Crecimiento personal

La maternidad y paternidad como herramienta de crecimiento personal

La maternidad y la paternidad traen consigo cambios de 360 grados en un hombre o una mujer. Te contamos cómo aprovecharlos para crecer personalmente.

Paternidad y maternidad

A veces pensamos que para trabajar nuestro crecimiento personal debemos realizar muchos cursos, retiros y comprar libros especializados.

La verdad es que esto ayuda,  al menos al principio, pero no son las únicas herramientas para trabajar nuestro crecimiento personal. Después de un tiempo, empiezas a seleccionar más las herramientas para trabajar tu crecimiento personal.

Es entonces,  cuando observas que puedes trabajar tu crecimiento personal en muchas facetas de tu vida. Por ejemplo: en el marco laboral, en las relaciones familiares o en la pareja y como no, en las relaciones con nuestros hijos.

Los hijos como espejo

La relación con nuestros hijos nos marca desde el nacimiento, nunca más volveremos a ser las mismas personas. Nace otra versión de nosotros, la versión madre-padre. Es una versión nueva, que no conocíamos antes pero que poco a poco se va formando. La formación de esta versión dependerá de lo que vivimos cuando éramos niños y también de la relación que construimos con nuestros hijos e hijas.

Como terapeuta, observo una y otra vez, que los hijos nos hacen de espejo a los padres. Si quieres saber lo que de verdad necesitas trabajar a nivel personal, observa a tus hijos.

Ellos nos hacen de espejo y podemos observar señales de nuestras propias emociones. Nos dan pistas sobre emociones que sentimos ya sean actuales o bien que forman parte de nuestra propia historia emocional o de conflictos no resueltos.

A través de ellos, podemos encontrar pistas de nuestro propio bienestar o del estrés que estamos viviendo. A veces como adultos reprimimos emociones y nuestros hijos se hacen cargo de ellas, mostrándolas.

Cuando no nos gusta lo que vemos

Cuando no nos gusta lo que vemos en nuestros hijos, es bastante probable que estén reflejando algún aspecto nuestro del que no somos conscientes y que no hemos aceptado. No lo hemos aceptado, bien porque no nos gusta, o bien porque ni siquiera creemos que es parte de nosotros.

Es necesario y de gran ayuda, tanto para los padres como para los hijos, aceptar y entender ese aspecto inconsciente para poder estar en sintonía con nosotros mismos.

Muéstrales que tú puedes lidiar con lo oculto, con tu sombra, así ellos se sentirán más ligeros y también aprenderán a lidiar con sus sentimientos.

Cuando nuestros hijos presentan alguna emoción desbordada o algún conflicto con lo establecido, por ejemplo: está muy enfadado, tiene mucha rabia, pegamuerde, destruye, está siempre desanimado y triste. Entonces hay que agradecer esta oportunidad, ya que ésta situación nos permitirá ver qué hay de nosotras en esa emoción. ¿Qué rabia estamos reprimiendo? ¿Con quién estamos tan enfadadas?

Cuando nosotras trabajamos estas emociones en nosotros, ellos se liberan. Por eso, nuestros hijos son nuestros maestros de autoconocimiento.

También puede ocurrir que lo que vemos no nos guste porque nos recuerde algún familiar o persona que nos ha hecho daño. Está bien establecer límites, si esa situación o esa forma de respuesta ya nos produjeron dolor en el pasado. Hay que establecer unos límites sanos, sin conectar demasiado a nuestro hijo con esa persona. Hay que tener claro y confiar, que aunque en ese momento nuestro hijo se esté comportando como esa persona, nunca será esa persona.

Cuando proyectamos

Otra forma de ver el espejo en que se convierte nuestro hijo, es cuando proyectamos deseos no cumplidos, que son nuestros (pero no son los suyos).

También cuando queremos que cambien algunos aspectos, que reconocemos que son de nosotros mismos pero que no hemos logrado cambiar.

Esto podríamos decir q es un chantaje emocional invisible, ya que le cortamos las alas de su libertad, porque ellos siempre quieren satisfacernos a nosotros por amor.

¿Qué podemos hacer ante estas situaciones?

No luchar contra ellas intentando cambiarlas. Ni tampoco evitarlas. Lo más importante es aceptar la situación. Y después podemos observarlas desde fuera, conectarlas con nosotros. Encargarnos, como adultos que somos de estas situaciones, con mucho amor y aceptación.

La crianza es una gran oportunidad para que el crecimiento personal, que no podemos desaprovechar. Nuestros hijos nos hacen estar presentes, trabajarnos y conocernos,  mejor que cualquier retiro espiritual.

Si ahora mismo, sientes que hay conflictos en casa, piensa que son oportunidades para crecer. Son oportunidades para demostrarle no con palabras, si no con hechos, que te encargas de tus sentimientos y emociones. Te encargas de todo, en tu papel de madre o padre.

Así  le enseñarás a encargarse cuando esté preparado y sea adulto también.

Nuestros hijos no nos pertenecen, ya que se pertenecen a ellos mismos y son libres.

Les acompañaremos un buen trecho de nuestra vida, si todo va bien, pero no debemos ni tenemos que decidir por ellos.

Debemos darle el cariño y el sostén para que ellos se encarguen de sus deseos, de sus emociones y de sus sentimientos. De los luminosos, y de los menos luminosos. Ellos nos hacen de maestros, pero nosotros, con nuestra actitud, también.

Quizás no es la manera más fácil, pero si, la más valiente y honesta.

 

Escrito por Marta Angulo, autora del blog creceportucuenta.com

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