Violencia y maltrato

Luz de gas: ¿en qué consiste este tipo de maltrato psicológico común en la violencia de género y por qué es tan peligroso?

Hay un tipo de maltrato muy sutil, muy peligroso y muy difícil de detectar y denunciar. El maltrato psicológico conocido como “luz de gas”. Explicamos qué es, cómo se detecta y qué consecuencias tiene.

luz de gas
Foto Gtres

“Estás loca”, “Son tus hormonas, que te están afectando”, “Te imaginas cosas”… Este tipo de frases son, por desgracia, muy utilizadas contra las víctimas de violencia de género por sus agresores. Un tipo de violencia psicológica sutil y maquiavélica que busca alterar la percepción de la realidad de la víctima y que se conoce con el nombre de “luz de gas”.

“La luz de gas es un fenómeno psicológico que consiste en manipular a una persona para conseguir que dude de su propio criterio y crea que no es capaz de discriminar entre lo que es real y lo que no y, por tanto, desconfíe de su criterio. En psicología este término lo utilizamos para evidenciar una parte de la violencia psicológica que los agresores de violencia de género ejercen sobre su pareja”, explica Olga Barroso, psicóloga experta en violencia de género. Un tipo de violencia que hay que visibilizar más y poner encima de la mesa.

¿De dónde viene el término “luz de gas”?

Este término se empezó a utilizar y a extender más a partir de la película Gaslight, de George Cukor (Luz que agoniza es su título en español), en la que el marido de la mujer protagonista empieza a provocar ruidos, a cambiarle las cosas de sitio y otra serie de prácticas ocultando que lo hace él y tratando de convencerla de que son cosa suya, hasta hacerla dudar de su propio juicio o salud mental, dudas que él alimenta repitiéndole que está loca.

La violencia psicológica en la violencia de género la ejercen todos los maltratadores

La violencia psicológica en la violencia de género puede ir acompañada o no de violencia física, pero lo que sí es un hecho es “que todos los maltratadores, sin excepción, ejercen violencia psicológica contra sus víctimas, sus parejas”, asegura la experta. Todas las conductas que se aúnan en el amplio espectro de este tipo de violencia psicológica van orientadas a dos cosas: a debilitar a la mujer para que se sienta menos capaz y a conseguir que piense que lo que está viviendo no es maltrato, sino culpa suya.

La violencia psicológica: ¿qué dice la ley?

El gran problema de la violencia psicológica es que es un fenómeno psicológico, un comportamiento violento y, por tanto, no hay un concepto jurídico en sí para definirla. No obstante “el hecho de ejercer este tipo de violencia es un delito, por lo que se puede y se debe denunciar”, asevera Barroso.

El horror de este tipo de violencia en casos de violencia de género hacia las mujeres es que es muy difícil de detectar, tanto para la propia víctima como para su entorno, pero no solo eso: “es bastante difícil de probar, ya que al final es la testificación de la mujer contra la del hombre, por tanto, si bien la ley recoge que el testimonio de la mujer puede ser suficiente para poder probar determinados delitos o conductas delictivas como esta, en la práctica, a nivel judicial eso no es así ni es tan sencillo”, explica la psicóloga.

“La luz de gas no es un concepto jurídico, pero si hay pruebas se puede denunciar y se acepta la denuncia, pero tienen que presentarse pruebas, cosa que muchas veces es muy difícil porque es una violencia muy sutil”, aclara Olatz Alberdi, abogada especializada en Derecho de Familia y Derecho Penal en ABA Abogadas.

La  recomendación que se suele dar a nivel legal a mujeres que sufren este tipo de violencia es denunciar, pero el problema, como decíamos, son las pruebas: “Hay muchas mujeres que relatan esos comportamientos y denuncian estos hechos, pero aconsejamos denunciar los hechos si tienen pruebas, si no tienen pruebas les recomendamos primero tratar de conseguirlas e ir al juzgado con ellas, esto es así porque uno de los problemas de las denuncias de este tipo es que, si se archivan por falta de pruebas, solemos ver que el agresor se crece más y la situación se vuelve mucho más compleja. Como pruebas pueden servir grabaciones de conversaciones que se pueden utilizar en el juicio”, matiza Alberdi.

Consecuencias de la “luz de gas” sobre la víctima

“La luz de gas provoca muy baja autoestima, sentimiento de culpabilidad y fundamentalmente logra anular a la persona”, así de graves son las consecuencias de este tipo de maltrato psicológico, tal y como asegura Alberdi.

