Pareja

¿Merece la pena discutir por dinero?

Contesta a estas preguntas y descubre qué forma tienes tú de ver los problemas económicos. ¡Ponte a prueba!

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Inesperadamente tienes medio día libre. ¿A qué lo dedicas?

1/12 Inesperadamente tienes medio día libre. ¿A qué lo dedicas?

2/12 ¿Qué es lo que más miedo te da?

3/12 En tu infancia, ¿cuándo te daban la paga?

 ¿Qué es lo que más repetían tus padres?

4/12 ¿Qué es lo que más repetían tus padres?

5/12 ¿Qué tendría que decir un mendigo para que le dieses tres euros?

6/12 En mi casa...

7/12 ¿Cómo reaccionas ante los desastres?

8/12 ¿Qué te decían tus padres al recibir tus calificaciones escolares?

9/12 ¿Qué piensas cuando ves que tu cuenta está en números rojos?

¿Qué le regalarías a tu hijo el primer día de colegio?

10/12 ¿Qué le regalarías a tu hijo el primer día de colegio?

11/12 Te suben el sueldo. ¿Qué dirían tus padres?

12/12 Heredas 6.000 euros de un familiar. ¿Qué harías?

Eres de los que saben vivir

Eres de los que saben vivir

Mucha gente envidia tu gran seguridad, y con razón. Confías en tus facultades y en el poder del destino, que, en general, te trata muy bien. Tu actitud relajada frente al dinero nace de esa confianza y también de una cierta mentalidad de jugador.


Si no procedes de una casa adinerada (y sigues su estilo), puede que hayas nacido en una familia de nivel medio bajo, muy ahorrativa. De niño llevabas tan mal las restricciones con las que vivíais que has hecho todo lo posible por salir de las estrecheces. Prefieres gastar más que menos, lo que, a veces, te lleva a vivir por encima de tus posibilidades. Contigo es difícil discutir de dinero, eres muy generoso y te resulta de poca clase enfadarte por seis euros. Confías tanto en ti mismo que piensas que prevenir es de pequeñoburgueses, que ahorrar es avaricia; y miras por encima del hombro a la gente que necesita algo más de seguridad.

Si tu pareja no se siente tan segura, tu postura relajada con el dinero, a menudo, le producirá miedo. Cuando te pide que seas más ahorrativo, no es envidia ni avaricia, sino su forma de expresar su temor: que terminéis arruinados si él o ella no lo impide. En el supuesto de que no le hagas caso, el miedo puede llevarle a ser aún más ahorrativo.

El dinero hay que saber usarlo

El dinero hay que saber usarlo

Ahorras y empleas el dinero para fines materiales, como comprar una casa o un coche más grande. Pero también lo gastas si con ello te sientes más reconocido por los demás. Valoras la seguridad que da una economía desahogada tanto como el reconocimiento de tu familia y del entorno; no podrías prescindir ni de lo uno ni de lo otro. Necesitas sentirte querido y las cosas que puedes hacer con el dinero son un medio para conseguir tu meta. Las personas como tú suelen proceder de familias de clase media que tenían una actitud similar. De niño aprendiste en casa que apostando lo conveniente se podía conseguir mucho. Y quieres seguir con esa tradición. Por ello te encantaría que tu pareja te dejase administrar las finanzas de los dos. Estás seguro de que sabes mejor que nadie lo que os conviene.

Si tu pareja no piensa de forma similar, probablemente se sentirá más de una vez como en una camisa de fuerza. Protestará contra esas compras que haces por prestigio o contra invitaciones que suponen demasiado gasto. Tu afán por revalorizarte a través del consumo le parece costoso y superfluo. Además, como tú tienes tan claro en qué debéis gastaros el dinero y en qué no merece la pena, sus deseos se quedan, muchas veces, en la cuneta.

La seguridad es lo primero

La seguridad es lo primero

Contigo el dinero está en buenas manos. Sabes comprar pagando lo justo, invertir los ahorros de la mejor manera y lograr metas importantes con medios modestos. Ahorras todo lo posible para estar preparado ante cualquier eventualidad. Que consideres básico tener un muro de protección a base de libretas o Letras del Tesoro puede deberse a que, de pequeño, tus padres te dieron pocas oportunidades de confiar en tus facultades y, por eso, buscas la seguridad en el dinero. Pero también puede ser que te hayas sentido tan abatido y desalentado por la pobreza o la inseguridad pecuniaria, que trates de evitar, como sea, volver a pasar por algo así eludiendo cualquier riesgo.

En asuntos financieros eres un socio muy fiable al que se le puede confiar cualquier cantidad. Sólo pueden surgir problemas si la otra persona trata de meter la mano en la hucha común. Cualquier gasto sin sentido te hace sentir al borde de la ruina.

Si a tu pareja no le atrae vivir  tan modestamente, se sentirá mal y pensará que tratas de impedirle disfrutar de la vida.  Y, a veces, esto la llevará a una reacción de protesta: ponerse a malgastar dinero (incluso en contra de sus principios) por miedo a envejecer con la cuenta a tope, pero tan amargada y solitaria como el Tío Gilito del Pato Donald...