Divorcio

¿Por qué las parejas se divorcian más después de Navidad?

Está comprobado que después de los periodos vacacionales, los divorcios aumentan en un tanto por ciento. Esto puede ser causado por el aumento del tiempo en familia o, incluso, como solución a un largo periodo de meditación. Si la decisión está tomada, es importante hacer bien las cosas y, sobretodo, dejar al margen a los hijos.

La época navideña ha llegado a su fin y, aparte de algunos kilos de sobra, el inicio del año nuevo suele traer algún que otro problema de carácter familiar, más allá de las típicas discusiones. Hablamos de un aumento de las separaciones y los divorcios en estas fechas. Según datos del Consejo general del Poder Judicial, en el año 2019 las disoluciones matrimoniales aumentaron en un 1,2 por ciento en el primer trimestre con respecto al año anterior.

Las razones para que se produzca este aumento de rupturas son múltiples. Las familias pasan mucho más tiempo juntas que durante el resto del año, lo que provoca roces y discusiones. Salen a la luz, además, discrepancias con los familiares políticos que pueden desembocar en choques en la propia pareja. Es curioso que este incremento se suela dar también al finalizar el verano, precisamente por ser también una época de “exceso” de tiempo en familia.

Por otra parte, el inicio del año puede verse como el inicio de una nueva vida, un resurgir, un empuje para tomar una dura que decisión a la que quizás se lleva mucho tiempo dando vueltas.

Aunque muchas veces se pueda pensar que la decisión es definitiva, creo que no es correcto tomarla en caliente, sin sopesar las consecuencias que acarrea. Debe ser una decisión muy meditada, especialmente si hay hijos menores de edad, que sufren de manera directa las consecuencias. Si la pareja está atravesando una mala época, una opción puede ser acudir a un psicólogo especializado en crisis de pareja que los guíe. Estos profesionales pueden actuar cuando la pareja tiene la intención de reconducir la relación en caso de querer continuar, o puede ayudarles a gestionar el dolor que la ruptura conlleva, tanto solos como en pareja.

¿Cómo hacer las cosas?

Si la decisión ya está tomada y ambos miembros consideran que no hay marcha atrás, es muy importante que se dejen asesorar por un profesional especializado en derecho de familia. Los abogados especializados con experiencia en este campo asesorarán a ambos cónyuges para tratar de lograr una solución consensuada y evitar confrontaciones innecesarias. Además, en cualquier momento del procedimiento, la pareja puede ser derivada a mediación, un instrumento de resolución extrajudicial de conflictos al que comienza a recurrirse de manera habitual. Este proceso es totalmente voluntario para las partes, y les permite llegar a acuerdos mucho más rápidos que los que se podrían lograr en el proceso judicial. Rápidos, y duraderos, pues los miembros de la pareja son los protagonistas, los que toman el control y los que pactan las condiciones que regularán su nueva vida. El mediador es un mero intermediario cuyo papel consiste en guiarles en dicha toma de decisiones. De las sesiones de mediación surge un acuerdo que deberá ser homologado por un juez.

Lo he comentado en alguna ocasión, pero creo que es necesario incidir en ello siempre, aun a riesgo de resultar repetitiva: los hijos no deben sufrir las consecuencias de una ruptura, y por ello, los progenitores deben ser capaces de dejar a un lado sus discrepancias y pensar en ellos antes de embarcarse en largos procesos judiciales que les hacen sufrir muchísimo. Siempre que seáis capaces de anteponer en interés de los más pequeños por encima de cualquier otra cuestión, estaréis tomando el camino correcto.

Artículo elaborado por Pilar Vilella Llop, periodista y abogada especializada en derecho de familia en Lexfam Abogados. Secretaria de la agrupación de jóvenes abogados de Madrid.

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