El síndrome de la mujer maltratada es el efecto que deja la violencia de este tipo en cualquiera que la sufre: “las mujeres van sintiéndose cada vez más inferiores, menos válidas que el agresor, sienten que son las culpables, las que lo hacen mal y todo esto se consigue a través de este proceso de luz de gas”, argumenta Barroso. Cuando ellas se sienten inferiores, el siguiente paso es hacer que se sientan culpables: “él no es un agresor, ella  es la que hace cosas mal que llevan a que él se enfade y actúe de forma violenta y no pueda reaccionar de otra manera”. Esta es la gran manipulación que se consigue con la violencia psicológica.

¿Qué es un agresor y cómo se comporta?

Si hablamos de violencia de género ejercida por hombres hacia las mujeres un “agresor es un hombre que en una relación de pareja no busca amar a su pareja, lo que quiere es controlarla, dominarla y poseerla. No sienten un querer de amar, es un querer controlar y dominar”, explica la psicóloga experta en violencia de género.

El perfil del hombre que se relaciona así cumple varias características muy concretas:

-“Al inicio de la relación va a buscar que la mujer se sienta atraída por él y quiera estar con él por lo que en estos inicios su comportamiento hacia ella va a ser positivo, se presenta como una persona cariñosa y amable. Después, en un segundo nivel, cuando el agresor sabe que la mujer tiene un buen concepto e imagen de él empieza a emitir poco a poco conductas de violencia psicológica. Aquí comienza la luz de gas, ya que se ha forzado que la mujer piense sobre las conductas negativas que aparecen en el hombre desde la visión positiva que se ha creado de él, lo que lleva a justificar muchos actos. En el caso de un agresor, este suele ser el principio de un patrón violento y de conductas cada vez más graves”, analiza Barroso.

-Otro rasgo muy habitual es que, ante peticiones lógicas o quejas que pueda plantear la mujer, el agresor le da la vuelta a la situación, recurriendo al chantaje emocional con argumentos del tipo “cómo puedes decirme algo así, con lo que te quiero y lo que hago por ti, cómo me haces esto, cómo le das importancia a pequeños detalles en vez de a lo importante”…y de este modo logran que la mujer dude de su propio criterio y, cuando duda y lo manifiesta, el agresor aprovecha para echárselo en cara y hacerle ver que es la culpable de generar problemas, pudiendo llegar ya a los insultos y descalificaciones que la mujer acaba asumiendo porque se siente culpable de la situación.

Luz de gas en el embarazo

“Durante el embarazo suele ser, en un porcentaje significativo, un momento en el que se recrudece la violencia. Hay agresores a los que el hecho de que la mujer esté embarazada les irrita, porque sienten que dejan de ser su centro de atención y les lleva a desarrollar violencia para conseguir más sometimiento. Otros agresores sienten, con el embarazo, que la mujer ya es totalmente suya y ya está atada a través del hijo, por lo que se permiten desplegar más su violencia. El embarazo es un momento delicado en estos casos”, advierte la experta en psicología.

¿Cómo se utiliza a los hijos contra la mujer en casos de violencia de género?

Para Olga Barroso, como sociedad, la violencia vicaria (la que se ejerce contra los hijos para dañar a las madres) es un tema de vital importancia: “Tenemos aún el desafío de entender que los papás que se relacionan de forma violenta (con violencia psicológica) con la madre de sus hijos no son al 100% unos buenos padres porque dañan a una de las figuras de referencia de sus hijos y esto tiene un impacto en ellos. Cierto es que hay niveles dentro de la gravedad de un agresor y hay algunos que pueden ejercer un cuidado mínimo hacia sus hijos y no dañarlos directamente en su trato, aunque si les causen daño al minimizar a su figura marental, pero debemos entender que el hecho de ser padre no hace que tus derechos estén por encima de los de tus hijos. En los casos más graves los menores tiene que ser protegidos, pero muchas veces quedan desprotegidos”, señala la experta, que además apunta que “hay casos de mayor gravedad en los que los padres pasan por encima de la integridad de sus hijos con tal de ejercer control y poder sobre las mujeres”, por desgracia, lo hemos visto demasiadas veces: padres que hacen daños a sus hijos para dañar a la madre.

Aún queda un largo camino por recorrer en la lucha contra la violencia de género y la educación desde la infancia es clave en este sentido. Cuentos y lecturas como "Los pájaros arcoíris. Cuento para prevenir la violencia de género y promover la igualdad entre niños y niñas" (Editorial Sentir) o "Ni rosa ni azul, pautas parea educar en igualdad", de Olga Barroso pueden ser buenas herramientas para ello.

foto firma

Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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