10 ideas para vivir mejor

Practica el 'slow life' y disfrutarás más de tus hijos

Cada niño tiene su ritmo. Los padres tenemos que adaptarnos a él y no al revés. Es lo que defiende el movimiento Slow Life. ¿Cómo ponerlo en práctica?

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Las prisas nunca son buenas y menos para el desarrollo y la educación de nuestros hijos.

Esta idea está en línea con lo que propugna el Movimiento Slow, que aboga por llevar una vida más plena y desacelerada, detenerse y disfrutar de un presente prolongado que en demasiados casos queda sepultado por las obligaciones del futuro más inmediato. ¿Cómo ponerlo en práctica con nuestros hijos?

Buenas ideas slow

  1. Apaga el móvil cuando estés con tus hijos y, siempre, en reuniones familiares o en momentos de ocio compartido.
  2. Enséñales desde pequeños que hacer las cosas en su momento es la mejor forma de evitar las prisas y los agobios futuros.
  3. No tengas la televisión constantemente encendida a modo de banda sonora de la casa: ese sonido de fondo puede incrementar los niveles de estrés.
  4. Anima a tus hijos a que dediquen tiempo a, simplemente, pensar. Recibir constantemente estímulos e información impide que el cerebro establezca las conexiones entre los conocimientos y que se ordenen las ideas.
  5. Un poco de “dolce far niente”. Una cosa es la pereza como actitud y otra criminalizar sistemáticamente los momentos de inactividad: no pasa nada porque el niño disfrute de tiempos muertos en los que estén sin hacer nada.
  6. Fomenta en tus hijos la idea de que lo importante en el deporte y otras actividades en equipo es disfrutar, no competir. Expertos en la filosofía slow, como Carl Honoré (autor de “Elogio de la lentitud”) advierten que el exceso de actividades al que están sometidos muchos niños puede reforzar conductas como el egoísmo o ver al otro sistemáticamente como un rival a eliminar.
  7. Respetad los usos y costumbres. Cada vez son más las personas que comen delante de la televisión o el ordenador. Los expertos insisten en la importancia de las comidas familiares, no sólo para fomentar buenos hábitos alimenticios sino también para reforzar los vínculos con los más pequeños.
  8. Es muy importante el contacto frecuente con la naturaleza: se trata de la mejor escuela de calma y, también, el mejor antídoto frente al estrés.
  9. Proporciónales experiencias que propicien la observación y despierten una curiosidad que no puedan saciar a través de la pantalla de un dispositivo, y enséñales juegos sencillos, de los de siempre, que les permitan dar rienda suelta a su creatividad.
  10. Y, siempre, recuerda que los niños son niños: no hay que pretender que se comporten como adultos antes de tiempo.
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La instructora en mindfulness y terapeuta familiar, Àngels Ponce nos ofrece 10 consejos prácticos para conseguir esa crianza plena que la rutina y el estilo de vida actual nos impiden muchas veces disfrutar.

  1. Ser un modelo de “calma” o de quietud para tus hijos. Que te vean disfrutando de “no hacer nada”: escuchando los sonidos de los pájaros, o una canción con los ojos cerrados, o de mirar un atardecer, la luna… Invítalos a que te acompañen en silencio por unos minutos.
  2. Acompañarlos en sus momentos de curiosidad. Si a tus hijos les gusta hacer alguna actividad de observación como seguir el camino de las hormigas del jardín, ojear un libro, mirar las formas de las nubes; siéntate a su lado y aprende en silencio. Entrénate para ponerte en sus zapatos y ver las cosas con sus ojos: con curiosidad. No les interrumpas ni comentes nada, simplemente acompáñalos.
  3. No programar todo su tiempo, dejando espacio para la improvisación. De esta manera surgirá su creatividad innata. Si les diriges toda su jornada, pierden la posibilidad de desarrollar su imaginación y mostrarse como realmente son.
  4. Dedicarles un tiempo exclusivo. Si tu apretado horario solo te permite estar con ellos dos horas, pero además tienes que hacer otras cosas (como la cena, los baños, la ropa…) no vale. Eso no es estar con ellos. Regálales 20 de esos minutos solo para ellos, sin nada más por hacer que prestarles atención. Ese va a ser un tiempo de calidad, si es poco no importa, lo van a valorar mucho.
  5. Adaptarte. En general, los adultos vamos perdiendo nuestra capacidad de ser o de estar.  A medida que crecemos y vamos adquiriendo más responsabilidades y nos vamos centrando en la necesidad de hacer cosas incluso para disfrutar. Nos desconectamos de la experiencia. Los niños, en cambio, todavía conservan la capacidad de sorprenderse, de sentir curiosidad y maravillarse por todo, de realmente disfrutar de cada momento. Estar a su lado, aprender de ellos, muchas veces nos conecta de nuevo con nosotros mismos.
  6. No ir siempre con prisas. Incluso cuando hacemos cosas con los niños vamos acelerados, queremos verlo todo en un museo, pretendemos subir a todas las atracciones, saludar a todos los animales del zoo… No es necesario hacerlo todo en un día o unas horas. Dale tiempo a las actividades que programes con los niños y ten en cuenta que quizás sientan “la llamada” de algo en especial y se queden un buen rato con eso que les llamó tanto la atención o pretendan repetir lo mismo infinidad de veces. Los niños son así, no les estreses con tus “tenemos que”, relájate y disfruta con ellos. Es más importante experimentar.
  7. Aplicar el menos es más. No es necesario que un niño tenga todos los juguetes o cosas materiales que desea, que están de moda o que tienen sus amigos. Lo que más necesita es a ti como madre o padre, tu compañía, tu atención y tu cariño. No hay nada que pueda sustituir eso.
  8. Apagar la televisión, la tablet, el ordenador y el teléfono móvil.  Tú primero. No puedes pretender controlar el uso que tus hijos hacen de las tecnologías si cuando estás con ellos en casa, en el parque o en la piscina estás con la cabeza baja revisando el correo electrónico desde tu teléfono.
  9. Descubrir a tu hijo tal como es.  Olvídate de tus expectativas acerca de lo que quieres que tu hijo sea. Tu hijo ya es, tiene su carácter, personalidad, preferencias, sueños, ilusiones… Descúbrelas y acompáñalo.
  10.  Siente lo que significa para ti ser madre o padre. A pesar de que en ocasiones es una tarea difícil, cansada e incluso agotadora, nuestros hijos nos inspiran sentimientos profundos de agradecimiento, orgullo, admiración y sobre todo amor. No te lo pierdas. Párate, respira y siente todo eso; no desde la cabeza, sino desde el corazón.

En definitiva, no se trata conseguir ser los mejores padres, ni de tener “hijos perfectos”, sino de valorar y cultivar con calma las etapas y circunstancias de cada familia, creando el ambiente propicio a través del slow parenting y el mindfulness para que el crecimiento de los niños siempre sea una etapa de descubrimiento respetada.

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