Marcar los límites

Situaciones en las que decir NO a tus hijos es mejor que decir SI

Aunque es recomendable cambiar el contenido del mensaje en sentido positivo sin que difiera su objetivo, no se trata de desterrar la negación en todos los casos.

Hay ocasiones en las que sí puedes utilizar el no con tus hijos. Incluso debes hacerlo en situaciones concretas como las que repasaremos a lo largo de esta pieza de la mano del neuropsicólogo Álvaro Bilbao.

Una de las sensaciones más reconocibles para cualquier madre y padre de este mundo es la de sentir que se pasa el día diciendo que no. Es inevitable que llegue en algún momento. Lo es incluso para aquellas personas que se saben la teoría actualizada, esa que recomienda decir no con mensajes positivos, sin tener que pronunciar la temida palabra que puede ser contraproducente para los peques y también para su forma de asimilar el mensaje que les queréis hacer llegar. 

“A medida que se hace mayor saber decir “no” es tan importante para su desarrollo cerebral como darle afecto”, afirma Álvaro Bilbao. “Hoy en día, poner límites a los niños no tiene muy buena prensa, pero la neurociencia nos demuestra una y otra vez que son imprescindibles para un desarrollo sano porque ayudan al cerebro a entender las reglas del juego y nos permiten proteger su cerebro de estímulos que, aunque ellos no se den cuenta, pueden interferir en su desarrollo”, añaden.

Marcar los límites

Los límites se deben marcar con una comunicación fluida, en sentido positivo en la medida de lo posible. Pero el no es un recurso más que no se puede desterrar de la crianza, especialmente si se utiliza de forma positiva, sin gritos ni enfados. 

Tal y como explican desde Mundo Psicólogos, el exceso de la negación es un problema porque “los niños crecen sin autoestima y acaban siendo personas con poca creatividad, puesto que se les limita mucho desde pequeños, se les impone todo y dejan poca rienda suelta a crear su propia manera de actuar”, y que nunca escuchen un no por respuesta entraña el riesgo de que los niños tengan “poca tolerancia a la frustración y por tanto, imponen su criterio, carecen de empatía, les cuesta aceptar otras opiniones y son personas anárquicas que toleran mal las normas sea donde sea”.

Por ello, concluyen desde el gabinete especializado en salud emocional, “Es necesario decir no a los niños de una manera equilibrada para lograr que crezcan con autoestima, con autoexigencia pero sin desbordarse, creativos, que puedan ser espontáneos y que acepten las normas y maneras de funcionar tanto en las relaciones personales como en las laborales”. 

Cuando utilizar el NO como respuesta

Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres, pone cinco ejemplos concretos sobre situaciones en las que decir no es más efectivo y positivo que decir sí a nuestros hijos. Son las siguientes:

  1. Cuando me piden ayuda, pero realmente puede hacerlo por sí mismos: “Cuando le abres la mermelada, cuando le alcanzas el juguete que se encuentra encima de la encimera le estás también quitando la oportunidad de lograrlo por sí mismo”, dice el neuropsicólogo, que propone potenciar su autonomía a través del no si es necesario.
  2. Cuando creo que es momento de esperar. “Los niños se benefician de aprender a esperar”, asegura Bilbao, que basa dicho argumento en los resultados de estudios científicos que afirman que “aprender a esperar es una de las habilidades más importantes en el desarrollo cognitivo y emocional del niño. Uno de los motivos, concluye el especialista, es “porque las personas que son capaces de esperar son capaces de aguantar las ganas de conseguir algo pequeño ahora para conseguir algo mayor un poco más tarde”.
  3. Cuando lo que quiere es contrario a lo que necesita: “Está claro que el niño también viene equipado con un instinto que le dice lo que necesita, pero en muchos casos no hay coincidencia entre lo que quiere y lo que necesita”. Por ello, Álvaro Bilbao recomienda insistir en el no en este tipo de situaciones, como por ejemplo cuando es obvio que el niño tiene sueño y necesita descansar por muy intenso que sea su deseo de seguir jugando.
  4. Cuando me parezca demasiado pronto: el cerebro está programado para ir aprendiendo en un orden concreto y en una edad determinada, de ahí que no sea recomendable, en términos generales, quemar etapas antes de tiempo. “Cuando hacen cosas que son propias de una edad superior, pierden la oportunidad de aprender aquello que correspondía en el ciclo de maduración”, explica Álvaro Bilbao, que pone ejemplos más sencillos y habituales de lo que parece. “Por eso, los niños de 8 meses deben gatear en lugar de ser tomados por los brazos para caminar, los de 2 años pueden celebrar su cumple con unos pocos amigos y una pequeña tarta, en lugar de tener una fiesta sobredimensionada y los de 3 pueden disfrutar y aprender más de meter sus manos en la tierra que de tocar la pantalla de un teléfono móvil”, indica.
  5. Cuando simplemente creo que “no” es mejor para él o ella que “si”: según Bilbao no es verdad que el niño siempre sepa lo que necesita y por ello recomienda a los padres utilizar lo que él denomina “instinto” para saber cuando el no es mejor que dar por respuesta un sí. Por sentido común. De lo contrario, por ejemplo, un peque se tomaría de una sentada toda la tableta de chocolate. 
Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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