En clave de humor

Ventajas (secretas) de ser madre (¡y también padre!)

6 minutos

Se dice que criar a un hijo no es fácil, pero algo debe tener de bueno cuando la gente sigue teniendo hijos. ¿No? ¿Quieres saber qué?

ventajas

Ya se sabe que criar un hijo y sobre todo ser madre no es una cosa fácil, entre otras razones por los subrepticios y perversos argumentos a los que nuestra enfermiza sociedad ya se ha acostumbrado: “las madres rinden menos y faltan más al trabajo (jamás se cuestiona a los padres), con los hijos acaba la libertad porque es imposible gestionar el tiempo o tener ocio... “. Son solo algunas de las perlitas que todos hemos oído en más de una ocasión., por no hablar de los gestos y miradas de desaprobación de los que no son padres, la publicidad sexista y esos millones de detalles empeñados en conectar la maternidad con un suplicio insoportable.

Con tanta supuesta desventaja, ¿por qué la gente sigue teniendo hijos?

De las antepasadas mamíferas a las googlemadres de hoy

Antaño –tampoco hace falta retrotraerse demasiado- las mujeres crecían en comunidad. En la familia siempre había bebés, niños, hermanitos, madres y alguien amamantando. Se vivía, se conocía, se ayudaba y se criaba en comunidad.

Hoy la realidad es otra. Con la incorporación laboral de la mujer –algo a todas luces necesario y ecuánime- no se han feminizado los sectores profesionales, si no que se ha burocratizado la sociedad.
Vivimos en un mundo desnaturalizado, en el que nos producen extrañeza nuestros propios fundamentos biológicos. Nos hemos desconectado de la vida y nos sentimos solas en un mundo teóricamente fácil y tecnificado. Es muy frustrante.

Cuando tenemos un niño colgando de la teta todo el día -que debería ser lo normal- sabemos interpretar cualquier alteración en la temperatura, la piel, las tosecitas, la respiración... Pero llevamos unas vidas tan ajenas a nuestra propia naturaleza, que nos agobiamos si le sale una manchita a nuestro bebé, si tiene gases o si no sigue un patrón de sueño determinado. Lo buscamos en "San Google", consultamos en la farmacia (y salimos de allí llenas de productos) o en foros de pediatría... En lugar de escucharnos a nosotras mismas y a nuestros hijos.

"Voy al trabajo para descansar"

 Susana de 34 años, acaba de tener a su segunda hija. Ha reutilizado muchísimas cosas de la anterior, que ya tiene dos añitos, pero, con todo lo que destrozan y lo que necesitan, ha tenido que comprar bastante.

Entre pañales, guardería, asistenta y el esfuerzo que ha realizado para reengancharse al trabajo, su economía está resentida, su vida sentimental desatendida y, lo que es peor, su salud también. “Supongo que tiene ventajas lo de tener hijos, pero no he tenido ni tiempo de pensarlo. Si te digo la verdad, ahora mismo me parece una estafa, pero no me hagas mucho caso, estoy agotada”.

Susana es fuerte (todas las madres lo son) e ironiza con la situación. El problema es que hasta ahora ha vivido su maternidad conforme a unos cánones prácticamente imposibles de cumplir. "Realmente voy a trabajar para descansar. Al menos ahí estoy sentada. Y bueno, para no perder el puesto de empleo. Pero económicamente no me compensa. Me paso el día corriendo. No sé cómo lo hago: duermo poco, trabajo mucho, no tengo un minuto para mí... pero al final, llego a todo. Con la lengua fuera, eso sí."

Susana ha tratado de adecuarse a un sistema que no mira por las madres ni los hijos. El caso opuesto es Laura M. Del Pozo, creadora y propietaria de la exitosa marca PeSeta:"Me habían dicho que después de tener hijos no querría volver a trabajar, así que no hice muchos planes cuando nació Tirso. Organicé mi baja maternal para poder estar con él los primeros meses sin agobiarme. Pero mi cerebro no cambió tanto y mi trabajo me encanta, así que enseguida empecé a hacer cosas en casa, eso sí con un niño pegado a la teta y disfrutando mucho ese momento. A los tres meses empecé a ir a la tienda. Me llevaba a Tirso que pasaba de brazo en brazo, incluidas las clientas.

Ahora tiene dos años y viene algunos ratos por la tarde. El hijo de otra compañera tiene tres años y también pasa aquí tardes enteras. La presencia de los niños no ha afectado a la productividad de la empresa. Incluso me atrevo a decir que la ha mejorado. Las madres tenemos una capacidad de trabajo asombrosa. A mí ser madre me ha sentado fenomenal en todos los aspectos. Das importancia a lo que la tiene y tus capacidades tanto de desconexión como de máxima conexión se multiplican. Lo que no me cabe en la cabeza es como las empresas no tienen guarderías", reflexiona.

¿Y si hacemos las cosas más fáciles?

Vale, el sistema no ayuda, pero a lo mejor podemos darle la vuelta a los argumentos que en realidad nadie ha establecido. Propongo enfocarlo desde el otro lado y aprovechar las ventajas que se tiene al ser madre, que son muchas…

  • Si se organiza una barbacoa, el cumpleaños de la bisabuela o un fin de semana rural, en la repartición de tareas, en según qué ambientes se exime a las madres. "Tú no te preocupes de nada, ya lo organizamos los demás" nos dicen. Y nos gusta mucho, muchísimo, por supuesto.
  • Si eres madre puedes ir con un manchurrón en la camiseta, y a nadie le extraña. Si llevas un niño al lado, está más que justificado.
  • Nadie sospecha de ti si quieres tener conductas poco decorosas: meterte en la caja rápida aunque lleves más de 10 artículos, aparcar momentáneamente en doble fila, e incluso llevarte algo de un establecimiento "por error".
  • Ser madre da un conocimiento extra un "estar por encima" natural en casi todas las situaciones. Poder responder "¿Qué me estás contando? Eso no es nada para mí... ¡Yo soy madre!" da una superioridad intrínseca difícil de explicar, pero muy placentera.
  • En muchos entornos laborales las madres tienen derecho a elegir los días de vacaciones antes que el resto de los trabajadores. Es algo lógico, claro, pero ¡también una ventaja!
  • Hay un creciente morbo y atracción sexual hacia las mamis. Ya no son unas señoras aburridas, para muchos (sobre todo jovencitos). Las "milf" son auténticos fetiches sexuales. Y tiene su puntito halagador.
  • Tener hijos es la excusa perfecta para evadir eventos aburridos, llegar tarde o no acudir. Los compromisos dejan de serlo cuando se tienen hijos. Y todo el mundo lo entiende y respeta.

Conclusión

El día a día se torna difícil cuando se es madre (ni qué decir cuando se asume en solitario la tarea de la maternidad): se discrimina a los niños en hoteles, transportes, restaurantes y lugares de ocio; se presenta una vida difícil e incompatible con ciertas estructuras culturales y sociales de nuestra época... Sí, todo esto es verdad.
Pero también es una realidad que los niños nos acercan a la verdad y a la inocencia, que nos muestran el amor incondicional y que ¡dan sentido a la vida!
Y bastante se pierden quienes no despiertan al lado de sus hijos un sábado. No saben lo que es la plenitud. En realidad, ellos son los que viven en total desventaja ¿A qué sí?

 

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