Así pueden afectar

Qué efectos tienen las discusiones de los padres en los niños

Que los padres discutan de vez en cuando es algo normal, pero si los enfados son continuos pueden aparecer efectos negativos en el desarrollo de los más pequeños.

Presenciar una discusión no es plato de buen gusto para nadie, y qué decir para un niño pequeño cuando ve que sus padres discuten. Aunque los enfados son habituales entre las personas, más todavía entre las que conviven juntas, según cómo se gestionen, las discusiones entre padres pueden influir en el desarrollo de los más pequeños. Veamos cuáles pueden ser las consecuencias.

Es normal que en algún momento las personas discutan, sobre todo si viven juntas y son padres de familia. Si alguna vez ocurre, es importante que los padres enseñen a sus hijos que tener desacuerdos es algo que entra perfectamente dentro de la normalidad. Y tenerlos no supone nada malo.

No obstante, es aún más fundamental para los niños ver cómo que se gestionan estos enfados y cómo acaban resolviéndose. Pues la realidad es que cuando hay gritos, agresividad o cuando los padres llegan incluso a retirarse la palabra todo ello sí que puede afectarles profundamente.

Posibles efectos que pueden vivir los niños

Muchos han sido los investigadores que se han encargado de estudiar las posibles consecuencias que pueden aparecer en los niños a raíz de las discusiones de los padres, en el caso de Gordon Harold, profesor de psicología en la Universidad de Sussex, los niños que están expuestos a enfados pueden desarrollar una frecuencia cardiaca mayor y desequilibrios hormonales relacionados con el estrés.

De igual forma, también pueden experimentar retrasos en su desarrollo cerebral, sufrir ansiedad, depresión, problemas de insomnio y cambios en su comportamiento.

Según el mismo especialista, la edad no es un factor determinante, ya que estos efectos pueden aparecer muy pronto, ya incluso desde los seis meses. Además, otro aspecto a tener en cuenta es que pueden influir de la misma forma a los niños que presencian discusiones fuertes y puntuales que a aquellos que están sometidos a enfados menos fuertes, pero más frecuentes.  

Por otra parte, mientras los niños suelen responder en su mayoría ante esta situación con problemas de comportamiento, las niñas se ven más afectadas emocionalmente.

Las consecuencias son a corto y a largo plazo

El gran problema de que un niño pase por una circunstancia así, como decimos, son los efectos que pueden aparecer tanto en su presente como en su futuro.

Hay que tener en cuenta que los niños tienen a sus padres como figuras de referencia, por lo que si un niño desde bien pequeño presencia que los conflictos se resuelven con faltas de respeto en lugar de hablando y con educación, lo que hará será aprender a actuar así y a reproducir esas formas de actuar. Es decir, que se crearán unos patrones de comportamiento en el niño según lo que este vea en su entorno.

Además de ello, estar continuamente presenciando esto puede desembocar en problemas individuales tales como angustia, inseguridad, autoestima baja, dificultad para manejar las emociones, no tolerar la frustración, tener falta de concentración y fracaso escolar.

Por otro lado, puede darse que el niño en ciertas ocasiones por su propia personalidad trate de mediar entre sus padres para frenar el enfado, pero al no ver cumplido su objetivo, puede aparecer en él un sentimiento de culpa. En otros casos, puede que el menor trate de mostrar un comportamiento inadecuado con tal de distraer a los padres de su conflicto, o incluso puede que asuma un rol para evitar la situación, como centrarse en el estudio, en el juego o en el deporte, por ejemplo.

Asimismo, también puede ocurrir que el pequeño crezca volviéndose cada vez menos expresivo y que cada vez comunique menos cómo se siente.

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