Abuelos todo el año

Tanto nieto todo el año y en verano, ¡le echamos de menos!

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Para los muchos abuelos y abuelas que cuidan y se encargan cada día de sus nietos y en verano por los campamentos, las vacaciones o por descansar sienten su falta cada día. Si os pasa sigue leyendo este entrañable artículo.

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La coach de las emociones, Blanca Fernández Galiano cuenta que su padre siempre comentaba que cuando los nietos llegaban era una alegría, pero que también se alegraba cuando los nietos se iban. Y es que en efecto, hay momentos en que los pequeños cansan tanto, que se añora un intermedio en su presencia. Sin embargo, cuando llegan momentos como estos estivales en los que bien los nietos acuden a un campamento, los hijos van de  viaje con sus vástagos durante una buena parte del verano o (¡por fin!) los  abuelos deciden que son humanos y también toman las de Villadiego unos días, semanas o mes (meses).


La distancia se convierte en maldición

abuelo

Tanto nieto todo el año, y en lugar de agradecer la liberación, algunas abuelas confían a Great Moments que sienten que se les cae un pedacito de su mundo. Porque ya se han acostumbrado a lo maravilloso que es el contacto con niños, entre otras cosas ya que vuelven a sentirse tan útiles como cuando eran padres, pero sin los inconvenientes que implica ejercer de educador. Y, de pronto, es como si entendieran que les han desposeído de parte de su función.

Y, sin embargo, queda pieza de teatro para rato. Entre otras cosas, porque los abuelos, ellos y ellas, no nacieron con un cartelito en la frente que así los defina. Las abuelas y los abuelos son seres humanos con una vida maravillosa a la que atender que es la de sus nietos, pero con una de la que ocuparse, como poco en igualdad de condiciones, la suya propia.

Pero, vale, está bien, fijémonos en la emoción del amor inalterable que une a los hijos de los suyos. Y sí, se sufre cuando están lejos. Al menos por un ratito… Así que atendamos al corazón para reconocerlo y busquemos fórmulas para reaccionar.

 

Y ahí volvemos a echar mano de una de las especialistas a las que Great Moments pide auxilio de vez en cuando, la doctora en psicología  Laura Rojas-Marcos, autora entre otros del libro 'La familia, de relaciones tóxicas a relaciones sanas'. Ella recuerda la necesidad de dedicarse cuidados a uno mismo, precisamente en esos momentos en los que se dispone de tiempo. Y recuerda la cantidad de recursos que en la actualidad tiene el sector de más edad de la población para comunicarse con los menores de la familia.

Entre otras cosas a través de las nuevas tecnologías que dan la oportunidad de escucharse continuamente, de mantener el contacto, incluso de ver la evolución del color canela apoderándose de sus nietos o cómo han mejorado el saque o la brazada, y no es necesario recurrir al skype, que no siempre funciona como desearíamos, sino que una herramienta tan simple como el whatsapp hace más por el acercamiento intergeneracional que muchos libros de pedagogía. Por lo que podríamos decir que quien tiene un smartphone tiene un nieto…, que es una manera como otra cualquiera de reírse un poco de uno mismo, de mirar los temas con distancia, eliminando cualquier atisbo de drama, al que tan dado es el ser humano de nuestra civilización.

La ruptura de la rutina, un aspecto más que positivo

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Ese ver el vaso medio lleno tan importante en la vida es una herramienta que muchas abuelas tienen para que la separación temporal de sus nietos lejos de ser una losa dolorosa sea una ruptura de la rutina, algo ciertamente beneficioso para la mayoría de los seres humanos, aunque cada cual tiene su corazón, su percepción de la realidad y, por lo tanto, su manera de reaccionar.

Si deseamos con todo el ser no ya ser felices, sino simplemente saber gestionar nuestras emociones y por tanto llenar el supuesto vacío que genera la distancia con los pequeños, nada mejor que trabajar contra el posible agujero negro. ¿Cómo? Desde luego, eliminando de nuestra mente cualquier atisbo de que alguna fuerza telúrica impide estar con esos seres tan ansiados.

Nada impide estar con ellos; mejor dicho, nadie impide estar con ellos. Son simplemente las circunstancias, que en este caso se llaman “verano”. Como nada impedirá volver a estar a su cuidado en septiembre, en ocasiones incluso más tiempo del que sería saludablemente correcto, aunque decirlo pueda parecer políticamente incorrecto.

Y desde luego hay maneras de superar el supuesto trauma: coger si no la delantera, sí la igualadera, es decir tomar vacaciones y, a poder ser, prepararlas con tiempo, porque más allá de la diversión y el descanso, hay que contar también con el disfrute que supone la preparación de unas buenas y, seguro, merecidísimas vacaciones.

Artículo elaborado por el Equipo Great Moments

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