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Adiós a las leyendas urbanas

Mitos y verdades de los niños en verano

Se escuchan tantas voces alrededor cuando uno tiene hijos que llega un momento en el que ya no sabes qué consejo es bueno y cuál es simplemente un mito popular que se ha vestido de verdad por la fuerza del boca a boca, y cuando hablamos del agua y el sol del verano, lo que está en juego es la salud de los pequeños, de ahí que sea tan importante saber qué es cierto y qué no lo es.

Niños en verano
Niños en verano (Foto: depositphotos)

El verano y los niños es ese momento del año en el que más mareados acaban los padres de escuchar todo tipo de comentarios y apreciaciones a su alrededor. Al convivir con un núcleo familiar más amplio, las opiniones son también más variadas, y en muchas ocasiones pueden llevar a confusión al dejarse convencer los progenitores de una verdad popular que de verdad, en realidad, no tiene nada. Piensa, sin ir más lejos, cuántas veces habrás oído ese mito de que rapar al cero a los bebés hace que el pelo les crezca más fuerte. 

Durante el verano, la gran mayoría de estos mitos tienen al agua y al sol como grandes protagonistas por motivos obvios, de igual forma que también lo están algunas cuestiones virales que sí son ciertas. Lo mejor, para evitar dudas y errores, es poner los puntos sobre las íes, señalando qué cosas son ciertas y cuáles son simplemente mitos que de tanto repetirse boca a boca de generación en generación, se han asimilado como verdaderas. 

Si está moreno no hay que ponerle crema

Mucho que ver con esta creencia tiene el estatus de bienestar, ya que en la cultura occidental, y especialmente en la mediterránea, se asocia a saludable y bello la piel morena. No solo se cree que embellece, sino que también protege más de los rayos del sol que una tez blanca. Esto es completamente falso, e incluso hay muchos estudios científicos que apuntan a lo contrario. En todo caso, la piel se debe proteger siempre con el mismo factor de protección; las circunstancias de cada piel no deben alterar este hábito.

Bañarse recién comido puede provocar un corte de digestión

¿Cuántas veces tuviste que esperar dos horas después de comer para bañarte? No contestes, ya sabemos que seguramente fueran tantas como días tiene el verano. Quizá te enfade un poco saber que el corte de digestión no existe, es fruto del imaginario popular. Sí existe la hidrocución, término que explica el shock que se produce en el cuerpo al ser sometido a un cambio brusco de temperatura. Por este motivo, y no por la comida, es recomendable entrar en el agua paulatinamente cuando has acumulado mucho calor o esta está muy fría. 

El pelo mojado causa resfriados

Los virus, aunque te cueste creerlo porque llevas décadas creyendo lo contrario, no está relacionado con factores como la humedad. Sí es cierto que los virus suelen tener más fuerza en las estaciones frías, como es el caso de la gripe en otoño e invierno, pero no tiene nada que ver con el hecho de que tener el pelo mojado, por ejemplo, algo muy común en los niños en verano, les dé más probabilidades de sufrir un resfriado. 

Exponerse a una corriente de aire por la noche hace que se resfrien

Este mito está muy relacionado con el anterior, y la explicación de por qué no es cierto es la misma: los virus se contraen por el contacto social, no porque haga más o menos frío. Así que, si hace mucho calor, podéis abrir la ventana de la habitación para que corra aire y que el niño duerma desarropado; no pasa nada… salvo que del otro lado de la ventana entre aire contaminado por una persona enferma. Esto, evidentemente, es altamente improbable que ocurra en un entorno controlado como el de casa. 

Si está nublado no hay que echarle crema o es suficiente con menos protección

Otro mito que suele causar estragos en verano, sobre todo con los niños, que se tiran horas jugando sin la protección de una sombrilla. De igual modo que el tono de piel no influye en el factor de protección, tampoco lo hace el estado del cielo. La radiación ultravioleta está presente todo el año, con la misma intensidad si el día está nublado, de modo que se debe usar protección solar siempre, como mínimo del 30, si bien el 50 es el que más suelen recomendar los expertos. 

En el mar, ni flotadores ni manguitos

El mar no es la piscina; las corrientes internas, el oleaje, las piedras… Los factores que diferencian uno y otro entorno son muy importantes porque cambian completamente las condiciones del baño. Siempre debe un adulto supervisar el baño de un menor, y más si cabe cuando este no sepa nadar. Pero en el mar, además, es conveniente que no se utilicen elementos de seguridad inflables porque puede ser peor el remedio que la enfermedad, especialmente cuando el mar está revuelto. Limitan mucho la movilidad del niño, pueden perderse por la fuerza del agua, evitar que puedan sacar la cabeza en un momento de apuro, etc.

Los niños son más propensos a sufrir golpes de calor

Los menores de cinco años y en especial los menores de uno conforman uno de los grupos de población más sensibles a los cambios de temperatura. Hasta el Ministerio de Sanidad lo deja claro en su Plan Nacional de 'Actuaciones Preventivas por Altas Temperaturas’. Los motivos médicos que explican por qué son más propensos a los golpes de calor son variado, aunque la mayoría tienen que ver con que su cuerpo no está del todo desarrollado. Esto hace, por ejemplo, que dispongan de una menor reserva de agua y sudoración. 

Andar descalzos en zonas públicas puede acarrear problemas de salud

Es un mito que andar descalzo sobre el suelo frío te pueda provocar catarros  pero en cambio es verdad que tus pies se contagien de hongos y bacterias presentes en el suelo. Nadie que haya tenido papilomas o cualquier hongo en sus pies querrá repetir la experiencia, y menos en verano, de modo que necesario insistir a los niños que se calcen cuando salgan del agua o de la arena de la playa.

No es suficiente con ponerse crema una sola vez en un día largo de sol

Ni siquiera lo es aunque le dejes la piel blanca de tanta crema en esa primera vez que le pones. Hay cremas resistentes al agua pero, con todo y con eso, lo recomendable en un adulto es volver a ponerse crema cada dos o tres horas. En el caso de los niños, ya que se exponen más a los rayos directos del sol y a que se bañan también más que un adulto cuando son autónomos en el agua, mejor cada hora o directamente cada baño prolongado.   

Los bebés hasta seis no deben exponerse directamente al sol

Tiene relación con el punto que hemos dedicado a los golpes de calor en los niños. En el caso de los bebés, a problemas de este tipo derivados de la exposición prolongada y directa al sol, que por cierto se debe evitar todo lo posible en las horas centrales del día, hay que sumar el hecho de que la luz solar directa puede provocarles quemaduras y deshidratación. Luz indirecta natural, toda la del mundo, pero proteger su piel con bañadores completos y gorros o gorras para la cabeza es fundamental cuando no estén en el carrito o debajo de la sombrilla. 

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