Mujer y madre

Lecciones de marketing para mamás

La realidad diaria de todas las mujeres que tratan de ser buenas madres, buenas trabajadoras, buenas parejas... es una auténtica carrera de fondo. ¿Cómo podemos hacerlo más llevadero?

Lecciones de marketing para mamás

Ser madre exige un abanico de habilidades destinadas al ahorro, a la optimización de los recursos, a la gestión del conocimiento, a la comunicación interna y externa... Podría decirse que las madres llevan auténticos departamentos de marketing y ventas a escala. Dirigen su propia empresa con dedicación intensiva. Las leyes del marketing pueden ser una ayuda más en el ajetreo cotidiano.

Ley del liderazgo

Es mejor ser el primero que ser el mejor

Cuando alguien crea un producto nuevo, siempre lo tiene más fácil que quien hace un producto que ya existe y tiene que convencer al cliente de que es mejor que el anterior.

Aplicado a nuestro tema, la maternidad, podemos concluir que es mejor hacerlo pronto o simplemente hacerlo... que esperar a alcanzar la perfección. Y con «hacerlo» nos podemos referir tanto a preparar comidas para invitados como a educar a los hijos en valores como la obediencia o la tolerancia.

Ley del sacrificio

Siempre hay que sacrificar algo para conseguir algo

Hablarle a una madre de sacrificio es como hablarle a un delfín de las olas... ¡ya saben lo que es! Pero no siempre se entiende de una manera, digamos, rentable.

Sacrificarse no es abandonar los cuidados hacia una misma y volcarse completamente en nuestros hijos. Cuando hablamos de sacrificio hablamos de, por ejemplo, resistir a sus lloros. ¿Cuántos niños duermen en la cama con sus padres tantas veces que, después, no saben acostarse y dormirse solos? Ellos llorarán para que los saquemos de la cuna. Y nosotros, resistiremos la tentación. Al final todos ganamos.

Ley del fracaso

El fracaso debe ser esperado y aceptado

Cualquier trabajo o proyecto tendrá altibajos. Prepararnos para el fracaso y aprender de él nos reportará, a la larga, beneficios.

Alrededor de los dos añitos mucho padres comienzan lo que los ingleses llaman potty-training, algo así como ‘entrenamiento de orinal’. Es un claro ejemplo de este tipo de fracaso. Cuando le quitan el pañal a su hijo, los primeros días todo va bien, pero unos días después, los padres se ven inmersos en una lucha que deben afrontar con mucha paciencia hasta que consiguen el resultado esperado: que su hijo aprenda a pedir “pipí” y “popó”.

Ley del éxito

El éxito puede llevar a la arrogancia, y la arrogancia lleva al fracaso

Relacionada con la ley anterior, quienes conocen el mundo empresarial saben de sobra aquello de que «un tonto nunca se recupera de un éxito». Ser madre exige una atención constante, una paciencia a prueba de bomba y una actitud siempre en alerta.

Sonia Contreras creía que el carácter bonachón y conformista de Pablo durante su primer año de vida le iba a durar para los restos. En el fondo se sentía muy afortunada porque su hijo «no era de los que montaba espectáculos en el súper o en el parking»... hasta que empezó a hacerlo.

A los dieciocho meses aproximadamente, Pablo descubrió el maravilloso mundo de «pues ahora me enfado, me tiro en el suelo y pataleo», algo para lo que su madre no estaba preparada. «Me explicaron en la guardería que lo mejor, si tenía una rabieta, era no hacerle caso. Si yo le gritaba o le prestaba mucha atención, seguiría haciéndolo una y otra vez. Me costó mucho mostrar indiferencia porque, en realidad, estaba acostumbrada a que mi hijo no montara espectáculos», reconoce.

Ley de la percepción

No se trata de una batalla de productos, sino de una batalla de percepciones

Como clientes, todos tenemos ideas muy claras respecto a lo buenas que son unas marcas frente a otras y a los felices que nos haría tener esto o lo otro. Por eso hay personas dedicadas en cuerpo y alma a influir en estas percepciones.

