Noche mágica

Historias para contar durante las perseidas

Este fenómeno astronómico disfrutable cada mes de agosto que tanto atrae a los niños va más allá de la ciencia porque la tradición, como es costumbre, ha hecho crecer la leyenda a su alrededor.

Cada primera quincena de agosto, las perseidas iluminan nuestros cielos regalándonos uno de los espectáculos visuales naturales más bonitos de ver. A los niños, lógicamente, la idea de ver algo único como esto les genera interés, curiosidad y motivación que todavía será mayor si los alimentáis dándole contexto a la historia contándoles la verdad acerca de ellas pero también las leyendas que las rodean.

La verdad, que seguramente ya conozcas si es un fenómeno que te interesa el de las perseidas, es que el cometa 109P/Swift-Tuttle deja este polvo meteórico que se puede ver una vez al año desde la Tierra. En este 2021, será entre el 11 y el 13 de agosto cuando se pueda ver atravesar la atmósfera e iluminar el cielo de forma fugaz -dura más tiempo, pero estos son los días en los que se pueden llegar a ver más de 200 luces fugaces centelleantes cada hora en el cielo-.

Las perseidas son, por lo tanto, una lluvia de polvo meteórico que es posible apreciar gracias a que nuestro planeta gira alrededor del sol, de ahí que solo se vea una vez al año y siempre sobre las mismas fechas. No es que el cometa pase por aquí, sino más bien lo contrario: nosotros somos los que pasamos por la zona de influencia de estas partículas de polvo que se aprecian muy bien cielos despejados, de nubes y de contaminación. 

Leyendas sobre las perseidas

Para darle potencia narrativa a la historia, podéis contar a los peques dos historias distintas sobre este fenómeno astronómico. Están vinculadas cada una de las leyendas a dos tradiciones culturales: la cristiana y la griega. 

La primera de ellas es la que explica por qué se conoce a las perseidas como las Lágrimas de San Lorenzo, cuya onomástica se celebra el 10 de agosto. Es justo la antesala del espectáculo de las perseidas. A veces coincide en fechas y en otros casos, como ocurre este año, es justo antes. 

La leyenda cristiano asocia las perseidas a las lágrimas que el mártir vertió al ser quemado vivo en la hoguera en Roma, paralelismo que se establece por la coincidencia de fechas entre ambos fenómenos, el religioso y el científico. 

La segunda leyenda, la griega, es mucho más antigua porque está vinculado a la figura de Perseo, personaje principal de la mitología griega. De hecho, Perseo da nombre a las perseidas, como se puede apreciar a simple vista en la raíz que comparten ambas palabras. Esto se debe a que las “estrellas fugaces” caen justo desde la constelación de Perseo. 

En la mitología griega, Perseo es el hijo de Zeus y la ninfa Dánae. Cuenta la leyenda que, enamorado Zeus de la bella ninfa, tuvo que metamorfosearse para poder entrar en la habitación de su amada y concebir a su hijo Perseo, para lo que eligió precisamente una lluvia dorada. 

Por eso se conoce a este personaje mitológico que, según la leyenda, cortó la cabeza de Medusa y liberó a Andrómeda, con la se casó, como el caballero nacido de una lluvia dorada, que precisamente es muy similar a lo que se produce en el cielo cuando las perseidas son visibles. 

Sin embargo, no es tanto por esta historia mitológica por lo que se bautizó a las perseidas con dicho nombre, sino por la creencia inicial de los científicos que estudiaron el fenómeno con la constelación Perseo. Estamos hablando del siglo XIX y del trabajo del astrónomo francés Adolphe Quetelet y del italiano Giovanni Virginio Schiaparelli en 1835. Casi 30 años después, en 1862, el propio Schiaparelli consiguió establecer el origen real de las perseidas, que no es la constelación de Perseo, sino el cometa Swift-Tuttle.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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