Vuelta a la rutina

Necesito vacaciones… de las vacaciones

Las vacaciones siempre son breves, es un hecho más que constatado. Pero el verano... ¡El verano parece que no acaba nunca!

madre vacaciones

Llega un momento en el que deseamos que termine este "infierno". Quiero que suene el despertador, quiero una tarde de lluvia desde la ventana de mi salón, tomar un chocolatito a la taza, sacar el edredón, lucir preciosos jerséis y ver los escaparates de la vuelta al cole. ¡Quiero una vida asquerosamente rutinaria! ¿Me estoy volviendo loca o qué pasa aquí?


Lo que pasa, querida madre de hoy, es que en el fondo –muy, muy, muy en el fondo– somos animalejos de rutinas. Como los topillos del campo, deseamos organizar la madriguera; como las hormigas, comenzar de nuevo el almacenaje habitual; como los gusanos de seda, hacer el capullo. Bueno, esto último, tal vez no. Funcionamos gracias a pautas de repetición que nos vienen muy bien para no vivir en el caos (¿más caos? ¡Imposible!) y ordenar la vida.

Algo nos impulsa a poner el despertador, desayunar, comer y cenar a la misma hora, estar en nuestro hogar, vivir de día y dormir de noche. Viene muy bien tener horarios y rutinas, ¡precisamente para romperlas! El verano ha desestabilizado nuestras vidas y ahora toca recomponerlas.

Cosas que nos indican el hartazgo del verano

  • Recordamos con una extraña ternura los días de frío y viento, las noches largas y las horas de trabajo/guardería.

  • Nuestros bebés están hechos unos hippies desaliñados. Parecen llevar toda la vida viviendo semidesnudos y en pañales.

  • Sentimos más rechazo que nunca hacia nuestros suegros, el pueblo e incluso hacia ¡nuestra propia familia!

  • Notamos el desgaste del verano, sin horarios, sin previsión, el pelo fatal siempre... ¡y en realidad, con más trabajo!

  • Los niños parecen potrillos desbocados. No hay forma de que sigan un horario medio decente ni de que coman lo que "deberían comer".

  • Es evidente que los adultos nos alteramos y nos agriamos al cambiar nuestros hábitos y horarios. ¿Cómo no le va a ocurrir a un humano pequeño en plena adaptación al mundo? Es comprensible que esa bolita preciosa que tenemos por bebé se convierta en un pequeño Mussolini, o en una sucesión de llantos más difícil de aguantar que la gota Malaya. Se enfada, se irrita, nos rechaza, llora, grita, demanda atenciones imposibles...

  • Nuestra paciencia está bajo mínimos. Pero hemos de entender que la de nuestros pequeños también. Y su forma de comunicarlo es, digamos, limitada a unos registros desesperantes.

Y esto, queridas todas, es el principal indicador de que es el momento de adoptar nuevas estrategias de supervivencia.

¡La que se nos viene encima!

Vale, queda claro: el verano nos devora, el cuerpo nos pide rutina. Pero, para comenzar una rutina ¡hay que establecer nuevas pautas! ¿Estamos preparadas? El problema es que no sabemos la que se nos viene encima. Te hago un breve repaso:

  • Guardar las chanclas, los bañadores-pañal (sin saber si les volveremos a dar uso), los pareos y los bikinis en Narnia, es decir, en el más profundo agujero de nuestros armarios (ese lugar remoto que visitamos dos veces al año en nuestro hogar) hasta el año que viene.

  • Recoger todos los "imprescindibles" del verano, y decidir qué hacemos con ellos: after-sun (¿caducará?), camisetas del bebé (¿a la bolsa para los primos/amigos...?), neceser roto (¿basura?), gorro con visera para el sol (la cabeza no crece mucho en un año, ¿no?), cambiador portátil (¿dónde cabe esta monstruosidad?) y así, hasta un total de cien objetos que nos ocupan el salón entero y una jornada completa.

  • Organizar la rutina de nuestro bebé. ¿Hay que pedir plaza en una guardería? Tendremos que visitar varias, cotejar presupuestos, cercanía, y hacer el periodo de adaptación. Sí: recogerlo a la 1 de la tarde tres días, dos días a las 2 y una semana a las 3 y media. Obviamente, piensas que quien se tiene que adaptar a esta locura ¡es el resto del mundo, no tu bebé! En el caso de contratar un cuidador, te espera un casting más duro que el de una superproducción de Hollywood. Ve ensayando la cara para hacer creíble el "ya te llamaremos".

  • Hacer las gestiones de este curso: ¿cómo organizaremos los horarios? ¿Conviene contratar un seguro médico? Hay que ir al banco a cerrar mil cosas, tras el devastador verano. ¡Todo esto supone horas de colas y papeleos!

  • Ropa, uniformes, material escolar y libros. La cantidad y el precio de los libros es equiparable solo con los de un durísimo doctorado de cinco años de ingeniería aeronáutica (y encima tu cartera se quedará anémica perdida). Para un niño de solo cuatro años hay cuadernos de fichas, guías didácticas, proyectos educativos ultramodernos, libros de cuentos, textos de introducción al inglés y una pila de cosas destinadas a la educación de los churumbeles. ¡Qué presión! ¿Y si suspende primero de plastilina? ¿Encima, le harán repetir?

¡Menuda alternativa!

¿Es preferible el verano "asalvajao" del que venimos o tomar vitaminas, hierro y minerales en cantidades industriales para enfrentarnos al comienzo de curso?
Te voy a dar una mala noticia: no podemos elegir. Nos apetezca o no, debemos enfrentarnos a un montón de cambios para asumir las rutinas. Así que no nos queda otra que asimilarlo y adaptarnos.

Diana Aller es escritora y madre

Etiquetas: madre, mamá, niño, rutinas infantiles, vacaciones

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