Entrevista

''La “solera” de los abuelos ya no es su mayor valor, sino el servicio que prestan"

Entrevistamos a Pablo Dávila Castañeda, autor del libro 'Ellos encantados', un relato ácido, inteligente, fresco y con grandes dosis de humor sobre el exceso de responsabilidad de los abuelos de hoy en día en el cuidado de los nietos (y muchas cosas más).

Hay familias que se sostienen gracias a la logística de apoyo de los santos abuelos. Hay familias que hacen verdaderos cambalaches para organizar su rutina diaria, hay otras familias que tiran de los abuelos solo en vacaciones. Sea cual sea vuestra situación en estas 344 páginas escritas e ilustradas con mimo por Pablo Dávila Castañeda encontraréis unas cuantas carcajadas que nos harán reflexionar porque como dice el autor "los abuelos son total y absolutamente imprescindibles".

Con capítulos cortos y de ritmo dinámico, la novela Ellos encantados (ed. Mueve tu lengua) combina las emociones y el retrato social a través de temas candentes como la conciliación familiar, el salto generacional, la idiosincrasia laboral, el consumismo, el sistema educativo, las rencillas fraternales,  la fidelidad, la comunicación interpersonal o la educación de los niños. En palabras de los primeros lectores, “más que una radiografía, una endoscopia de las relaciones familiares aquí y ahora”. A través de las desventuras de un joven matrimonio que se ve obligado a ocuparse de sus hijos a tiempo completo, porque los abuelos se han hartado de hacer de niñeras, y en parte, no podemos culparles, ¿verdad? Con motivo del Día de los Abuelos entrevistamos a su autor, Pablo Dávila Castañeda:

¿Este libro es un alegato de intenciones?

En absoluto. Ellos encantados es una comedia sobre algo que le puede suceder a cualquiera, pero quizá no se había parado a pensar: ¿qué pasa si tus padres se niegan a seguir cuidando de tus hijos? ¿Tendría eso consecuencias más allá del mero ámbito de los niños? ¿Afectaría a tu trabajo, a tu vida social, a la relación con los educadores de tus hijos, a tu pareja, a tu economía? Yo he contado una de las formas posibles que puede tomar este conflicto familiar, la historia de Lourdes y Carlos (padres/ejecutivos de clase media-alta) que se encuentran en una tesitura con la que no contaban. Y la manera en que afrontan el conflicto, que es muy particular. Pero lo que los lectores valoran precisamente es que la novela no lleva implícitos ni un juicio de valor, ni una toma de partido. Es más bien una exposición (muy) divertida de unos hechos que, de regalo, hace reflexionar. 

¿Deben los abuelos cuidar de nuestros hijos?

Mi novela no pretende dar respuestas, sino más bien plantear interrogantes para que cada uno extraiga sus propias conclusiones (y me dicen que eso es precisamente lo que engancha). Sería muy arrogante por mi parte tratar de aleccionar sobre este tema, no soy un especialista en la materia; pero sí un “observador creativo”, yo he creado una historia en la que todos las personas que lo leen, sin excepción hasta le fecha, encuentran un reflejo constructivo, de sí mismas o de quienes les rodean. Solo puedo hacer una afirmación tajante: para muchísima gente aquí y ahora, los abuelos son total y absolutamente imprescindibles. ¿Lo son porque hay una necesidad real (como la precariedad laboral, por ejemplo) o porque los padres de hoy ponen demasiada energía en el ocio, la ambición profesional, etcétera? En boca de Rafa, el abuelo gruñón de la novela: ¿somos la generación “me lo pido todo”? ¿O es que los abuelos necesitan sentirse útiles y son los que reclaman esa función cuidadora?

Toda la vida la familia era una tribu que criaba a los niños, ¿qué ha cambiado?

Quizá lo que ha cambiado son las normas de relación. El centro de gravedad familiar claramente se ha desplazado: la “solera” de los abuelos –su sabiduría, su autoridad, su experiencia- ya no es su mayor valor, sino el servicio que prestan. Al personaje de Carmen, la abuela protagonista, le encanta ese rol, es una mujer tremendamente servicial, disfruta hasta límites patológicos de hacer el bien a diestro y siniestro. Por algo el “consultorio” de Twitter que ha creado para difundir su historia se llama @CarmenEncantada. Pero Rafa, su marido, no está contento con este cambio de los tiempos, él vive su caso como una “estafa generacional”, no comprende la vida que llevan su hija y su yerno, y no entiende que sea él quien tiene que acoplarse al ritmo de los niños y no al contrario, como antaño. Por eso se mete en tantos berenjenales con tal de no dar su brazo a torcer en el pulso que establece contra su hija Lourdes en esta crisis familiar.

¿Crees que es injusto que nuestros padres tengan la responsabilidad de educar a los nietos? ¿Podemos decir que es una de las muchas consecuencias de la crisis?

No puedo afirmar si es justo o injusto, pero sí que sucede y que sería muy sano que abuelos y padres hablasen más sobre el tema. Me decidí a escribir Ellos encantados porque me resultaba muy curioso que muchos amigos y amigas de mi alrededor, con modelos de familia complemente distintos, usaban siempre la misma expresión: “claro que sí, quedamos, dejamos a los niños con mis padres, ellos encantados”. Y, sin embargo, he oído mil veces a las abuelas y abuelos quejarse muy amargamente de lo hartos que están de ocuparse de los nietos. Para un autor es muy útil el hábito extendido en España de hablar mucho y a gritos, las cafeterías, los parques y las salas de espera son un filón infinito. 

¿Qué sería de nuestros hijos sin nuestros padres?

¿Y qué sería de los abuelos sin los nietos? ¿Y qué sería de los padres si pasaran mucho más tiempo con sus hijos? ¿Y qué pasa con quien no tiene abuelos? ¿O con quien no tiene hijos? Al fin y al cabo hay muchas formas de vivir, y todas imprimen carácter. Los niños que yo he dibujado en mi novela, Alba y Leo, son unos auténticos supervivientes, se hacen fuertes en mitad del fuego cruzado y son los que más rápido se adaptan a la nueva situación. Miran a sus adultos como diciendo: “estáis todos como una cabra”. En realidad ellos saben lo que quieren y lo ven todo mucho más claro, la lógica infantil a veces es aplastante.

Son muchos los abuelos que "se ven obligados a hacerlo y no tienen la capacidad de poner límite a las demandas de los hijos", ¿qué les dirías?

Lo dicho: que hablen más con sus hijos, que se atrevan a romper el tabú. Sería para mí y para la editorial MueveTuLengua una inmensa recompensa que Ellos encantados sirviera de herramienta de comunicación para refundar las bases de algunas relaciones. O, al menos, para provocar cambios positivos en la forma de comunicarse de la gente, en el seno de la familia o fuera. De momento, me conformo con un objetivo mucho menos ambicioso y que me consta que hemos conseguido con creces: que la gente lo pase en grande leyendo.

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Ana Palicio

Ana Palicio

Soy periodista y madre de una niña y un niño. Si algo he aprendido con ellos, es que me queda mucho por aprender. Soy una asturiana por el mundo, que vive en Madrid. Me gusta viajar, lo nuevo, los museos, salir y entrar...Trataré de mostrar todo lo que me inspira, ayuda y divierte.

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