Vacaciones de verano

Juegos acuáticos infantiles: precauciones y riesgos

Siempre que el niño se encuentre en la playa o en la piscina es fundamental mantenerlo debidamente vigilado, así como evitar al máximo riesgos innecesarios. Te descubrimos algunas pautas sencillas y consejos útiles que te ayudarán a disfrutar de unas vacaciones de verano más seguras.

Ahora que nos encontramos a las puertas del comienzo de las vacaciones de verano, un tanto extrañas -dicho sea de paso- por la situación de “nueva normalidad” en la que nos encontramos inmersos después de unos meses de confinamiento como consecuencia del estado de alarma aprobado el pasado día 14 de marzo después del brote de coronavirus que sufrió nuestro país, muchos niños y adolescentes piensan en divertirse y en pasarlo a lo grande. Y los juegos acuáticos son una opción excelente en los días de mayor calor.

Independientemente de que nos encontremos pasando unas divertidas vacaciones en un complejo turístico, o si disponemos en casa de un pequeño jardín o una cómoda terraza, es perfectamente posible disfrutar con los más peques. Aunque, es cierto, algunos juegos en el agua no están exentos de riesgos, por lo que es necesario mantener una serie de precauciones básicas, y saber cómo actuar ante determinados problemas cuando surjan.

Y es que a medida que el niño crece, también comienza a chapotear, jugar y utilizar divertidos juguetes acuáticos, además de aprender a nadar por primera vez. Pero cuando se trata de una piscina, las precauciones a tener en cuenta dependerán tanto de la edad que tenga el niño como del tamaño de la misma. Y es que no es lo mismo una piscina hinchable para un niño de 1 o 2 años, que una piscina privada o de un complejo turístico.

Algunos consejos de seguridad útiles a tener en cuenta

Ya sea en una piscina o en una playa, pocos padres y madres saben que los niños pequeños pueden ahogarse en silencio en apenas 25 segundos, incluso en la parte de la piscina poco profunda, o en una piscina desarrollada y diseñada específicamente para bebés.

Lo cierto es que todos estamos malacostumbrados a las típicas escenas de ahogamiento de las películas, donde la persona -o el niño- que en teoría se está ahogando en el agua, agita los brazos con fuerza y grita pidiendo auxilio. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones esto no es del todo así. Es más, en el caso de los niños (sean pequeños o no), es más probable que se encuentren ocupados realizando un esfuerzo muy grande para intentar mantenerse a flote y dejar la cabeza fuera del agua, por lo que no tendrá tiempo para gritar y solicitar ayuda. Además, suelen hundirse bastante rápido.

La mayoría de los niños se ahogan porque sus padres vuelven la cabeza por unos pocos segundos, o simplemente no tienen idea de que el pequeño se encuentra cerca de la piscina. Como opinan los expertos, en 9 de cada 10 ahogamientos, los padres, tutores o cuidadores afirmaban haber estado supervisando al niño justo en ese momento.

Pero los niños, en particular los más pequeños, y que son en definitiva los que más riesgo corren en este sentido, tienden a ser más impulsivos y rápidos, por lo que es muy común que en un segundo de despiste se echen a correr y entren al área de la piscina. De hecho, quizá te sorprenda descubrir que muchos ahogamientos ocurren en fiestas donde están presentes muchos adultos alrededor, porque todos suponían que alguien más estaba mirando para el agua.

1. Vigila siempre al niño / a, en todo momento

La supervisión de los niños tanto dentro como alrededor del agua debe ser siempre cercana, atenta y constante. Los niños que todavía no tienen experiencia como nadadores, necesitan una supervisión constante, independientemente de que se encuentren jugando en la playa o en la piscina. Y esto significa que sus padres (o cualquier otro adulto responsable) debe permanecer en el agua en todo momento, siempre a poca distancia para poder reaccionar rápidamente si es necesario, prestándole el cien por cien de atención.

Incluso aunque el pequeño no esté en el agua, pero sí se encuentre cerca de ella, es necesario vigilarlo en todo momento, observándolo y supervisándolo de manera activa.

Una vez que el pequeño haya aprendido a nadar largas distancias, y ya sea capaz de flotar sobre su espalda, no es tan necesario que estemos cerca de él, pero siempre debemos mantenerlo vigilado / a, independientemente de la edad que tenga. 

2. Evita utilizar el teléfono móvil en la medida de lo posible

Cuando estés en la piscina o en la playa, trata de silenciar el teléfono móvil y guardarlo fuera del alcance de tu bolso. De esta manera no tendrás la tentación de cogerlo cada dos por tres.

De hecho, si escuchamos un mensaje de texto y encendemos nuestro teléfono móvil solo durante cinco segundos (el necesario, por ejemplo, para ver quién nos ha escrito), es suficiente para que un niño pueda quedar sumergido bajo el agua. 

Eso sí, esto no significa que debas dejar el teléfono en casa o en el apartamento. Es mejor tenerlo con nosotros, para utilizarlo exclusivamente en caso de emergencia.

3. Cuidado con los resbalones

Cada año, miles de niño sufren lesiones y heridas porque, al correr o caminar descalzos alrededor de la piscina, se resbalaban y caían al suelo. En algunos casos, la lesión puede ser muy grave, especialmente si se da un golpe contra el borde de la piscina.

Por tanto, es fundamental evitar que los niños corran cerca de la piscina o que jueguen cerca de esta, incluso aunque ya sean grandes.

4. Enseña siempre las conocidas como reglas del agua

Existen un total de 5 reglas básicas que podríamos memorizar no solo nosotros, sino también los más pequeños de la casa. Son las siguientes:

  1. No correr.
  2. No empujar a la gente.
  3. No bucear en el extremo poco profundo.
  4. No empujar a otros niños debajo del agua.
  5. No nadar, nunca, sin la supervisión del adulto.
Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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