Divorcio con hijos

En un divorcio, los niños no pueden ser trofeos de guerra

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En los divorcios con hijos, la actitud de las partes respecto a los niños no siempre es ejemplar. A veces, los conflictos de la pareja se proyectan sobre la relación del “ex” con los hijos, con resultados muy dolorosos para los niños.

En un divorcio, los niños no pueden ser trofeos de guerra

En tu libro “Me ha dicho mamá que no me quieres” (Edaf) abordas un tema delicado, las actitudes negativas de los padres –y muy especialmente la de las madres- hacia su ex pareja cuando se produce un divorcio con hijos. ¿Qué actitudes denuncias?

 

Pues en primer lugar: en concepto de qué y por qué damos por hecho que los niños se deben quedar con nosotras, las madres, como una posesión más. ¿Acaso las necesidades y derechos de los niños no cuentan? Es nuestro derecho como adultos acabar con una relación de pareja si no funciona (esto costó mucho conseguirlo) pero con ello debería acabarse la guerra, si es que se emprendió antes de la separación. Y en esa confrontación nadie puede apropiarse de los niños como "trofeos de guerra".

Con la separación queda ejercido nuestro derecho; pero este no puede someter a uno de los progenitores y mucho menos a los hijos. Se da por hecho que nosotras, todas somos aptas y buenas; ellos tienen que demostrarlo. ¿Por qué?

 

¿A qué crees que se deben los casos en los que las madres transmiten a los niños que sus padres (las ex parejas de ellas) no les quieren?

 

Bueno, esto se puede deber a muchas ideas mal planteadas y ninguna de ellas me vale como pensamiento en una madre. Unas creen que con ello conseguirán ser más valoradas por sus hijos y por la sociedad haciéndose pasar por imprescindibles. Claro y nefasto ejemplo de ello ha sido la bautizada por este país como "Princesa del Pueblo". ¿En qué sale beneficiado un hijo al que se le dice que no es amado por uno de sus padres?

Y otras muchas de esas ideas son:

- el odio, el rencor, la venganza hacia sus ex parejas.

- el creer que se es mejor madre al decirle que ella lo quiere más.

- y sobre todo, el " poder". El poder y falso triunfo que sienten cuando sus hijos renuncian al padre sabiendo el mucho dolor que esto causa en sus ex; sin pensar que de camino han dejado a unos niños (a sus hijos) sin su derecho a tener un padre y sentirse querido y amado por él. ¡Qué triste es esto...! ¿Qué madre de verdad, si se para a pensarlo un poquito, puede causarle tanto dolor a un hijo? ¿Acaso ellas nunca han sentido el dolor que se siente al sentir que no te quieren? ¿O al pensarlo porque alguien te lo ha hecho creer? Esto no lo hacen las madres que de verdad aman a sus hijos, ¡nunca, jamás!

 

¿Qué consecuencias tiene esto para los niños?

 

¡Buff! Quedan marcados de por vida. A los adultos, la infancia puede parecernos muy corta, pero no la sentimos así cuando éramos niños: entonces nos pareció una eternidad. La infancia marca toda nuestra existencia adulta y esa mella afectiva les queda marcada para siempre: puede que se cure la herida; pero la cicatriz quedará ya siempre latente en sus futuras relaciones de pareja. Y, por supuesto, son niños con baja autoestima. Sus reacciones en el colegio pueden ser o muy violentas o muy sumisas y las dos versiones les pasan factura.

Esto no ocurre con los hijos de padres que se separan de su pareja pero que siguen ejerciendo como padres.

 

Muchas parejas que pueden tener este tipo de actitudes hacia el otro progenitor cuando se separan no son capaces de darse cuenta, porque están en un proceso de ruptura sentimental doloroso. ¿Qué señales de alerta podemos notar de que esto “me está pasando a mí”?

 

La primera alerta es muy clara: ¿estoy pensando en que todo siga igual para mi hijo, o estoy pensando en mí? ¿Estoy actuando de modo que mi hijo sienta y sepa más que nunca que su padre y su madre seremos siempre responsables absolutos de él y me aseguraré de que así sea o voy aprovechar la situación para conseguir mis propósitos?

 

Además, en el caso de la madre la ley le permitirá derechos que atentan con los de su hijo. Pero si soy madre... ¿me lo puedo permitir? Si lo hago, tengo que saber que me convertiré en una simple progenitora. Nada, nada hay más importante para el crecimiento emocional y feliz de mi hijo que saber que es muy, muy amado. Y aún en el caso de que no fuera verdad haré lo posible para que sienta que sí lo es...por lo menos mientras esté bajo mi amparo y custodia.

 

Defiendes un cambio en la Ley contra la Violencia de Género. Explícanos qué cambiarías.

Considero que esta ley atenta contra los derechos humanos. Es cierto que protege a la mujer que es maltratada si hace saber que su pareja la maltrata amparando así también a sus hijos; pero también es cierto que desprotege de un modo cruel al hombre y sus hijos si su pareja es una maltratadora.

No es posible que hayamos retrocedido de este modo: es el " quítate tú que me pongo yo". Esta ley debe proteger a todas las personas que sufran violencia en el ámbito familiar. A todas. Ojalá no hubiera mujeres que también maltratan a sus hijos y sus parejas; pero las hay también y no me vale que me digan que en minoría. Las hay y la justicia está para defender y proteger a las víctimas sin condición de raza, sexo o creencia, no sólo a mayorías.

Y termino diciéndote que el título del libro, “Me ha dicho mamá que no me quieres”, no es inventado, lamentablemente, y que me da igual si quien le dice esto a un niño es un hombre o una mujer. Lo que no me será indiferente jamás es que esto se les diga a los niños y no sea considerado un maltrato: ¡lo es!

 

 

Etiquetas: custodia, divorcio, entrevista, padres separados

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