hablé con mis hijos y todo se solucionó. De repente, entendí porque nos enseñó aquello de: “Mi mamá nos alimenta con piensos Sanders”.

Educar resulta complicado. En ocasiones, todo se descontrola como los senos oscilantes de Elvis Presley. Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa.

 

Etiquetas: educación, familia, hijos, nutrición infantil, padres

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