Def con Tres. Porque las familias numerosas son así

Killing them softly

¿En qué se parecen una tortuga, un hámster y un bebé de poco más de quince días? Para un adulto en nada. Sin embargo, para dos niños de 4 y 6 años despiertan la misma ternura y disparan una irreprimible pulsión táctil.

Killing them softly

Pues eso, Elvis para sus hermanos en estos momentos es algo así como una tortuga dentro de su terrario maloliente con agua. Les encanta sobarlo cuando menos conviene y pasan de él a la hora de alimentarlo y cambiarlo. Lo observan con curiosidad y cautela, pero tampoco suscita mayor interés más allá de la intención de cogerlo un rato en brazos. Su madre y yo pensamos que si se cae al suelo y se desmonta ya le volveremos a enroscar la cabeza. Beatriz y Martín no nos pidieron ni una tortuga ni un hermano, por lo tanto no podemos pedirles responsabilidades, tampoco podríamos si lo hubieran hecho. Así que, entre sobeteos impunes, retortijones y lloros, el chaval crece.

 

Mientras tanto hemos compaginado un incesante carrusel de visitas familiares (abuelos, tíos y amigos) de lo más agradables con la búsqueda incansable de un piso más amplio y el trabajo. El goteo de encuentros se intensificará hasta el sábado o el domingo. Pero sólo hace falta poner cara de estreñimiento para dar pistas y la vida sigue.

 

Además del contacto de Elvis con sus fans, también hemos notado en estos días que Héctor nos altera a todos un poco más de lo normal y nos mata suavemente. Por un lado, Beatriz ha aparecido en nuestra cama alguna que otra noche o se ha puesto a llorar a las pocas horas de irse a dormir. La devuelvo a su lecho inmediatamente. Su hermano mayor, de por sí un niño con destreza para las respuestas ágiles y contundentes –de esas que desatan la furia de cualquier progenitor-, estos días se ha cubierto de gloria. Pero, igual, como sostiene su madre, es que empezamos a acusar la falta de sueño.

 

Beatriz ha descubierto que no ingerir alimentos para desayunar y cenar rompe la monotonía familiar y para ella debe ser un divertimento bastante cachondo. En estos días he constatado con más fuerza que nunca que mi paciencia para la lucha infantil tiene límites. Han llegado a aliarse para humillarme. Saben que las críticas culinarias positivas hacia el puré del colegio me hunden mientras reniegan de mi esmerada crema de verduras. Además, beben la leche en unos vasos de cubata que trajo el padrino de Héctor como recuerdo de la fiesta de Riudoms a la que no pude asistir. El logotipo es una cara de bebé con bigote. Cada mañana me recuerda que estoy en la cresta de la ola.

 

Ah, sí, que dice Elvis-Héctor que le manda un saludo a su primo alemán Anton y a Xisca y a sus primos de Palma por hablar, expresarse y pensar como ellos. Elvis is alive y el que no lo crea que se pase por casa.

 

 

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