¿Se pone insistente?

La técnica del disco rayado con niños para no recurrir a los gritos

Es casi la hora de cenar y al pequeño se le antojan unas patatas fritas. Sus padres le dicen que no va a comerlas porque le quitarán el hambre y en poco tiempo cenarán. Si el niño empieza a ponerse insistente puede ser un buen ejemplo para poner en práctica la técnica del disco rayado. ¿Te suena la situación? Conoce aquí en qué consiste este método.

niño madre
Fuente: iStock

Si se lo proponen, los niños pueden llegar a ser muy insistentes y seguramente es algo que cualquiera puede afirmar. ¿Quién no ha visto a un menor ponerse un poco testarudo cuando no consigue algo que se le antoja?

Pues bien, si estamos buscando una manera de corregir este comportamiento podemos ayudarnos de un método como el siguiente: la técnica del disco rayado. Se trata de una técnica que sirve para “desactivar” esas conductas negativas que pueden aparecer en los niños, sin necesidad de recurrir a los gritos o a los castigos. Es un método que se utiliza para hacer que un pequeño abandone su insistencia.

¿Cómo ponerla en práctica?

Lo cierto es que la técnica del disco rayado puede utilizarse con personas de cualquier edad. Y aunque pueda parecer simple, sirve para superar obstáculos en situaciones de conflicto o de estrés, regulando también la ansiedad. En definitiva, ayuda a la resolución de problemas.

La forma de utilizar la técnica es bastante fácil. El objetivo es que el “diálogo” se estanque cuando una de las partes no hace caso. La persona adulta, en el caso de usarla con los niños, no debe dar importancia a las quejas y a los enfados del pequeño.

Para ello, el adulto debe tener una actitud firme, manteniendo el tono de voz, resistiendo a cualquier conducta que tenga el niño debido a su frustración. Así, cuando vuelva a estar en calma, el niño entenderá que existen unos límites que no se pueden sobrepasar, por lo que se conocerá a sí mismo y, como decimos, también trabajará los momentos de ansiedad.

Un ejemplo para entender mejor el método es cuando un niño quiere comer una galleta o cualquier cosa antes de la cena. El adulto sabe que eso le quitará el hambre y que es mejor que tome una comida saludable antes que llenarse con algún capricho. Teniendo la técnica en cuenta lo que debe hacer la persona adulta es primero explicarle por qué no debe comerse la galleta. Si el pequeño se vuelve insistente incluso tras la explicación, entonces habrá que aplicar directamente el método y, como bien dice su nombre, convertirse en un “disco rayado” y repetirle hasta que se canse: “Espera a la cena”.

 

¿Debemos dar una recompensa?

Por una parte, si el niño ha sabido tener una conducta positiva o la ha aprendido, una recompensa puede reforzar tal actitud. Dar a un niño algo que de verdad desee puede ser muy útil para demostrarle la importancia de sus logros.

No obstante, otras personas también consideran que la mejor recompensa debe ser la sensación de hacer lo correcto. Y es que, si los gritos pueden ser perjudiciales para su comportamiento, los premios también pueden serlo. Los niños deben entender que hacer lo adecuado debe ser un bien en sí mismo.

Por eso, lo que debemos entender que las recompensas pueden proporcionar motivación, pero siempre que mantengan un equilibrio.

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Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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