Vacaciones

Estas son las razones por las que deberíais ir al pueblo a pasar el verano

¡Este verano de vacaciones al pueblo! El acercamiento a lo tradicional, a la vida saludable, a la familia, al deporte, a las raíces o a la cultura se refuerzan a través de las vacaciones de verano en los pueblos.

hermanas paseando por el campo
Fuente: Depositphoto

El 50% de los españoles elige como destino de sus vacaciones un pueblo o ciudad costera en nuestro país. Este año de pandemia, con fronteras cerradas en algunos países y la necesidad de recuperar el sector turístico español, parece que lo más acertado es quedarse en nuestra tierra. Veranear en un pueblo es una de las opciones que más nos atrae este año por dos motivos: nos aleja de masificaciones y podemos disfrutar del contacto con la naturaleza, tan necesario tras meses de confinamiento.

La desconexión con las grandes ciudades es una opción que nunca ha pasado de moda. Aunque actualmente las razones que hay detrás de no moverse de España estén relacionadas con la crisis sanitaria, la conciliación o la economía familiar, lo cierto es que pasar unos días en un pueblo puede traer consecuencias muy beneficiosas para el desarrollo emocional de los niños.

Recuperando la conexión con la naturaleza

Uno de los valores más destacados que puede aportar a los niños la vuelta al pueblo durante las vacaciones es el contacto con la naturaleza. Estarán rodeados de entornos más saludables, donde pueden pasar más tiempo al aire libre junto a animales y plantas.

Toda una experiencia enriquecedora que a la que no se tiene acceso tan directo en la ciudad. "No es lo mismo acudir a un parque, que no deja de ser una construcción artificial que emula la naturaleza, que la experiencia de pasear por caminos de tierra, bañarse en ríos, ver ovejas, caballos, burros, con un paisaje natural o rural", explica Ana Velasco Gil, socióloga decrecentista, madre y habitante del medio rural. "Este valor es clave ya que pone en contacto la infancia con la naturaleza y permite que la relación y el conocimiento de la misma sean ya en sí un aprendizaje".

El aprendizaje es tener nuevas experiencias, conocimientos y vivencias que enriquecen y dan una visión más amplia del mundo y la realidad. Y un niño que no tiene este contacto, "además de verse privado de la riqueza de la naturaleza, también se ve más delimitado en el futuro porque empobrece su conocimiento, su visión más amplia de otras realidades o formas de vida", comenta.

Amor por el medio ambiente

Uno de los principales valores que adquieren los niños cuando pasan temporadas en entornos rurales es el contacto, amor, integración y respeto por la naturaleza y los animales. Se trata de su primer contacto para aprender a respetar el medio ambiente. Más del 21% de los destinos vacacionales son en parajes naturales.

Familia y amistades

Los niños están en entornos mucho más cercanos, familiares, pequeños, "que nos permiten volver a la vida en comunidad, a unas relaciones más estrechas y a fomentar el valor de la amistad", explica la experta. Las relaciones sociales se estrechan en estos entornos y permiten "un mayor contacto entre distintos grupos o colectivos sociales por la propia cercanía y familiaridad que en una ciudad puede que no se dieran". Además, dadas las circunstancias actuales, evitar las aglomeraciones es casi una necesidad.

Tiempo, tiempo y tiempo

El ritmo de las ciudades y de la sociedad en general se caracteriza por las prisas, los horarios y las rutinas, mientras que el verano, y en concreto la vuelta al medio rural, representa todo lo contrario. Para los niños esto se traduce en una mayor calidad del tiempo que pasan con sus padres, sin tantas ataduras al horario laboral o escolar, en una mayor capacidad para la improvisación, la sorpresa, el descubrimiento y el conocimiento, porque éste es más autónomo menos formal y más creativo.

Así, cocinar, cultivar un huerto, ir a ver los animales de la granja, hacer castillos en la playa, recoger conchas, hacer collares, pasteles, cabañas, encontrar insectos, disfrutar de las verbenas y fiestas, hacer peñas, y todas las actividades que podamos recordar de nuestra infancia, "son formas de aprendizaje y de un aprendizaje más libre, en muchas ocasiones más creativo y autónomo, y que facilita el desarrollo de las capacidades y habilidades", añade Velasco.

Libertad y maduración

Estos entornos están envueltos de una mayor seguridad, por lo que a muchos niños se les permite "poder jugar en la calle, en los parques, en las plazas… sin depender del automóvil, del móvil o de una vigilancia constante de los padres", cuenta la socióloga. El retorno al pueblo es volver a poder andar libre, ir en bicicleta, estar con los amigos, los abuelos y contribuye a generar una sensación placentera y de libertad única en la infancia.

"El valor de la libertad e independencia permiten a los niños tener un espacio más libre y seguro para poder moverse sin vigilancia constante ni sensación de miedo o peligros" algo que, día de hoy, añade, está diametralmente opuesto a la "sociedad de la seguridad" o la "sociedad del miedo" en que vivimos. "En concreto dentro del cuidado a la infancia también se han incrementado las medidas de seguridad en todos los aspectos, lo que ha llevado también a una pérdida de autonomía, independencia y libertad", explica la experta.

Disfrutar con los padres

En lo que respecta a la infancia, no se trata solo de favorecer un espacio más familiar, cercano o natural sino también de "dedicar tiempo a nuestros hijos de calidad, facilitar su independencia y autonomía, fomentar sus experiencias y priorizar valores", asuntos que dependen mucho también de la actitud de los padres para estar dispuestos a que a ellos también les enriquezcan "las oportunidades que les brinda este entorno, la importancia que den a la naturaleza, a una alimentación sana, a las relaciones sociales, culturales o sociales".

La calidad de vida de la infancia debe estar relacionada con la capacidad disfrutar de unas vacaciones, de un espacio de diversión, de tiempo de calidad para estar con la familia, para disfrutar de sus amigos, "pero también para poder hacerlo en entornos adecuados, espacios verdes, rurales, naturales, que les permitan dejar de lado las prisas, el ruido, la contaminación y el miedo, para volver a ser libres aunque sea durante el verano", explica la socióloga.

Ecologismo, amor por la naturaleza

Uno de los valores más importantes y que más y mejor pueden aprender los niños en entornos rurales es el ecologismo. "Se trata del valor por reducir, reciclar, reutilizar. Apreciar las cosas hechas por uno mismo -alejado del consumismo extremo- el cooperativismo o el aprovechamiento de los recursos que se da en el medio rural en mayor medida que en las ciudades", añade la socióloga.

Alimentación saludable

Asimismo, el entorno rural tiene una mayor asociación con una alimentación saludable que apuesta por la cercanía, lo local y donde existe una mayor facilidad para que podamos recolectar nuestros propios productos y obtenerlos frescos. El valor de la cocina tradicional, el consumo local y una alimentación en donde predominan las frutas y verduras son algunos de los beneficios de veranear en un pueblo.

Déjate seducir por su belleza y tranquilidad y regresa a tus orígenes.

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