Tipos de familia

Madres solteras (o casi)

Criar a un hijo no es tarea fácil y la cosa se complica cuando hay que recorrer el camino en solitario. Con independencia de si se es madre soltera por elección o por avatares de la vida, las dificultades a las que se enfrentan son similares y, en estos tiempos de crisis, son uno de los grupos sociales más vulnerables.

Madres solteras (o casi)

Lo primero que hay que hacer es concienciarse de que la monomarentalidad no es un problema, si no que es resultado de la sociedad. Tenemos asumido como cierto que el esquema de familia es “padre, madre e hijos” y que cualquier otro modelo no funciona. Aceptar que no es cierto nos ayudará a educara los niños en la seguridad que precisan para crecer. Para que el núcleo familiar funcione es fundamental explicar la situación a nuestros hijos y organizarse muy bien el día a día:

  • Economizar el tiempo procurando que las distancias entre el trabajo, la guardería, el colegio y el supermercado sean lo más pequeñas posibles.
  • Buscar una red de apoyo familiar y, si no es posible, de otras mujeres que estén en situación similar para ayudarse unas a otras.
  • Establecer prioridades, estar sola no significa tener que llegar a todo. Habrá que esperar a que los niños sean más independientes para hacer ese curso tan deseado o volver a viajar como antes. ¡Solo es cuestión de tiempo!
  • Educar y amar a los niños de forma equilibrada para ofrecerles seguridad, es decir, establecer normas, rutinas, hablar con ellos y respetar los espacios personales de cada uno (mamá también necesita unos minutos para ella).
  • Responder a las preguntas que planteen los niños sobre la falta del padre con naturalidad, adecuando el lenguaje a su edad. Es importante normalizar la existencia del padre cuando no ejerce como tal, sin maltratar la figura paterna: “cada persona tiene su forma de querer y si no te llama o no viene a verte es porque le habrá pasado algo o porque no sabe amar de otra manera”.
  • Superar los roles patriarcales impuestos de que el padre es la figura fuerte, el que aporta seguridad en la familia. Vivir sin padre no es sinónimo de debilidad: “mamá está ahí y me cuida y protege”.
  • Permitir que los niños vivan su infancia y no responsabilizarles con ‘asuntos de adultos’, implicándolos en los problemas del divorcio o de dinero.

 

1. Madre soltera por elección

Tiene su parte positiva pero también una negativa. No tiene que contar con nadie a la hora de tomar decisiones, pero es posible que en algún momento los hijos le recriminen la ausencia de un padre. Habitualmente, la madre no suele tener problemas económicos ni de autoestima, ya que ha sido una decisión que ha tomado segura de sí misma y en un momento de seguridad laboral. Por esa razón, la depresión y el miedo común en otras madres solas, desaparece. Solo tiene que aprender a gestionar su tiempo, a establecer prioridades y garantizar un tiempo de calidad con su hijo. El único problema que suele tener el niño es social.

2. Su padre no quiere conocerle

Como en todos los casos, la comunicación madre-hijo es clave. Ella tendrá que explicarle que quería tener un hijo, conoció a su papá y le tuvo, pero él no quiso o no pudo ser su papá. Es muy probable que el pequeño pregunte si su papá no le quiere. Si ocurre, lo más prudente es responder: “Eso no lo puedo decidir yo. Aunque no te visite, te puede querer pero no sabe cómo manifestar su cariño. Él se está perdiendo la posibilidad de conocer lo maravilloso que eres, de ver cómo creces, de disfrutar del cariño que nosotros nos tenemos…”. Es una situación que puede angustiar al niño, pero hay que hacerle ver que, aunque papá no esté, mamá sí que está siempre con él.

3. Papá ha fallecido

A priori, es la situación más complicada a la que se tiene que enfrentar una madre. No solo tiene que sacar adelante a sus hijos sola, si no que además debe hacerlo en el peor momento de su vida, cuando está más triste y se siente más desvalida porque ha perdido a la persona que amaba y con la que decidió formar una familia. Y esa familia le ha sido arrebatada, sin que haya habido tiempo para el desencanto, como suele ocurrir cuando una pareja decide separarse. Pero, por suerte, no tiene tiempo para dejarse engullir por el duelo: sus hijos son su mayor preocupación pero también su razón para levantarse cada mañana y funcionar.

El trabajo que tiene por delante no es fácil: debe entender que puede salir adelante ella sola y hacérselo entender a sus hijos con actos y palabras: ‘aunque papá ya no esté, yo cuidaré de vosotros y nunca os faltará nada’. Los expertos en duelo afirman que no hay que pretender ser una superwoman ni culparse por llorar delante de los hijos. No pasa nada porque vean que, como ellos, también extraña a su padre, siempre que les abrace y hable del tema con naturalidad. Es un camino que deben recorrer juntos.

Hay que procurar no idealizar la figura paterna, algo habitual cuando una persona fallece. Es importante humanizarle con sus defectos y virtudes, para que los niños no echen en cara a su madre que, si su padre viviera, haría las cosas de otra manera y mejor.

4. Papá está poco tiempo en casa

En algunas familias, el trabajo y los viajes obligan al padre a estar mucho tiempo fuera de casa y es la madre la que tiene que ocuparse casi por completo de la educación y los cuidados de los niños. Por lo general, la situación es estos casos es más cómoda: el tema económico suele estar resuelto, los niños no se sienten diferentes (está bien visto decir que ‘mi padre viaja mucho’) y quien impone las normas es la mujer y estas son aceptadas y mantenidas por el padre. Es el precio que tiene que pagar por no estar.

 

Asesores: Patricia Durán e Irina Vera, psicóloga y trabajadora social de la Asociación de Madres Solas (Amasol).

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