Lo llaman abre-fácil y no abre ni a tiros

¿Por qué a veces las cosas fáciles son tan difíciles?

8 minutos

Tenemos internet, acceso a todo y soluciones a mano para no tener problemas. Entonces ¿Por qué nuestra vida es una complicada lucha contra los elementos?

abrefacil

Nos sentimos inútiles, asfixiados, con la sensación de no llegar, de no vivir, de hacerlo mal...

¿No vivimos en un mundo lleno de facilidades? Antes no había ordenadores, ni coches, ni mandos a distancia ni todas esas cosas que supuestamente nos hacen la vida fácil y nos hacen ganar tiempo y/o dinero.

Los problemas antaño eran otros, sí. Pero no existía esa incesante tensión multitarea con la que vivimos ahora por llegar a todo, hacer todo y además hacerlo bien. Sobre todo, porque, no había tantos instrumentos para facilitarnos la dificultad.

 

Solo hay que repasar la cantidad de maravillas que solucionan la vida cada día desde que nos levantamos hasta que, aburridas (y aburridos) de tanto tiempo libre gracias a estas cosas, (y esto es ironía, sí) nos dormimos por la noche:

  • Al despertar por la mañana, nos encontramos con una báscula indiscreta que nos dice ¡en voz alta! el peso que hemos ganado tras la hambruna de la sofisticada dieta de oligolípidos, magnesio y omega3 que estamos siguiendo.
  • Desayunamos productos de soja, frutos secos exóticos, o ingredientes no transgénicos y 100% ecológicos con los que es imposible cocinar nada. Como queremos llevar una dieta saludable, cultivamos nuestros propios tomates ¡y ni por esas! Lo peor de todo es que encima nos sentimos culpables por tirar de producto precocinado y ultracongelado, en teoría lo “cómodo” es lo insano. ¡Ains…!
  • Para llevar cómodamente a nuestro bebé a la guardería, nos peleamos con un pañuelo de porteo de 18 metros de largo que requiere de manual de instrucciones. Sí, es delicioso llevar al niño pegadito al cuerpo… Pero a algunas nos resulta un reto imposible llevar a cabo un nudo marinero con un ser vivo dentro.
  • Llegamos, con la lengua fuera (vamos tarde, cómo no) a las taquillas del metro o a pagar el parking, da igual el resultado es el mismo y el taquillero está missing. Otra vez a pelearse con el pago pago automático. Metes el billete, la máquina lo escupe. Lo planchas, lo pones de un lado, de otro… y la inteligente máquina sigue decidida a escupir el billete una y otra vez. Entre tanto… se ha ido el metro, claro.
  • Arañamos tiempo del almuerzo para organizar el presupuesto del mes con una hoja de cálculo que se cuelga cuando más la necesitas y anotas las citas con el pediatra, cumpleaños y tutorías de tus hijos al final con un programa informático que se supone que resuelven¡una barbaridad! y al final, se acaba convirtiendo en un quebradero de cabeza No resulta muy intuitivo o hay que meter tantos datos que al final te quedas sin comer. Está visto que para ganar tiempo, hay que perder otro tanto.
  • Como “nos sobra el tiempo”, nos dan la opción de controlar permanentemente a nuestros pequeños a través de la webcam de la guarde. La tentación es deliciosa, pero puede resultar adictiva. Yo sé de una que acabó haciendo horas extras en el trabajo por pasarse las horas mirando a su pequeño…
  • Por cierto, ya que estamos… existen incluso máquinas y aplicaciones que dicen… ¡por qué llora un bebé! Eso sí, como no tienen lo que se llama “instinto”, no dan ni una.
  • Y para las embarazadas hay un montón de inventos que relajan al bebé y a mamás, hasta selecciones de música para poner en la tripa. Así, tal cual: sonidos de la naturaleza amazónica, ruidos de delfines y orcas… Pero, cuando nazca el bebé ¿cómo haremos para calmarlo cuando llore? ¿Nos lo llevamos al pacífico a navegar? ¿Echará de menos las aves zancudas y los delfines para arrullarlo? Muy práctico, no parece, la verdad.
  • Si hay que hacer alguna gestión referente a nuestro hijo, tenemos que mentalizarnos para luchar contra maquinaria perfectamente organizada para desestabilizar nuestra salud mental: los teleoperadores robóticos. Para consultar cualquier duda administrativa, por ejemplo sobre la baja maternal, para pedir cita al pediatra, para dar de alta o de baja del niño en cualquier institución… hay que hablar (muy clarito, eso sí) con una máquina. A la séptima vez que una grabación nos dice de forma amable “disculpe; no le he entendido” sacamos un extraño instinto asesino que justo antes de aflorar del todo, detiene una voz humana al otro lado. Normalmente es un operador ruso con el que no nos entendemos, o alguien que nos advierte que debemos llamar a otro sitio para hacer la gestión de nuestro hijo.
  • Vamos a recoger a nuestros hijos en la escuela infantil, pertrechadas con uno de esos súper bolsos para el cochecito pensados para la maternidad con compartimentos de todos los tamaños para, en teoría, mantener todo en orden. Mantenerlo abastecido con juguetes para entretener, cremita de pañal, baberos… es una labor ingente, donde la madre de Caperucita preparando la cesta, queda a la altura del betún. Cuando nuestro hijo se hace un rasguño, y necesitamos las toallitas húmedas, podemos estar 15 minutos de reloj, rebuscando en nuestra magnífica bolsa y sus miles de apartaditos. Cuando las encontramos, la niña se ha lavado la herida en la fuente, lleva un buen rato jugando y lo que pide es el chupete de repuesto ¡Vuelta a buscar en ese laberinto de bolso!
  • Ya en casa, cuando vamos a tomarnos ese café con el que llevamos soñando las dos horas que hemos pasado en el parque muertitas de frío, nos damos cuenta de que vivimos rodeados de electrodomésticos tan inteligentes que resultan tontos. Y aquí existe una amplísima gama: desde taladros sin cables, perfectos para el pequeño y gran accidente doméstico, hasta cafeteras con un diseño retrofuturista y brillo satinado que hacen café como el de toda la vida (pero solo admiten cápsulas de una marca determinada).
  • Y si lo que queremos es hacer un poco de ejercicio, también lo tenemos fácil. Existen un montón de aparatos de gimnasia en el mercado, eso sí, solo los usarás bien si ha strabajado en la NASA. Porque por lo visto es comodísimo tener una máquina de andar (Ya solo la expresión “máquina de andar” es un contrasentido), pero el montaje, mantenimiento y uso requieren el estudio de una ingeniería entera. Claro, lo más cómodo resulta ir (en coche, claro) al gimnasio, usarla allí y volver a casa después.
  • Otro tanto ocurre con las gestiones vía internet. Tramitar una prestación, solicitar una beca, pedir los 100 euros por maternidad o la tarjeta de familia numerosa se convierte en una odisea virtual que ni la de Ulises. Hay que tener instalado en el navegador el certificado X.509.V3 expedido por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, una copia compulsada por la Agencia Tributaria de un documento llamado GF366VA (por ejemplo), un CSV (código seguro de verificación) y tener una clave de al menos 19 caracteres donde al menos 3 sean numéricos. Y solo se puede hacer en 24 horas, porque después se extingue todo. Por un momento, nos sentimos Tom Cruise en una peli de acción, pensando que nos quedan minutos luchando antes de que se autodestruya un mundo cibernético, creado para nuestra comodidad. Pero no. Como mucho, hay que repetir las gestiones al día siguiente.
  • Y llega el momento de descansar… Existen tantas formas y fórmulas en el mercado para descansar, que supone todo un trabajo elegir entre: gel de baño de melisa (para adultos y también para niños), colchones de materiales extraecológicos, infusiones; música relajante, grajeas de valeriana, cd´s de nanas tradicionales, lámparas con luces móviles, peluches con luces tenues incorporadas, ropa de cama de fibras naturales que favorecen el descanso, terapias de respiración y meditación… Un sinfín de cosas que si nos decidimos a poner en práctica, nos van a mantener muy despiertos ¿Es que no tenemos suficiente a lo largo del día?