Nosotros también tenemos el poder de influir en nuestras percepciones. Ideas como «soy una madre más o menos estricta que las demás; más o menos ordenada; más o menos competente...» están en nuestra mente. Si nuestras percepciones son negativas, acabaremos convirtiéndolas en realidad. Y, para colmo de males, acabaremos dando esas impresiones negativas a los demás.

Ley de lo impredecible

Nadie sabe qué ocurrirá mañana

Todos nos movemos en un entorno cambiante. Las empresas saben que hay que adaptarse... o morir.

Saber adaptarse a lo que viene es fundamental para conseguir el éxito. Susana Argüelles experimentó en un solo año tantos cambios como si hubieran pasado diez. Y tras la tormenta... llegó la calma. «Tras nacer mi hijo tuve problemas en mi trabajo por incompatibilidad de horarios. Al final, tomé la decisión de dejar ese trabajo y buscar otros caminos. No fue fácil, pero el resultado final valió la pena. Tengo un trabajo mejor y más tiempo. Quizá mi hijo me ayudó sin él saberlo...».

Ley de la escalera

La mejor estrategia depende del lugar que ocupemos en la mente del cliente

No es lo mismo ser la marca de refresco de cola más vendida en el mundo... que la segunda. Tampoco lo es ser considerada la primera empresa de móviles que la vigésima. Y no es malo.

Lo principal es conocerse a uno mismo. Como en todo. Es importante tener claras las prioridades de cada persona en cada momento. Y luchar por ellas. Hay momentos en la vida, como cuando se acaba de ser madre, en los que las escalas de preferencias tienen que cambiar.

Eso no supone tener que “aguantarse” con la nueva situación, sino sacarle el máximo partido. Si nos obsesiona recuperar pronto nuestra figura, o volver al trabajo de dieciséis horas diarias para conseguir no se qué puesto, es muy probable que acabemos frustradas. Sin embargo, si lo cambiamos por aprender a manejarnos con soltura con nuestro bebé, si nos permitimos algunos caprichos con nuestra pareja, para estar a solas, para estar guapas... estaremos situadas, exactamente, en el tramo de escalera en el que nos sentimos cómodas.

Ley de la perspectiva

Pensar a largo plazo

Al realizar una acción de marketing, los efectos a largo plazo son a menudo totalmente opuestos a los efectos a corto plazo. Por ejemplo, si una tienda rebaja mucho sus precios, tendrá éxito a corto plazo, pero a la larga, cuando ponga los precios normales, sus clientes creerán que todo es demasiado caro.

Con el tiempo, en esto de la maternidad ocurre algo parecido. Lo que ahora nos sirve para actuar rápido puede suponer, a la larga, una pérdida considerable de tiempo.

Ley del Tú

Hace falta una idea original, la tuya

Por muchos tratados, recomendaciones o libros que leas, siempre hay un espacio para tu propia teoría.

Son muchas las mamás que admiten que nadie conoce a sus hijos como ellas. Esto no significa hacer oídos sordos a las recomendaciones de los expertos. Significa escucharlas y aplicarlas a la realidad de cada uno. No hay dos historias iguales, dos niños iguales, dos mujeres idénticas. Afortunadamente.

Ley de la franqueza

Reconozcamos nuestros defectos... (hasta cierto punto)

Dicen los expertos en marketing que hay que ofrecer un punto de honestidad al cliente. Si somos la compañía número dos y no la primera, debemos reconocerlo, por ejemplo. El cliente transformará esta aparente idea negativa en algo positivo (no son los primeros, pero puedo confiar en ellos).

Nuestros hijos, a veces, actúan como los demandantes más exigentes. Sé clara con lo que puedes ofrecer y con lo que no. Lo has escuchado muchas veces y es verdad: no está bien prometer un premio y no concederlo o amenazar con un castigo y no cumplirlo. Eso solo hace que tu hijo no confíe en ti.

 

Asesora: Alicia Herviás, psicóloga.

Etiquetas: educación, familia, madre, mujer

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