Psicología

¿Cómo puede ayudar el mindfulness a la relación entre padres e hijos?

Crecer, sanar y evolucionar en familia, los conflictos como oportunidad de crecimiento y cómo la práctica del Mindfulness nos puede ayudar.

“Si existiera algo que quisiéramos cambiar en los niños, deberíamos primero examinar y ver si no hay algo que podría ser mejor cambiar en nosotros mismos”, Carl G. Jung

Nuestros hijos nos ponen a prueba día a día, nos llevan al límite, a veces con comportamientos que no entendemos y esto, aunque nos cueste verlo, son situaciones que nos pueden hacer crecer y evolucionar individualmente y como familia.

Si conseguimos ver lo que resuena de nuestra historia vivida, lo que tiene que ver con nuestras heridas y conflictos internos, y no con lo que creemos que tiene que ver con la conducta de nuestro hijo, podremos ser más conscientes de nuestros asuntos pendientes y así poner remedio para no dejarles este legado, puesto que sabemos que estos “asuntos” que no conseguimos resolver, de alguna manera se transmiten de generación en generación.

Deberíamos poder ejercer de padres como seres completos y no a partir de nuestras dificultades o heridas. Aquí la práctica del Mindfulness puede ayudarnos mucho, parar y respirar, observarnos, observar qué está ocurriendo, qué me está ocurriendo, ser conscientes de nuestras reacciones, qué es lo que nos saca de nuestro centro, ver las causas reales que tienen que ver conmigo, no con mi hijo como al principio siempre pensamos… Lo que parece un conflicto con mi hijo puede ser una oportunidad única de autoconocimiento y de crecimiento.

Ir aumentando nuestra consciencia relacional es de vital importancia si quiero identificar lo que me ocurre con respecto a determinadas situaciones, no es mi hijo, soy yo, y por tanto yo tengo la responsabilidad de ver qué me pasa en relación a él y en esas situaciones que terminan en discusión y desbordamiento emocional por nuestra parte.

Cuando nos encontremos en una situación que sintamos que nos desborda, intentemos parar, irnos a un sitio tranquilo si podemos, respirar para intentar bajar el nivel de activación, unas respiraciones profundas abdominales poniendo toda nuestra atención en la respiración o unas respiraciones con retención siguiendo los siguientes tiempos: inhalo en 4, retengo en 8 y exhalo en 8, puede dar muy buenos resultados para calmar nuestra mente y nuestro sistema nervioso y desfocalizar la atención del conflicto para así poder evaluar qué me está pasando, ver mi reacción a qué se debe, identificar qué tiene que ver conmigo y qué es lo que tiene que ver con la situación o con mi hijo.

Buen reparto de las responsabilidades

Obviamente nuestro hijo deberá asumir su responsabilidad si existiesen consecuencias que se debieran asumir derivadas de sus actos, a esto se le llama aprendizaje experiencial, y debemos permitírselo para que pueda crecer y desarrollarse como individuo sano y completo, siempre que no implique un riesgo real para su persona o terceros. Nuestro papel es el de proteger y cuidar, pero también el de educar conscientemente y mantenernos firmes amorosamente en nuestros límites y consecuencias.

Nuestros hijos quieren padres presentes y conscientes, no padres perfectos. Debemos ser una base segura para que puedan aprender sin miedo, asumiendo y siendo responsables de sus actos y consecuencias, debemos ser sus Guías, su apoyo incondicional, respetándoles como personas y seres únicos, y no dejando que nuestras heridas y dificultades minen la relación que tenemos con ellos y como consecuencia su correcto desarrollo y crecimiento.

El poder estar disponibles, estar ahí para ellos con todo nuestro amor y aceptación incondicional, estar presentes y conscientes nos permite ser y estar en conexión con ellos, aprendiendo juntos, creciendo juntos.

“Si nos aceptamos a nosotros mismos, aceptaremos incondicionalmente a nuestros hijos”

Artículo elaborado por Patricia Beltrán Pardo, psicóloga Infantojuvenil, Psicoterapeuta y Terapeuta Familiar de Psicólogos Pozuelo 

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