Pareja

Cómo hablar de dinero sin discutir

Gastos, deudas, ingresos… El manejo de la economía origina muchos conflictos en la pareja, pero con respeto y diálogo el dinero puede ser un factor de unión en lugar de una fuente constante de disgustos. Aquí encontrarás algunas claves.

Cómo hablar de dinero sin discutir

Ojalá todas las parejas fueran capaces de manejar su economía de forma racional y no hacerse reproches. Desafortunadamente, cuando las cuestiones económicas no están claras desde un principio, lo normal es que haya conflictos y el dinero desestabilice incluso las relaciones mejor avenidas.

Quién decide las compras

Una de las discusiones más frecuentes en las parejas, incluso en aquellas en que ambos trabajan, se da cuando sus sueldos van a una cuenta común, pero ellos no se ponen de acuerdo en cómo gastar el dinero.

Solución: que cada uno reserve una parte de su sueldo, en cuentas separadas, para gastárselo en lo que quiera.

¿Y las grandes adquisiciones?

La compra de un coche o un electrodoméstico caro suele poner de manifiesto si hay armonía o uno de los dos lleva la voz cantante y el otro se somete habitualmente a sus deseos.

Si una mujer no es económicamente independiente, puede ser humillante para ella que su opinión no cuente nunca y que sea siempre su marido el que decida las grandes compras. Y el conflicto se agrava aún más si la mujer antes ha trabajado fuera de casa y está acostumbrada a manejar su propio dinero.

Solución: en todas las parejas, los grandes gastos deberían realizarse tras conversaciones previas en las que los dos aporten su opinión para llegar a una decisión conjunta. Y siempre debería quedar claro que, aunque haya uno que no aporte un sueldo a la casa, está ahorrando dinero a la economía familiar con su esfuerzo y desarrollando un trabajo en el hogar que merecería un sueldo.

Tacaños o derrochadores

En el caso de los compradores compulsivos, su actitud autodestructiva puede llegar a ser un problema serio para la pareja, cuando gasta siempre más de lo que se pueden permitir.

  • El despilfarrador suele tener problemas de autoestima, necesita consumir porque no se valora a sí mismo y al comprar adquiere la seguridad que le falta.
  • El miembro permisivo suele ser muy dependiente emocionalmente de su pareja, no quiere contradecirle, le gusta que sea feliz y no desea ocuparse del dinero. Prefiere pensar que no existe ningún problema. Cuando se da cuenta de que están en la quiebra, le echa la culpa al otro, pero la responsabilidad es de ambos.

Solución: tanto la tacañería como el derroche compulsivo manifiestan inseguridades, ansiedades y otros conflictos internos que habría que intentar solucionar.

Dialogar sin discutir

Conversar sobre dinero sin discutir es la primera lección que deberían aprender todas las parejas.

Para lograrlo hay que seguir tres normas básicas:

  • Hablar siempre en primera persona de nuestras expectativas, pero sin criticar ni recriminar al otro.
  • Mantener un tono cordial sin alterarnos. Y si no podemos conseguirlo, dejar la conversación para cuando estemos más calmados.
  • Hay que saber de cuánto dinero disponemos, cuánto nos podemos gastar, en qué cosas, quién va a llevar las cuentas y quién va a controlar el papeleo del banco.

Solución: establecer objetivos de ahorro y un premio si se consigue en un plazo fijado. Para lograrlo hay que buscar actividades estimulantes para hacer entre los dos, que no impliquen gastar dinero. Esto puede unir mucho a la pareja.

  • Decidir antes de convivir si se va a tener una cuenta en común o cuentas separadas.
  • Calcular los gastos que tendrá la pareja, organizar un presupuesto y ajustarse a él.
  • Poner un dinero común para gastos generales y reservar cada uno una parte –en cuentas separadas– para gastos individuales.
  • Reajustar cada año el presupuesto, acordándolo entre los dos.
  • Si solo trabaja uno de los dos, negociar qué tareas va a realizar el otro en la casa y a cuánto equivaldría ese trabajo en dinero.
  • No comprar algo que no se necesita: aunque sea muy barato es absurdo.
  • Huir de alquileres, hipotecas e inversiones por encima de las posibilidades reales.
  • Evitar gastar por anticipado lo que no se tiene todavía, abusando de las tarjetas de crédito.
  • No realizar nunca grandes compras sin consultarlas antes con la otra parte de la pareja y haber llegado a una decisión conjunta.
  • Hacer un estudio de en qué cosas se puede ahorrar: teléfono, electricidad, transportes...
  • Llegar a un acuerdo sobre no avalar o garantizar préstamos bancarios a familiares o amigos si nuestra economía no está muy saneada.
  • Repasar las cuentas conjuntamente o decidir quién las va a llevar, y acatar sus directrices.

 

Asesor: José Elías, psicólogo y terapeuta de pareja.

Etiquetas: ahorrar, economía familiar, familia, pareja

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