Def con tres. Porque las familias numerosas son así

Las abuelas también fuman

Las abuelas, esas personas fantásticas y maravillosas que se desviven por sus nietos, tienen secretos. ¿Alguien sabe por qué extraño motivo las abuelas tratan mejor a sus nietos que a sus propios hijos?

Las abuelas también fuman

¿Por qué mi madre cuando viene a ver a mis hijos les regala bolsas de patatas fritas? Mi madre no nos dejaba comer patatas fritas ni caramelos ni bollería industrial ni nada. Bueno, supongo que son celos. Cuando viene me da un beso, me pregunta cómo estoy y me reprocha cosas que ahora no vienen al caso. Las madres son así.

 

En casa, además, hemos descubierto otro secreto de las abuelas gracias al libro “Las Brujas”, de Roald Dahl: las abuelas fuman. La abuela del niño protagonista siempre tiene un enorme habano en la boca. Les ha sentado fatal. “Papá, las abuelas no fuman, no pueden fumar, sino no serían abuelas”, comentó Beatriz pasmada. Martín y Beatriz son dos niños de la generación antitabaco. Se sitúan en la rama talibán. Y el día que vieron con sus propios ojos que una de sus profesoras fuma, Martín saltó a la yugular. “Mira, mira, está fumando. La hemos pillado”, recalcó con sorna, desprecio, una sonrisa de triunfo y satisfacción y brillo en los ojos. Estos niños de hoy en día son así de salvajes.

Lo peor fue la pobre profesora que se los encontró de cara y al verlos apagó avergonzada el cigarrito. Encontrar una grieta en la muralla del poder, cuando se predica una cosa y se hace todo lo contrario, para un niño de seis años es maravilloso. Y le sirve para empezar a entender cómo funciona el mundo.

 

El pelo y la muerte

Por eso la vida, para un niño, tiene extraños mecanismos que requieren preguntas certeras. “¿Papá, por qué desayunas como el hámster del colegio?”, me preguntó Beatriz por la mañana temprano. “Es que me he fijado que comes lo mismo que Tris. Pero no te preocupes yo te quiero más, aunque seas calvo, papá”, me aclaró. Me quedé más tranquilo. Yo también he descubierto que comer sano tiene el riesgo de que comparen tus hábitos alimentarios con los de la mascota de la clase.

Aunque cuando Martín se interesó sobre las cuestiones del crecimiento capilar una vez muerto, me sorprendió más todavía. “¿Papá, cuándo te mueres te sigue creciendo el pelo?”, me espetó. Le contesté que claro, pero que los calvos nos quedábamos igual. Pero la dama de la guadaña se ha instalado en la vida de Martín. “¿Cuándo te mueres duele?”, se interesó Martín. “¿Los niños pueden morir?”, quiso saber. “¿Y los bebés, papá?”, todos miramos a Elvis que sonreía mientras le salía un buche de leche. Y nos salió un tremendo: “Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa”.

Etiquetas: familia

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