La vida no es cómoda. No lo ha sido nunca ni lo será jamás. Pero todo aquello inventado para que trabajemos menos, nos dará trabajo. Es una ley no escrita.
Es la teoría del abre fácil, un invento encaminado a facilitar algo (no hay que ser un lince de la gramática para captar el significado) que por lo general nos lo dificulta. En los envases anuncian pomposamente el dichoso invento, pero al tirar (sobre todo la primera vez) nos solemos quedar con la arandela en la mano. Bajo esta misma teoría, parece funcionar todo.

¿Qué debemos hacer?

Asumir las responsabilidades a sabiendas del tiempo y desgaste que nos va a ocupar. Mi consejo personal es desconfiar de todo tecnicismo complicado y que nos aporte más trabajo. A lo mejor tenemos que enfocar nuestras fuerzas en montar algo sencillo, útil y que no nos haga perder tiempo ¿Que tal poner una hamaca en casa?

5 cosas que nadie ha inventado y que sí vendrían muy bien 

  1. Camas motorizadas e inteligentes para viajar acurrucados con nuestros hijos.
  2. Aparato para pintarse las uñas de la mano derecha en las diestras e izquierda en las zurdas.
  3. Llamador de chupete para cuando no sabemos dónde está (¿Cuánto tiempo y sufrimiento ahorraríamos?)
  4. Grabaciones para la tripa de las embarazadas con teorías sociales, matemáticas, literatura, historia… encaminadas a incrementar la sabiduría de madre e hijo.
  5. La sábana somnífera: un envoltorio agradable cuyo tacto, olor, oído y vista nos inciten (a nosotros y los nuestros) a un plácido y reponedor sueño.

Etiquetas: bebé

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