Mujer y madre

En el parque: Normas de conducta para mamás

Los parques son el primer centro de socialización de nuestros hijos, pero también el nuestro, el de las madres. Puede ser un lugar excelente para ampliar nuestros horizontes sociales y olvidarnos de prejuicios.

Reglas no escritas para integrarse
  • Alabar con frecuencia a los hijos de las demás. «Cuánto ha crecido, qué guapo está,», es el halago que nunca hay que olvidar cuando se ha pasado un tiempo largo sin ver a algún niño.
  • Llevar merienda generosa para poder ofrecer. Si llevamos chuches, que sean dos paquetes.
  • Es comunmente aceptado no mezclar la vida del parque con la vida familiar. Excepto la típica madre organizadora, nadie propondrá actividades fuera del recinto.
  • Si una se ausenta durante varios días sin justificación, se pierden privilegios y habrá que hacer méritos para recuperar el lugar en el grupo.
  • Si se produce una pelea importante, cada madre regaña a su hijo. La madre del agresor regañará con firmeza, y la del agredido le quitará importancia al asunto.

No intervenir en los conflictos entre niños

  • Algunas situaciones que no iban a ir a más se convierten en conflicto simplemente por la intervención de los padres.
  • A lo mejor los pequeños se empujan sin cuidado ni intención y no se ofenden. Sin embargo, la madre que está mirando la situación se molesta y llama la atención al otro niño. La madre de este interviene... y se arma el lío.
  • Hemos de saber que los niños suelen resolver con gran inteligencia sus asuntos. Cuanto menos nos metamos, mejor.
  • Hay una norma no escrita según la cual cada padre se encarga de su hijo: si el nuestro se porta mal, le llamamos la atención nosotros (y no esperamos a que lo haga la madre del afectado), y si se portan mal con nuestro hijo, le damos a la madre del otro la oportunidad de actuar primero.

No comparar para preservar la armonía

La clave para terminar con la armonía de las nuevas relaciones en el parque es caer en la tentación de compararnos con el resto de las madres, o a nuestros hijos con el resto de los niños.

No hay que ceder al impulso de convertir la comparación en nuestra forma de relación con los demás. Se pierden las nuevas amistades y la esencia del parque, que podría definirse como: pequeño espacio ajeno a los peligros, alternativa perfecta a la tele o a una desazonadora jornada en casa, donde se reúnen personas de diferente edad, sexo, nacionalidad y estilo con el fin de divertirse.

 

Asesora: Isabel García, psicóloga.

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