Def con tres. Porque las familias numerosas son así

Papá, el mundo se acaba

El tifón Yolanda en Filipinas y la huelga de barrenderos en Madrid, con la consecuente acumulación de basura en las calles, han suscitado en mi hijo Martín y en su hermana Beatriz incertidumbre, suspicacias, un cierto temor y muchas preguntas.

Papá, el mundo se acaba

Beatriz ha afirmado rotundamente que “Madrid es la capital de la basura” y Martín ha ido, en su línea un tanto macabra, un poco más allá. “Papá, el mundo se acaba. Esto del tifón y la basura tiene algo que ver, ¿no?”. Me produjo cierta sorpresa esta argumentación. Le pregunté que por qué había llegado a esa conclusión y la respuesta resultó aún más sorprendente. “El curso pasado Julia –su profesara de Infantil- nos explicó que dentro de muchos años la Tierra va a destruirse”. Le comenté que sí, que tenía razón, pero que esto pasaría cuando sus nietos y sus tataranietos ya no estuvieran sobre el planeta.

 

Eso llevó a Beatriz, gran entusiasta del concepto familia a sus cuatro años, a interesarse por su futura descendencia. “¿Yo tendré nietos, papá?”. La respuesta fue que todo dependía de lo que ella quisiera. Que había muchas opciones. Incluso familias formadas por un perro y su persona. En casa estamos convencidos de que los perros son los amos, son ellos los que sacan a pasear a sus personas.

 

Entonces, Martín comentó, volviendo al tema del tifón, que una compañera de clase, cuya familia procede de Filipinas, estaba preocupada. Beatriz lo miró y nos contó una historia bastante extraña de una niña de su clase que tiene un perro y que desde que ha empezado la huelga de barrenderos se hace sus necesidades encima porque, según dice su madre, no quiere salir a la calle. Su hermano se quedó pensativo y dejó claro que eso no era porque el mundo se fuera a acabar, sino porque al perro le daba asco salir a ensuciar más la calle. Y apuntó que estaría muy bien que toda esa basura “apestosa” cayera desde el cielo como un meteorito para que, por fin, en Madrid nos diéramos cuenta de lo sucia que es la ciudad. Y que sería aún mejor que esa basura se convirtiera en robots de basura que persiguieran a los madrileños. Vamos, una suerte de invasión marciana, más que divina. La infancia se adapta a los recovecos de la realidad.

 

Síndrome de Down

 

Desde hace unos días Beatriz cada mañana al llegar al colegio se lanza sobre su compañero de clase Hansa para darle besos y cogerle de la mano. El chaval, con síndrome de Down, parece un poco agobiado. Se lo dije a Beatriz para que no le diera mucho la lata. Su respuesta fue un tanto peculiar. “Es que la profesora nos ha dicho que tenemos que quererle mucho”. ¿No sería más interesante que su tutora le explicara que Hansa tiene síndrome de Down y que su existencia va a ser un poco más complicada que la suya? Bueno, yo lo he intentado, pero Beatriz volvió a la carga. “Papá, no tiene nada, lo que necesita es que le queramos mucho y le ayudemos en clase”. Por su parte Elvis-Héctor, mi hijo pequeño, que cumple dos meses esta semana, tiene unos cólicos horrorosos. Pero el tipo cada día está más recio, en catalán se dice “refetonet” o un “nen de vida”, como su primo Antón que está muy bien. Ahí estamos, entre basura, cólicos, nietos y tifones. Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa.

 

Etiquetas: familia, padres, papá, preguntas incómodas, tiempo libre

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