Adiós a la ansiedad

Consejos para poder dejar de decir 'no me da la vida'

Si te sientes identificada al 100% con el entrecomillado del titular, continúa leyendo porque intentamos darte algunas pautas para que ese sensación te invada lo menos posible.

Foto: Pexels
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Como igual te has quedado pensando tras leer la entradilla, no podemos garantizarte al 100% que con las pautas que te daremos a continuación vaya a desaparecer de tu vida por completo esa sensación que a todos los padres del mundo nos ha invadido en alguna ocasión (o en muchas) del “no me da la vida”. Pero si que podemos, creemos, a que el “no puedo más” no te ronde tan a menudo por la cabeza. 

Para ello, es fundamental afrontar la paternidad/maternidad sabiendo que implica un nuevo escenario en tu vida que conlleva cambios importantes, que no sacrificios. A partir de esta base te resultará mucho más sencillo entender que las expectativas no pueden ser las mismas: no vas a poder las mismas cosas que hacías antes de ser madre o padre. Y, ojo, no solo porque tengas un peque a tu cargo; a menudo ni siquiera te apetecerá porque el cuerpo y la mente te pedirán otras cosas distintas a las que te animaban a hacer antes. 

Dicho esto, con estos consejos que te damos a continuación además de aprender a regular tus expectativas en función de tus circunstancias actuales y no de las previas a ser mamá o papá, estamos seguros de que por lo menos limitarás esa sensación asfixiante de vivir siempre al límite del agotamiento, físico y mental. 

Pide ayuda

Quizá suene fuerte pero es así, tan directo como real. No somos máquinas, por lo que siempre que tengas la posibilidad y lo necesites, pide ayuda. Una tarde con los abuelos o con los tíos, un día que se queden después del cole con los padres de un compi de clase porque no puedes llegar con la lengua fuera… Lo que sea, pero pide ayuda. No lo dudes.

Escríbelo

Puede resultarte de ayuda escribir para desahogarte y tomarte un tiempo de respiro y de reflexión en medio de la vorágine que es la vida cuando se tienen hijos pequeños. Si no te funciona, no tienes nada que perder, pero a muchas personas les ayuda poder volcar sus sentimientos sobre un papel.

Aprende a pausar

Va de la mano con la recomendación de saber ajustar las expectativas. Ya llegará de nuevo ese día en el que puedas volver a elevarlas, pero en los primeros años de crianza suele ser mucho más saludable no poner el listón de las expectativas muy alto porque la caída duele más mentalmente. No te añadas más presión a la que ya tienes intentando mil cosas que no sean necesarias.

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La comunicación es esencial para sentirnos mejor en lo emocional así que igual que no eres menos por pedir que te echen una mano con los peques si sientes que no llegas, tampoco lo eres por acudir a un psicólogo en caso de que no te ayude apoyarte en alguien cercano y de confianza.

No te compares con otras madres o padres

No es fácil no hacerlo, sobre todo si tienes muchos ejemplos alrededor, que por otro lado es lo normal en esta etapa de la vida, pero no por ello hay que dejar de insistir en ello. De las comparaciones suelen salir lecturas negativas porque tendemos a mirar a quien creemos que le va muy bien. 

Resérvate un tiempo para ti

Esto es esencial para la salud del núcleo familiar, de la pareja y de uno mismo. La vida no lo pone fácil, así que somos conscientes de que no todo el mundo puede permitírselo, pero a menudo es mejor dar un paso atrás para coger que carrerilla que tirar hacia delante. Esto quiere decir que no pasa nada por renunciar a un par de horas de estar con nuestros hijos dos veces a la semana para hacer ejercicio, por ejemplo. Será beneficioso para todos, para ellos también, ya que su madre o padre estará más feliz. 

No entres a todas las batallas

Es desesperante estar todo el día con el no en la cabeza, por eso te recomendamos encontrar el equilibrio para elegir qué batallas se pueden ganar y cuáles merece la pena dejar pasar. No es lo mismo que caer en el pasotismo.

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