Espectadores excepcionales

Al teatro con el niño

Muchos padres no llevamos a nuestros hijos de dos años al teatro o a ver guiñoles porque pensamos que no lo entenderán o que son demasiado pequeños. Ignoramos que detrás de ese niño inquieto hay un espectador excepcional.

Al teatro con el niño

Su corta edad es una ventaja para acercarle al mundo del espectáculo. El teatro, las marionetas y los dibujos animados desarrollan su sensibilidad y capacidad expresiva en una etapa en la que está descubriendo los tipos de lenguaje. Nuestro hijo de dos años se acerca a la obra sin juicios y sin ideas preconcebidas, con todo su ser puesto en ver y escuchar lo que tiene delante.

Nuestra función como padres es la de acompañarles y fomentar su faceta de espectadores . Se trata de estar ahí mientras ellos disfrutan de un espectáculo. Pero sin intervenir, a no ser que nos lo pidan.

¿Qué temas les gustan a esta edad?

  • ¿Qué temas le gustan a un niño de dos años? Los que nos atraen a todos: los dramas propios expresados en un escenario, de manera que al verlos se sienta reflejado y liberado.
  • ¿Y cuáles son los dramas de cualquier bebé? A veces pensamos que a su edad no existen problemas, pero ellos pueden verse afectados por la soledad, el miedo a que sus padres se vayan, el hambre, la sed, el llanto, el dolor, los primeros pasos o las caídas. Todas las preguntas existenciales están ya presentes en la cabecita de un niño que aún necesita a sus padres para comer, vestirse o guarecerse del frío.
  • Cada niño se identifica con una cosa diferente, vibra con uno u otro tema. ¿Se siente solo cada día al separarse de mamá? ¿Tiene celos de papá o problemas con los hermanos? Estos temas se exploran en los cuentos tradicionales y toman forma (puede que no literalmente) en el teatro, el guiñol y los dibujos animados.

Entiende el teatro

Las obras de teatro no son tanto para comprenderlas como para vivirlas, y los niños las viven intensamente. Pero, ¿cómo tienen que ser las obras de teatro para bebés?

  • Duran unos 25 ó 30 minutos, están especialmente diseñadas para niños menores de tres años y se adaptan a sus intereses, ritmos y capacidad de modular las emociones. La interacción es importante.
  • Los actores recrean el universo de los más pequeños, su lógica, el espacio que comparten con los adultos... No hay demasiadas normas; puede tratarse de una comedia, un drama, una poesía o una experiencia sensorial.
  • Es bueno que respetemos sus emociones. Si de repente se echa a llorar, puede estar cansado, vibrando con la historia o liberando algo personal. Sea lo que sea, nunca hemos de tratarle como si estuviera molestando, sino escucharle y respetar su deseo de estar o no en la sala (por eso es preferible que podamos entrar y salir del lugar).
  • Disfrutan más si están cerca del escenario. Ellos "ven" la historia cuando se conectan con ella y si están lejos pueden perder contacto.
  • Aprecian poder estar en brazos, porque se sienten más seguros y así liberan sus emociones.
  • Al salir de la función, es posible que no sepa relatarnos la historia, pero eso no significa que no se haya enterado. ¿Qué nos parecería si, mientras nos cuentan un chiste el de al lado nos lo va explicando? Son tres desventajas en una: nos fastidia la historia, está poniendo en duda nuestra capacidad y, por último, él mismo se lo está perdiendo.

Dibujos animados

Los dibujos animados son la forma más pasiva de ser espectador. Al contrario que en el teatro, en los dibujos animados el espectador es totalmente irrelevante. El argumento y la forma de los dibujos no varían ni un milímetro ante la reacción del público, lo que sí ocurre en el resto de las artes, aunque estas variaciones no siempre sean apreciables.

Ver dibujos animados en la televisión puede tener su valor siempre que cumplamos con dos condiciones:

  • Que el tiempo no exceda de 15 minutos al día.
  • Que los peques vean la televisión en nuestra compañía (esta es la más importante). Nuestros hijos están frente a un aparato que no recibe sus respuestas (los niños de dos años intentan interactuar a menudo con la televisión) así que nosotros debemos ser los interlocutores entre ellos y los dibujos.

Guiñoles

Los guiñoles pueden llegar a ser muy feos. Son la manifestación de ese mundo simbólico en el que tan cómodamente se moverá nuestro hijo de tres años. Que aún no sea capaz de recrear esa realidad no quiere decir que no le guste.

  • Los movimientos toscos, las voces quebradas y roncas, las carreras unos detrás de otros y las peleas: "¡toma, toma, toma!", son perfectamente comprensibles para los pequeños, que se quedan hipnotizados ante los títeres.
  • Es normal que a veces se asustenporque algunos guiñoles son horribles. No es casualidad que los feos sean los que representan los miedos y la maldad y los pequeños lo saben. Que lloren no tiene por qué ser mala señal, ya que, ante los guiñoles o el teatro, los niños aprenden a liberarse de sus miedos. Si lloran, acerquémonos poco a poco a ellos según lo vayan aceptando. Cuando experimentan ese miedo en nuestros brazos, se sienten mucho más fuertes y seguros.
  • Los guiñoles se disfrutan más al aire libre, pero también les encantará una función casera.

 

  • Permite cambiar la sensibilidad del adulto. La actitud de descubrimiento del niño ante lo que a los padres nos parece obvio supone una verdadera revelación para nosotros.
  • Toda historia ofrece la oportunidad de adentrarse en la parte desconocida de uno mismo, algo a lo que el pequeño se entrega sin resistencia. Qué mejor que iniciar esta aventura de la mano de nuestros hijos.
  • Acompañarles es una forma de reconocer su potencial y todas las capacidades que tienen. Eso les da confianza: si nosotros creemos en ellos, ellos creerán en sí mismos.

 

Asesor: Carlos Laredo, director de teatro para bebés.

 

Etiquetas: 2 años, educación, planes con niños, teatro para niños, tiempo libre

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