Def con Tres. Porque las familias numerosas son así

Papá, un “no” no es una respuesta

Pasear con los niños por zonas comerciales con la Navidad a la vuelta de la esquina tiene su peligro. Acercarte mucho a tu bebé mientras le cambias el pañal, también. Carles Montaña, nuestro papá bloguero, nos cuenta por qué.

Papá, un “no” no es una respuesta

Los sentimientos infantiles son el paseo por la cuerda floja de un equilibrista con vocación de suicida. Al menos, para mis hijos no hay término medio. Martín, de seis; Beatriz, de cuatro, y Héctor-Elvis, de tres meses, todavía modulan con dificultad sus pulsiones. Yo también.

No, porque no

 

La consecuencia es que mi paciencia se resquebraja. En mitad del puente festivo decidí llevármelos a comprar. Por el camino paramos en unos grandes almacenes. Qué hartazgo. Tuve que frenar las peticiones incesantes de Martín para conseguir un juguete. “Me lo tienes que comprar porque últimamente me he portado muy bien”. Su memoria selectiva le hizo olvidar un castigo una hora antes. Tras una argumentación pedagógica y sólida decidí que no tenía sentido y respondí con un “no”. Recibí una respuesta sagaz: “Papá, qué dices, un “no” no es una respuesta”. Decidí que era un buen día para salir a por tabaco al llegar a casa, aunque no fume.

 

“Menudo morro”

 

La historia está llena de grandes derrotas y de grandes victorias, de inmensas tragedias y de histriónicas comedias. Y si eres un niño, la vida diaria más aún. Tras recapacitar sobre mi fuga, Beatriz y yo comentamos con tranquilidad un cuento navideño de una familia de cerditos cuando me hizo una pregunta laboral sobre sus abuelos. “¿Por qué no trabajan los abuelitos?”. “Beatriz, porque cuando eres mayor y después de haber trabajado durante toda la vida te jubilas, bueno, te dan vacaciones”. Me miró con una sonrisa y continuamos con la lectura. Al cabo de un rato se puso a llorar. “¿Por qué lloras, Beatriz? ¿Qué te pasa?”, estaba convencido de que el libro era perfecto. “Jo, menudo morro. Menudo morro tienen los abuelos de vacaciones todo el año y yo tengo que ir al colegio cada día”. Luego recordé que lo primero que pregunta Beatriz cada mañana es si tiene que ir a la escuela. Su madre apareció como por arte de magia y me estranguló.

 

Los bebés no controlan los esfínteres, es un hecho. Sin embargo, Héctor-Elvis-Mitxi es un artista. Cuando le cambio el pañal sonríe y yo me enternezco. Sonríe más y se orina en mi cara. Sólo puedo resignarme, como cuando vomita en mi hombro mientras lo cojo en brazos. Eso lo único que demuestra es que Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa.

 

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