Educación ambiental

Consejos para trabajar un huerto urbano con tus hijos

Ya sea un pequeño espacio privado en casa o mediante la concesión de un bancal en un huerto público, se trata de una actividad ideal para involucrar a los peques de la casa.

Cada vez son más las personas que se atreven a diseñar y trabajar un pequeño huerto urbano en sus terrazas, azoteas o patios, aquellos que tengan la suerte de tenerlos en casa. Para los que no dispongan de estos espacios, también aumenta de forma paulatina la lista de ayuntamientos que están abriendo este tipo de espacios públicos. Se dividen en pequeñas parcelas que suelen ser sorteadas entre los interesados, que luego deben explotarlas tal y como se han comprometido a hacer cuando se apuntan al sorteo de los bancales.

Estos huertos urbanos son una actividad genial para socializar, una excusa perfecta para ver semanalmente a los amigos, con los que podéis dividir la responsabilidad de sacar adelante el huerto, y un plan perfecto si encima tenéis peques en casa. 

Para estos últimos, el huerto en casa también es una alternativa muy divertida. No ofrece un espacio donde socializar pero a cambio se mantienen vivas las virtudes de los huertos urbanos, que al fin y al cabo es la de proporcionar un contexto amable y positivo en el que estar en contacto directo con el mundo vegetal

En ambos casos, tanto en un huerto en casa como si disponéis de la cesión de un espacio en uno de titularidad pública, es fundamental saber cómo trabajarlo junto a los peques, tanto a nivel técnico como de organización. 

Diseña bien el huerto en función del espacio y la orientación

De entrada, en un huerto urbano, con el espacio tan reducido que tiene, la prioridad no es la producción de vegetales, sino lo que trabajarlo de manera constante supone a nivel personal: potenciar valores como la constancia, la perseverancia, la paciencia o el trabajo en equipo si lo cuidáis con vuestros peques o con otros adultos, además de cuestiones éticas como la sostenibilidad y el cuidado del entorno.

Resulta fundamental diseñar bien el huerto en función del espacio que dispongáis, de su orientación y de la superficie donde esté ubicado. Por ejemplo, en un espacio en altura, como una terraza o una azotea, es fundamental impermeabilizar bien aquella superficie que se va a destinar al huerto. Si es sobre la tierra, en el suelo, la clave radica en respetar las características de este, sin removerlo mucho, todo lo contrario de lo que ocurre cuando se planta en un recipiente artificial diseñado para ello.

En cuanto al tamaño del espacio, no es tan decisivo como el hecho de que cuente con al menos cinco o seis horas de sol al día, pero si es muy pequeño -por ejemplo un alféizar-, es recomendable escoger cultivos de pequeño tamaño como las verduras de hoja verde.

Además, es fundamental hacer una buena gestión del riego y respetar el calendario de siembra y recogida porque la naturaleza lleva su curso natural y no debemos interferir en él. 

Formarse antes de empezar

Estos consejos son, de todos modos, solo una introducción a nivel técnico, por lo que nuestra recomendación es que os documentéis bien al respecto si vais a trabajar un huerto con peques, que hagáis un pequeño curso de iniciación o que, en su defecto, pidáis consejo a un adulto que controle de la materia para que os haga de guía y profesor al mismo tiempo y vosotros podáis darle continuidad a lo aprendido con vuestros hijos. 

Lo que sí podéis hacer desde el primer día que empecéis a preparar el huerto urbano es trabajar con ellos los valores que más se pueden exprimir con esta actividad. El primero, hacerles partícipes del proceso, que se sientan escuchados e implicados, y que así también vean el valor del trabajo y el esfuerzo que conlleva hacer algo planificado previamente, pero que al mismo tiempo entiendan el valor de hacerlo en equipo, no solo porque sea más eficiente, sino también más divertido casi siempre. 

Esto, a su vez, potenciará en ellos la responsabilidad individual, la empatía y también la autonomía y toma de iniciativas porque muchas veces serán ellos los que os animen a echar un vistazo al huerto. Por un lado, porque les gustará trabajar en él y, por otro, porque no quieren que se estropee. Se preocupan por ello y lo tienen en mente. 

Por último, hay una labor divulgativa maravillosa que se puede hacer para que desarrollen hábitos saludables de alimentación y de ética personal. En cuanto a la alimentación, nada como mostrarles el proceso de cultivo y darle luego continuidad en la cocina para que se familiaricen con alimentos saludables y los asimilen, de buen gusto, en su dieta cuanto antes. Y en cuanto a la ética y al comportamiento, ¿qué mejor que llevar un huerto urbano para entender la importancia de cuestiones como el reciclaje? Podéis reutilizar madera, crear vuestro propio compost, utilizar el creado por otros y también podéis aprovechar herramientas y recipientes vetustos que seguro pueden tener una nueva oportunidad en vuestro huerto urbano familiar.

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