Def con Tres. Porque las familias numerosas son así

El cumple mes del tercero. Viva Las Vegas

Elvis ha superado su primer mes de convivencia con todos nosotros. Supongo que a partir de ahora el riesgo de fuga disminuye. Aunque después del inexistente cumple mes no me extrañaría que se lo repensara.

Viva Las Vegas

Martín, mi hijo mayor, tuvo una fiesta con pastel y fotos para celebrar durante un año todos y cada uno de los meses que iban pasando. Lo de Beatriz, la mediana, se quedó en una simpática magdalena con su correspondiente velita. Y a Elvis (ya sabéis que Héctor, para nosotros, es el rey del rock) no le hemos hecho ni foto. Por no tener no ha tenido ni galleta de celebración. Mi pregunta sobre la magdalena y la velita al llegar a casa se ha ido al garete y mi compromiso se ha desinflado como un suflé. El patetismo ha alcanzado cotas inigualables. Sí, con el tercero todo cambia. Se trata este de un fenómeno bastante lamentable, pero extendido de forma singular. Si eres el tercero heredas mucha ropa rara y te quedas sin celebrar nada. Bueno, escuchamos el gran tema de Elvis Viva Las Vegas. Menos mal que el sábado llega desde Barcelona su madrina.

 

Sobre ruedas

 

Estas cuatro semanas han sido intensas, extrañas y salvajes. Desde la llegada de la Estrella del Rock todo se ha sucedido de manera tan vertiginosa como el “downhill longboard”. Ésa es una modalidad extrema de descenso en monopatín de carreteras sinuosas en la que los “riders” asumen velocidades que superan ampliamente los 80 kilómetros por hora. Se sufre, pero se disfruta muchísimo. Cada centímetro recorrido de asfalto es una victoria. Se trata de un deporte en el que la adrenalina se dispara. La única protección se compone de un casco y unos guantes para frenar con las manos. Se requiere destreza y equilibrio sobre la tabla a partes iguales. Y, sí, claro, todo va sobre ruedas hasta que el menor descuido, o un palito en mitad de la carretera, o una piedra pueden dar al traste con todo. Así andamos, que ni fiesta ha tenido el chaval, los cinco sobre el monopatín con los dientes apretados y la mirada fija en la carretera para no caer.

 

Cerveza y varicela

Entre tanto, los días se suceden a la velocidad de la luz con una sensación de sueño constante. Yo me desvanezco sobre la mesa de no importa qué lugar, cual bella durmiente, con sólo oler una cerveza. Ya ni recuerdo lo que es tomarse una birra, por no hablar de otras cosas. Por su parte, Beatriz está empeñada en proteger a su hermano Héctor de no sé qué salvaje depredador de bebés con una espada de madera y una cesta de plástico a modo de yelmo. Martín es el que lo lleva peor. Desde el jueves pasado vive en una escafandra de aislamiento por culpa de la varicela infantil. Pensábamos que se había erradicado, pero no. Se imponen tres tendencias: vacunar desde temprana edad, esperar a los doce o no aplicar ninguna vacuna. Seguro que los vástagos de los expertos no se contagiaron uno detrás de otro. Vacunen a sus hijos. La madre se nos fuga. Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa.

 

 

Etiquetas: familia

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