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Conciliación

Conciliación sin culpas: claves para lograrlo

La famosa conciliación, esa que la mayoría de padres tratan de hacer y que para muchos acaba convirtiéndose en una utopía. No son pocas las personas que acaban experimentando un sentimiento de culpa al tratar de compatibilizar vida laboral, personal y familiar. Damos algunas claves para conciliar sin culpas.

Vivimos un momento histórico dónde la sociedad y sobre todo las generaciones más jóvenes son especialmente sensibles a la conciliación personal, familiar y laboral y a la necesidad de armonizar y equilibrar todas las parcelas que componen nuestro ser. Ante la dificultad, imposibilidad y falta de sensibilidad pasada vivimos un momento dónde los legisladores se preocupan y ocupan de desarrollar normas y leyes que protejan e impulsen esta conciliación.

El plan óptimo define la conciliación como: “La participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, conseguida a través de la reestructuración y reorganización de los sistemas, laboral, educativo y recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar roles y estereotipos tradicionales y cubrir las necesidades de atención y cuidado de personas dependientes”.

Incluso muchas empresas punteras en los diferentes sectores “presumen”, como un valor de las mismas para sus empleados, de sus medidas para favorecer la conciliación.

Pero con todo esto, nunca antes hemos recibido en los despachos de las psicólogas de nuestras Escuelas infantiles tantos padres preocupados y hasta angustiados por los obstáculos diarios que tienen que superar para hacer realidad esta tan nombrada conciliación y la sensación de que es un mito imposible de lograr que genera angustia y grandes sentimientos de culpabilidad. Nunca es suficiente.

¿Realmente estas nuevas generaciones de padres tienen menos tiempo para los hijos a pesar de las medidas legislativas y las políticas de recursos humanos de algunas empresas y justifica esto sus percepciones de que no pueden conciliar? ¿O bien ahora somos conscientes del valor de este tiempo con los hijos y nos produce angustia y ansiedad no tener el suficiente? ¿Ahora somos padres más exigentes con nuestra labor? ¿No sabemos optimizar el tiempo con los hijos? ¿Tiempo para qué?

En la mayoría de los casos el tiempo que no pasamos con nuestros hijos está limitado por las obligaciones laborales u otros compromisos que nos impiden estar con nuestros hijos, algo que no es nuevo en la crianza de los más pequeños, sin embargo existe una mayor sensibilidad o mayor conciencia y conocimiento del valor que tiene el tiempo en familia e incluso negocio en torno a este tiempo, precisamente entre otros aspectos, por su dificultad para conseguirlo y un sentimiento de culpabilidad que acompaña a las nuevas generaciones de padres.

No siempre podemos decir No a nuestras obligaciones laborales o personales, pero el problema surge cuando a los padres estas situaciones les generan ansiedad, culpa y se proyecta a los hijos. Estas emociones negativas dificultan aún más si cabe la conciliación e impiden hacer un uso adecuado y pleno del tiempo con nuestros hijos y familia.

Para evitar estas emociones negativas que nos impiden una conciliación real y feliz, debemos estar en alerta ante aquellos mensajes o modelos que nos hacen ver la paternidad o maternidad como un “estado o profesión” que requiere para ejercerlo de una exigencia permanente con nosotros mismos y que debe responder a los ideales que vienen impuestos desde el exterior más allá de la individualidad de cada familia y que presenta como modelo deseable a los súper padres que no pueden permitirse un error, con unos objetivos muy definidos y rígidos y siempre alerta para que a los hijos no les falten oportunidades de: ocio, juego, estudios, etc.. Siempre presentes.

Aquellos padres que se sienten culpables por la dificultad para conciliar trabajo y crianza es debido a la falsa creencia de que tienen que cumplir con los cánones que la sociedad impone, responder al estereotipo y sienten que son los artífices o responsables absolutos del desarrollo de sus pequeños, olvidando que los niños desean amor incondicional, confianza y posibilidades de acción y de error. Por supuesto que la presencia de los padres y su responsabilidad en la crianza es la base de un desarrollo emocional adecuado, pero cuando nuestro tiempo se ve limitado no es aconsejable vivirlo desde la frustración o incapacidad para ser padres plenos. Lo más importante es que la presencia de los padres sea sanadora y no tóxica: “padres felices, hijos felices”. Si la conciliación es difícil optar por el tiempo de calidad compartido sin angustias y sentimientos de culpabilidad.

Recomendaciones para hacer de la conciliación un momento feliz

La recomendación básica es buscar tiempo de calidad, esto supone:

-Los niños no quieren padres prefectos ni momentos perfectos, evitar la necesidad de perfección, quieren nuestra presencia feliz.

-Estar en el momento presente.

-Potenciar los momentos afectivos con los niños, momentos de entrega, de este modo liberaremos dopamina, oxitocina y nos sentiremos mucho mejor.

-Aprender a desconectar: fuera móviles, teléfonos. En nuestro tiempo, aunque no sea suficiente nos tiene que acompañar mucho amor y nuestros cinco sentidos. Nuestros pequeños lo perciben todo y, por supuesto, cuando son “el segundo plato”.

-Nunca compensar materialmente nuestra ausencia o falta de tiempo.

-En los tiempos que podemos estar juntos aprender a ser cómplices y compartir aventuras y risas.

-No sobrecargarles de actividades durante nuestra ausencia, los pequeños tienen derecho y deben aburrirse, no deben estar siempre teledirigidos por los padres, nos pueden y deben echar de menos.

-Poco tiempo, pero sin culpabilidad: adelante con rutinas, hábitos y límites.

-El tiempo para los hijos supone estar no hacer. Huir de la imagen del padre que se esfuerza constantemente en complacer a sus hijos compartiendo actividad tras actividad y buscando la mayor sensación.

-Por tanto, tiempo de calidad y de entrega incondicional.

Artículo ofrecido por Susana Ortego, Directora Educativa de Brains Nursery Schools

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