Mindfulness

Actividades de mindfulness que podemos hacer en familia

Quienes han practicado el 'mindfulness' en alguna ocasión coinciden en señalar muchos de los beneficios que puede llegar a proporcionar la conocida como 'atención plena' en nuestro día a día. Y los niños también pueden aprovecharse de ello si, en familia, comenzamos a practicar algunas de las actividades que te proponemos.

Durante décadas, los efectos del mindfulness (o atención plena) en los adultos ha sido profusamente estudiado. Y, en el día de hoy, sabemos que su práctica proporciona excelentes beneficios para la salud mental y emocional. Sin embargo, es cierto que la investigación sobre los efectos de esta actividad en los niños no es, por el momento, tan extensa, pero la cantidad de estudios están creciendo rápidamente, y los resultados parecen ser bastante prometedores.

Y es que la atención plena brinda a los niños una serie de herramientas prácticas y sencillas para trabajar directamente con sus propios sistemas nerviosos, brindándoles la posibilidad de poder enfocar la atención y regular sus estados emocionales. De hecho, ayuda a mejorar la atención en los niños, dado que el entrenamiento de atención plena empieza precisamente con el aprendizaje de diferentes habilidades relacionadas con el enfoque.

De esta forma, cuando aprendemos a concentrarnos en una única cosa sin importarnos nada más, como podría ser simplemente nuestra propia respiración o el sabor de lo que estamos comiendo justo en esos precisos momentos, conseguimos que nuestra mente se calma y se fortalezca, ya que solo estamos prestando atención a lo que estamos viviendo en ese instante. 

A su vez, estas habilidades de concentración se traducen -en los niños- en un mejor rendimiento. Y es que no hay duda: siempre lo tendemos a hacer mejor cuando somos capaces de prestar atención a lo que estamos haciendo.

También puede ayudar positivamente a la hora de conseguir lidiar con las emociones más difíciles, incluso puede ser de utilidad para mejorar el control de los impulsos, al reemplazar las reacciones impulsivas con respuestas mucho más reflexivas. Gracias al mindfulness, los niños son más capaces de enfocar sus mentes, calmarse y reflexionar pausada y relajadamente sobre una determinada situación en la que necesitan tomar una decisión.

Y lo que es aún más interesante si cabe: ayuda a desarrollar habilidades que necesitarán a lo largo de su vida. Por ejemplo, se sabe que los niños que participan en actividades de atención plena tienden a tener una mejor regulación emocional, son más empáticos, más compasivos, no padecen tanto estrés ni ansiedad, poseen más habilidades de resolución de conflictos y pueden reflexionar más calmadamente.

Pero, ¿qué actividades relacionadas con la atención plena podemos practicar fácilmente en casa, y así hacerlas en familia?

1. Probar realmente aquello que estamos comiendo

¿Cuántas veces no comemos deprisa y corriendo, sin pararnos a pensar en lo bueno que puede estar aquello que estamos consumiendo? La clave está en aprender a saborear el alimento que tenemos delante, y en pedirle a nuestro hijo/a que se siente calmadamente delante del plato, y haga lo mismo.

Podríamos denominarlo como alimentación consciente, y se convierte en una de las prácticas más fáciles y sencillas de seguir. Simplemente basta con prestar atención al sabor, a la textura y a la temperatura de aquellos alimentos que estamos comiendo justo en esos momentos. 

¿Cómo hacerlo? Podemos pedir al niño que pase los primeros minutos de algunas comidas jugando -en silencio- con la comida que tenga en la boca, notando las diferentes sensaciones que le proporciona ese alimento. Es normal que su mente en algún instante tienda a escaparse, pero cuando nos percatamos de ello, simplemente debemos intentar volver a hacerlo de nuevo.

2. Salir a caminar por el campo

Los sonidos de la naturaleza tienden a relajar muchísimo. La respiración constante y en silencio, el sonido de los pájaros, unas hojas que crujen al pisarlas, una piña que cae de un árbol… El campo puede convertirse en una opción maravillosamente única de practicar la atención plena, no solo como adultos, sino también cuando somos niños.

Eso sí, aún cuando la naturaleza se convierte en una opción altamente relajante, en ocasiones no es posible coger el coche con la familia e ir a un bosque cercano. Cuando no es viable, basta con dar un paseo para escuchar atentamente el cualquier lugar, incluso en un parque o, por qué no, en un centro comercial.

La clave está en intentar prestar atención a los sonidos del lugar, aunque sí es cierto que cuanto más calmado y relajante sea, muchos más beneficios nos proporcionará.

3. Probar una meditación sentada

No es necesario ser todo un profesor para disfrutar de algunas de las cualidades más básicas que nos ofrece la meditación. En la mayoría de las ocasiones, incluso, simplemente basta con practicar una meditación formal, lo que significa que únicamente nos sentamos en un lugar cómodo y en silencio, sin movernos, y nos enfocamos en una única cosa. Aunque, es cierto, si a nosotros nos cuesta practicarlo en los niños puede acabar siendo todavía más complicado y difícil.

Para hacerlo tenemos que apagar los teléfonos móviles, la televisión y las luces, y hacer que todos se sienten en una silla con respaldo o en el suelo durante algunos minutos. Una de las formas más sencillas es enfocarse en la respiración.

Los niños, por ejemplo, pueden entenderlo imaginando que están soplando lentamente una taza de té caliente con la finalidad de enfriarla, y luego inhalan lentamente para beber el té más frío.

También es posible afianzan la confianza y el amor mutuo, haciendo círculos y cogiéndonos de las manos.

4. Contar mientras respiramos

Se trata de una actividad sumamente útil, sencilla y bastante simple. Solo consiste en respirar profundamente, por ejemplo, contando hasta cinco, para luego soltar el aire de la misma forma: lenta y lo más calmadamente posible.

Y puede convertirse en una interacción tremendamente lúdica y divertida. Por ejemplo, le podemos preguntar a nuestro hijo si puede respirar durante tres o cuatro segundos, o qué siente cuando respira.

5. Caminando en línea

Esta actividad se trata de un ejercicio inspirado por Montessori, y que consiste en caminar a lo largo de una línea fijada o marcada en el piso. Existen múltiples razones para llevarla a cabo, incluyendo sobre todo el desarrollo de la conciencia.

Para ello solo tenemos que colocar una cinta adhesiva en el piso, marcando una línea larga y recta, y utilizar una campana o cualquier otro instrumento musical con el que hacer ruido cuando el niño pierda la concentración y / o se agite.

Ahora tenemos que pedirle al niño que “camine a lo largo de la línea” mientras sostenemos la campana. Mientras camina a lo largo de la línea el niño practicará la concentración. Así, cada vez que la campana o el instrumento musical haga un ruido el sonido traerá conciencia y concentración a sus pensamientos.

6. Proporcionar lenguaje a las emociones

Dar lenguaje a las emociones se convierte en uno de los primeros pasos útiles a la hora de poder identificar cuáles tiene el niño, y luego expresar y poder procesarlas a través de ellas.

Una buena idea es aprovechar las conversaciones, mientras leemos un cuento o el tiempo de juego con la finalidad de enseñar y explorar nuevas palabras con las que poder describir las emociones.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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