Amor en la intimidad

¿Cómo mantener la buena educación con la pareja?

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Palabras como cortesía, gentileza y amabilidad, referidas a la pareja, a muchos les parecen una cursilería decimonónica. Sin embargo, lo cierto es que las faltas de educación y los malos modos en la convivencia terminan minando la relación de pareja. Descubre cómo no descuidar tu relación.

¿Cómo mantener la buena educación con la pareja?

La vida cotidiana nos pone a prueba continuamente, y lo cierto es que no nos faltan ocasiones para perder la compostura.

¿Por qué se olvidan los buenos modales?

  • Hay muchas personas para quienes ser educado y amable forma parte del cortejo y la seducción. Y, una vez que se casan, creen que ya no hace falta seguir manteniendo ese trato de cortesía. Su error es pensar que ya tienen al otro seguro.
  • Son muchas las personas que consideran que los buenos modales solo son necesarios en sociedad, mientras que en casa no hay que andarse con tantas contemplaciones.
  • Los por favor, gracias, te importaría, podrías… son palabras en peligro de extinción en muchos hogares.
  • Están a la orden del día frases estentóreas del tipo: «déjame en paz, ¡cierra esa puerta!, no aguanto el ruido que haces comiendo». Eso sin contar la falta de buenos modales que se demuestra en un sinfín de detalles cotidianos, por ejemplo, poner la televisión a todo volumen mientras el otro lee, duerme o habla por teléfono.

No hay que consentir los malos modos

  • Lo peor de la mala educación es consentirla pues, en ese caso, el trato despectivo va cada vez a más y con el tiempo puede transformarse en una total falta de respeto hacia el otro. Y esto implica el deterioro de la relación.
  • Cuando es siempre uno de los dos el que trata al otro sin modales, pensando que su pareja siempre va a estar ahí, y este cónyuge tolera sus brusquedades para no ponerse a su altura, estamos ante una relación patológica. En casos como este lo que prevalece no es el deseo de estar con el otro, sino el miedo a romper esa relación.
  • Tolerar su comportamiento no le ayuda a comprender que su forma de actuar es incorrecta. Lo único que se consigue, es contribuir a que se crea aún más fuerte en la relación y continúe actuando igual.
  • Toda persona tiene derecho a exigir un trato amable. Si uno se acostumbra a convivir en total ausencia de cortesía, se instala en el seno de la pareja un sentimiento de no ser valorado por el otro, que llega a convertir la vida en un infierno y puede abocar al divorcio.

¿Malos modales por educación?

Otro punto a tener en cuenta es saber si se trata de un comportamiento que se reproduce fuera del hogar y que tiene su origen en una mala educación familiar, o se da únicamente en casa. Si solo se da en el hogar, lo más indicado es acudir a un asesor matrimonial que no aconseje qué hacer, ya que se trata de un tipo de relación de pareja enfermiza, cuya única solución, en la mayoría de los casos, es la ruptura.

¿Qué podemos hacer?

  • Lo primero es recordar siempre que los buenos modales nos hacen ser más humanos.
  • Hay que comprender que la verdadera buena educación ha de ser siempre una muestra de amor y respeto hacia el otro.
  • Es significativo que las parejas felices que permanecen muchos años juntos, se traten con una gran amabilidad, cariño y cortesía que nace de saber ponerse siempre en el lugar del otro, es decir, de la consideración.
  • No deberíamos olvidar que, lejos de ser una muestra de cursilería, los buenos modales son la expresión de lo mejor que cada uno tiene en su corazón para dar a los demás.
  • En el dormitorio: dar los buenos días y las buenas noches. No levantarnos ni acostarnos sin decirle al otro una palabra agradable.
  • En el baño: llamar antes de entrar. Es probable que a nuestra pareja le moleste que interrumpamos su momento de intimidad.
  • Al volver del trabajo: Preguntarle qué tal el día y llevarle algún detalle sin coste económico: ese plano del metro que necesitaba...
  • En la mesa: valorar el esfuerzo del cocinero, agradecer lo rico que está todo, esperarle para empezar juntos y no hacerle esperar a él.
  • Al salir o entrar en casa juntos: ayudarle con los paquetes, fijarse si el otro va cargado y si es así, abrir la puerta y no esperar a que suelte todo lo que lleva y encuentre sus llaves.
  • Higiene corporal: procurar mantener en casa un aspecto agradable y arreglado (aunque estemos en chándal o pijama) y evitar dar vía libre a algunas manifestaciones fisiológicas poco agradables (eructos, etc.) delante de la pareja y los niños.
  • En la conversación: escuchar e interesarse por el relato del otro y no interrumpirle continuamente para contar nuestra propia historia.
  • En la discusión: no subir el tono. Si el otro está alterado es mejor posponer el intercambio de opiniones para un momento de calma.
  • Delante de los hijos: no llevarse la contraria y mucho menos desautorizar, menospreciar o infravalorar al otro, ni siquiera en broma.
  • Relación sexual: no interrumpir una sesión de sexo sin explicar por qué ni tampoco dar por supuesto que el otro tiene ganas y se avendrá a nuestros deseos sin expresar lo que queremos.
  • En las citas: tratar de llegar siempre lo más puntual posible.
  • Con la familia: no criticar a su familia ni compararla con la propia, o utilizar los posibles defectos heredados como arma arrojadiza.
  • En el ocio: comprender sus aficiones. No molestarle con preguntas que pueden esperar en momentos en que está entretenido.
  • En las reuniones con amigos: no reprocharle en público lo que no nos atrevemos a decirle a solas. No traer a colación conversaciones íntimas, aunque sean muy graciosas, ni hablar por él.
  • Guardar silencio: respetar las ganas de estar en silencio del otro.

 

Asesor: Adriana Tribiño, psicóloga y directora del centro Epsylon.

Etiquetas: educación, familia, pareja

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