Conflicto familiar

Así afectan las discusiones de los padres a los hijos

Construir una relación familiar sana no consiste en evitar el conflicto, sino en aprender a gestionarlo y resolverlo de un modo correcto para que nuestros hijos no sufran las consecuencias. Te contamos cuáles pueden ser estas consecuencias y cómo podemos solucionar las discusiones de una forma apropiada.

padres discutiendo delante de su hija
Fuente: Depositphoto

En la infancia, la estabilidad familiar garantiza la estabilidad emocional. La estabilidad familiar no consiste en evitar el conflicto, sino en aprender a gestionarlo y resolverlo de un modo sano para no poner en riesgo la salud y el desarrollo de nuestros hijos.

La estabilidad emocional crea una base segura que le permitirá al niño o niña disponer de una autoestima y de una seguridad necesarias para desenvolverse en el mundo que le rodea. Las discusiones entre padres e hijos son inevitables, eso sí, hay que poner especial cuidado en la forma de aclararlas, porque pueden afectar a la salud mental de los hijos.

Para saber más acerca de las consecuencias que pueden tener las discusiones entre padres en el comportamiento y la salud de los hijos así como para conocer algunas pautas que faciliten su resolución de una manera apropiada, contactamos con Mercedes Bermejo, directora de Psicólogos Pozuelo, y psicóloga experta en psicología infantojuvenil y terapeuta familiar.

Mercedes Bermejo explica que cuando se trata de relaciones familiares o de relaciones de convivencia, es normal que surjan discusiones, "pero lo importante es cómo se manejan, como se gestionan frente a los más pequeños, y lo más importante, como se resuelven".

Consecuencias de las peleas de los padres en los niños

Si las discusiones no se resuelven y el conflicto se intensifica, los niños responden con "temor, preocupación, ansiedad y culpa" dice la terapeuta familiar. Una crisis no resuelta puede generar inestabilidad en el estado psicológico de los más pequeños y afectar a su salud mental, "no solo en su futuro, sino en su infancia y adolescencia".

Los niños que viven en entornos familiares donde son habituales las discusiones no resueltas o las peleas, tienen un elevado riesgo de padecer problemas psicosomáticos, problemas académicos o de aprendizaje, problemas de ansiedad, estado de ánimo, problemas de conducta, miedos recurrentes, tics, etcétera. "Los menores sufren mucho las peleas de sus padres, porque temen perderles, o que no lo solucionen, y con frecuencia el sentimiento de culpa por falta de una explicación les provoca mucho malestar" informa Mercedes Bermejo.

La influencia del ejemplo

Ya hemos hablado en otros artículos de la influencia del ejemplo en el aprendizaje de los niños. La imitación va más allá del plano del habla y cuando los niños ven a sus padres relacionarse entre sí, fijan un punto de referencia para su propio futuro. "Si el ejemplo no es sano o constructivo, puede afectar en su estado de ánimo, conducta, alimentación, sueño, o bien a través de síntomas regresivos o tics" dice Bermejo y añade la importancia de tener siempre en cuenta que en todo momento, ellos "nos están mirando, y están aprendiendo de los adultos, pero más aún de sus referentes primarios".

Así pues, los niños aprenden de sus padres, tanto de lo que hacen como de lo que no hacen, incorporan a su forma de actuar lo que de ellos observan. La psicóloga afirma que "la agresividad, la tensión, y la violencia de un ambiente familiar se respira, se siente, y los niños son esponjas emocionales". En seguida son capaces de percibir si hay algo que no marcha bien entre mamá y papá y el miedo desencadena síntomas como los mencionados con anterioridad. Para prevenirlos, lo importante es "proteger a los más pequeños de entornos de hostilidad y propiciarles un ambiente de protección y seguridad".

Cómo resolver adecuadamente los problemas

Hay algo que hay que tener muy claro y es que aunque las discusiones entre padres se desencadenen a raíz de un asunto de los hijos, en ningún caso será su culpa. "Los adultos deben asumir la responsabilidad de su relación de pareja, y saber gestionarla" asegura la directora de Psicólogos Pozuelo.

Y es que si se gestionan de una manera adecuada, las discusiones además de naturales son muy sanas. Ahora bien, ¿cómo las resolvemos de una forma correcta? Mercedes Bermejo nos da una serie de consejos para manejar el conflicto de una forma respetuosa que no obstruya el desarrollo de los niños y niñas.

  • Resolver el problema cuando los niños no estén presentes. Conviene que los asuntos de adultos se hablen entre adultos, sin menores espectadores, y que puedan resolverse, si no es posible a corto plazo, pero que pueda hablarse sobre ello para evitar malos entendidos, malestar, o rencores.
  • La buena comunicación es primordial. Muchas veces las discusiones de pareja vienen infundadas por un problema de comunicación y falta de entendimiento. Hay ocasiones en las que es preferible separarse, ya que muchos padres alargan la relación de pareja por los hijos, sin darse cuenta de que eso es perjudicial para los hijos, bien porque se deteriora aún más la relación familiar, bien porque genera una deuda sobre los hijos, o bien porque se añaden nuevas situaciones de conflicto: infidelidades, mayor agresividad, falta de comunicación, hablar mal del otro progenitor delante de los hijos… Y son heridas que en la infancia dejarán un poso más grande.
  • Lo más importante es proteger a los más pequeños de situaciones de hostilidad, agresividad o violencia. Ellos no son responsables, no lo merecen. Merecen y necesitan un entorno de paz, afecto y dedicación. Necesitan ser mirados de manera incondicional por sus progenitores o cuidadores primarios, y cuando los padres están pendientes de sus conflictos conyugales no pueden atender bien su rol parental.
  • Debemos tener en cuenta también que en la infancia está muy presente el pensamiento mágico, y todo aquello que no le explican o no entiende se cubre con su fantasía: de poder perder a sus padres, que dejen de quererle, de que son culpables del conflicto, de que van a perder su cuarto, su casa, sus amigos, entre otros miedos recurrentes de los niños.
  • Como padres, no podemos involucrar a los menores en los conflictos conyugales. No podemos obligar a los niños a tomar partido en situaciones o decisiones desagradables, que no les corresponden, ni disponen de la madurez para poder entender y gestionar. Por ello conviene mantener a los más pequeños al margen de discusiones y problemas de los adultos, y transmitirles calma, seguridad, y soluciones.
  • Cuidar y respetar la infancia. Si como padres no sabemos gestionar estas situaciones es importante pedir ayuda o asesoramiento profesional a un psicólogo experto en la materia, todo ello para no exponer a los menores a situaciones que pueden dejar una huella en su salud mental.

Para finalizar, Mercedes recomienda tanto a padres como a hijos un cuento que enseña a lidiar con las emociones que producen el conflicto, 'Cuando mi corazón tiembla' del psicólogo José Luis Gonzalo.

Foto Carla

Carla SMG

Soy periodista y algún día también seré escritora. Me gusta jugar con las palabras para crear mundos y derribar muros, para contar historias, informar, concienciar, emocionar e inspirar. Vivo de atardeceres líquidos, escapadas al monte y recuerdos en hojas de papel.

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