Aprendizaje

¡Matemáticas divertidas! El método ABN, la revolución del aprendizaje infantil

Los niños que emplean los nuevos algoritmos en lugar de los antiguos, aprenden antes, aprenden mejor, llegan más lejos y entienden de forma más comprensiva las tareas aritméticas. Ya contamos con resultados que establecen este extremo sin ningún tipo de dudas.

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El método de cálculo abierto basado en números (ABN) ha adquirido un enorme desarrollo en muy poco tiempo. Hoy supone un referente para padres y profesores: una alternativa real a los viejos procedimientos del empleo de cuentas y cálculos sin sentido. Y, sin ninguna duda, el mejor momento para este aprendizaje es en la primera infancia: la época en la que el niño es más curioso y, a la vez, con más capacidad de imitación y repetición. El tiempo de la educación infantil es el momento de la vida del ser humano en que experimenta mayor crecimiento cognitivo.

El cálculo ABN es, sobre todo, un método natural, esto es, que entronca directamente con la forma espontánea e intuitiva que tiene el cerebro de procesar los cálculos y tratar las realidades numéricas. Los viejos procedimientos diseñan una metodología en la que todo se debe aprender desde cero, en la que no se aprovechan las experiencias informales de los alumnos. Es algo muy estático. Los conocimientos aritméticos se plantean como algo ya existente, con unos procedimientos fijados.

Lo único que tiene que hacer con ellos el niño es eso, aprenderlos. Son estáticos porque no hay nada que inventar, ni cabe que la intuición del alumno o su forma de trabajar los números adquieran aquí ninguna importancia. Salvo su memoria y su capacidad de repetición, el niño no tiene que poner nada: se aprende la grafía de los números con su vaga relación respecto a un patrón visual, las reglas de escritura, las tablas y las normas de funcionamiento de los algoritmos. Punto. Y a repetir y repetir, para que todo se automatice.

Son muchos los estudios que han puesto de manifiesto que los alumnos son capaces de realizar tareas matemáticas complejas siempre y cuando primero se trabaje su intuición aritmética con cantidades, con objetos, y sistematizada esta intuición se aprenda posteriormente la aritmética simbólica.

El método ABN es más natural porque trabaja con cantidades concretas, las manipula, descubre las reglas, construye los números y, por tanto, las relaciones que se dan entre ellos, permite que los actores apliquen sus propias estrategias, etc. Con el enfoque tradicional, el número es algo estático, determinado, cerrado. Con este método trabajamos el sentido numérico: algo que es abierto, dinámico, vivo.

Cuando un niño o niña comprende el tamaño de los números, piensa sobre ellos, los representa de diferentes maneras, los utiliza como referentes, desarrollan percepciones acertadas sobre los efectos de las operaciones, y emplea su conocimiento sobre los números para razonar de manera compleja (por ejemplo, extiende a conjuntos mayores lo que sabe hacer con los más pequeños, generaliza lo que sabe sobre la suma de dos sumandos a pequeñas operaciones con tres sumandos, o cuando, para evitar la dificultad de un cálculo, aplica técnicas de descomposición), entonces tiene sentido numérico.

El método ABN se trata de algo a la vez más sencillo y complicado: desarrollar en el niño las experiencias que están en la base, los procesos mentales que van a permitir, más adelante, construir los correspondientes conceptos. Por ello, no se habla de operaciones, sino de manipulaciones y transformaciones. Tampoco los niños van a resolver problemas. Lo que harán será entrenarse en situaciones concretas, e interactuar dentro de ellas con los materiales del cálculo.

¿Quieres conocer todo sobre el método ABN? Hazte ya con el libro “Desarrollo y mejora de la inteligencia matemática en Educación Infantil” (Jaime Martínez Montero y Concepción Sánchez Cortés. Ed. Wolters Kluwer). 

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