Def con Tres. Porque las familias numerosas son así

Papá Rubik y sus tres cabecicubos

Una mudanza con niños es una experiencia emocional extrema. Calcetines desemparejados, libros desparramados, niños y bebés escondidos en cajas… El caos en primera persona en Def con Tres, por Carles Montaña.

Papá Rubik y sus tres cabecicubos

Una mudanza rompe con la plácida existencia de una familia. Y ahí estamos. En circunstancias normales se trata de uno de los momentos más extraños de la vida. Y, en el fondo, si uno se muda a un lugar más amplio, es para estar mejor. Sin embargo, nos afecta a todos.

 

Mi hija de cuatro años, Beatriz, me dejó muy claro tras observar los libros desparramados por el suelo del salón que “esto es un desastre de casa”. Tiene razón. Y me ha costado unos días dejarle claro a Martín, de seis, que su nueva casa está más cerca del cole que nuestra residencia anterior. Parece que su nueva guarida le va gustando un poco más.

 

La mudanza, una gran oportunidad para perderlo todo

 

A todo esto se ha sumado la fuga de nuestra cuidadora por motivos personales, pero desconocemos si regresará algún día. Hemos anulado la natación. Bueno, tampoco encontramos las toallas ni los bañadores. Además, Beatriz y el rey del rock and roll se han contagiado la varicela, pandemia familiar.

 

La entropía y el caos se pasean de la mano por el salón de mi casa mientras nos miran y se ríen de nosotros. Mientras escribo esto me miro los zapatos que no me tendría que haber puesto nunca y compruebo con rubor que llevo un calcetín de cada color. Aparentemente nadie se ha percatado aún, pero sólo aparentemente.

 

Martín y Beatriz se lo han pasado bien. Se han escondido en las cajas y han podido jugar un rato. De vez en cuando, un sudor frío recorre mi amplia frente porque hace tres días que no encuentro el cargador del móvil.Pero esto no son más que chorradas, esto no llega a catástrofe comparado con la presión que sufren miles de familias en esta época en que las circunstancias se alían para que muchas personas no puedan salir adelante.

 

Lo que nos pasa a nosotros es como el juego de Papá Rubik y sus tres cabecicubos, pero al revés. Nosotros sólo tenemos que vaciar y desmontar cubos y cada caja se convierte en la de Pandora.

 

Celos y niños apilables

 

En las mudanzas siempre aparecen elementos extraños: desde una grabación del último concierto de Elvis, a unos celos y un cómic de Superlópez: “Superlópez y los Cabecicubos”. Entre tanta caja ordenada pensé que sería estupendo que los niños tuvieran la cabeza cuadrada para poder dejarlos bien apilados en un rincón uno encima del otro.

 

Es cierto que mis tres hijos han pasado muchas horas en casa como consecuencia de la mudanza y que se han portado muy bien, pero por primera vez Martín ha tenido un episodio de celos. Me ha sorprendido, pero imagino que la presión era brutal.

 

Con solo mes y medio de vida, Elvis-Héctor es el centro de las miradas y Martín, con su sarcasmo y sus imitaciones supuestamente chistosas, nos pide a gritos más atención. Por su parte, Beatriz se ha revelado como una mujer resolutiva. Ha ordenado pilas de libros, pero a las cuatro de la mañana se mete en nuestra cama. Ni nos enteramos. Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa.

 

 

Etiquetas: familia

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