Conciliación

Teletrabajar y ejercer de profesores: experiencias de los padres en el confinamiento

Cuando la Comunidad de Madrid decretó el cierre de los colegios por la pandemia de coronavirus muchos, aunque entendíamos lo necesario de la medida y la gravedad de la situación, nos echamos las manos a la cabeza.

Cuando la Comunidad de Madrid decretó el cierre de los colegios por la pandemia de coronavirus muchos, aunque entendíamos lo necesario de la medida y la gravedad de la situación, nos echamos las manos a la cabeza. Los trabajadores por cuenta ajena porque veían imposible gestionar la nueva situación. Los freelance como mi pareja y yo porque no sabíamos cómo demonios íbamos a conseguir sacar nuestro trabajo y cumplir con nuestros clientes.

Y vaya por delante que estamos acostumbrados a trabajar con un hijo en casa (ninguno de nuestros pequeños ha ido a la guardería), pero con dos y de corta edad (6 y 3 años) la cosa se complica. Sobre todo porque, siendo la carga de trabajo la misma, nuestros tiempos de trabajo se han visto reducidos drásticamente pese a nuestra organización germánica por turnos. Hay que tener en cuenta que hablamos de un trabajo, el nuestro, que no permite la desconexión (entrega de artículos periodísticos, actualización de redes sociales y blogs, gestión de campañas y comunicación de empresas y sociedades científicas, etc.) y que durante muchos momentos exige una presencia permanente.

Algo a lo que se ha unido nuestro nuevo papel como profesores”, acompañando a nuestros hijos en las tareas que les mandan diariamente vía telemática. Y se agradecen, oigan, porque eso nos permite instaurar unas rutinas en nuestro día a día, pero es otra carga mental que sumar a nuestra lista interminable de cargas mentales.

No es de extrañar que por momentos estemos estresados y nerviosos. Con la sensación de no llegar a nada y con la culpa subida a nuestras espaldas. Y lo hijos lo notan. No sé dónde leía el otro día a una experta decir que eso hace que los pequeños estén más demandantes, más hiperactivos, más agresivos y tengan más tendencia al enfado y a los lloros. Damos fe.

Pese a todo, estamos intentando tomarlo con filosofía y considero que lo estamos llevando relativamente bien (y lo estamos pasando bien, compartiendo momentos en familia para los que normalmente siempre falta tiempo) en esta montaña rusa de sentimientos en la que andamos subidos. Que se hable de dar por finalizado el curso escolar, sin embargo, nos hace temblar de miedo. Se puede gestionar una situación así durante un mes, dos incluso, pero seis…

Editar libros en mitad de un confinamiento

Ricard Peris y Nàdia Revenga son los fundadores de la editorial de literatura infantil y juvenil Andana. Desde el inicio del confinamiento intentan sacar adelante su trabajo con dos gemelos de tres años en un piso sin un espacio de trabajo independiente, lo que les ha obligado a buscar horas de trabajo en sus horas de sueño para realizar aquellas tareas “que reclaman más concentración”.

Para ello se han creado un horario que arranca a las 6:30 de la mañana con Nàdia trabajando y se cierra a las doce de la medianoche con Ricard ante el ordenador. Entre medias, tiempos para la lectura, para los juegos, para las comidas en familia y para ver alguna película antes de cenar. Tiempos de juego y de lectura que uno u otro, según la prioridad, aprovechan para atender llamadas, correos o hacer gestiones rápidas o labores domésticas, en las que también intentan implicar a los peques.

Al ser sus hijos aún tan pequeños, su “tarea” como “profes” la han enfocado “mucho más al juego, al trabajo de la lectura, la expresión artística y el refuerzo de las rutinas domésticas”. No obstante, la maestra sus hijos les envía cada día un vídeo con una propuesta de actividad a realizar que ellos complementan con juegos educativos, el planteamiento cada día de diferentes ambientes (literario, artístico, construcción, etc.) y la organizamos circuitos por todo el apartamento para fomentar la actividad física.

“Nos lo estamos pasando muy bien, nuestras preocupaciones vienen más por lo que puede ocurrir fuera de casa que lo que pasa de puertas adentro. Esto es una oportunidad para jugar, leer, aprender juntos. Si tuviéramos la seguridad que cuando volvamos a la normalidad todo sigue igual, esta sería una tregua muy positiva para poder tomar la medida de las cosas importantes de la vida. El problema es que no podemos evitar pensar en el día “D”, en el día del regreso, y en el duro panorama que tendremos que asumir para seguir adelante con los proyectos que tantos años nos ha costado levantar”, afirman los fundadores de Andana.

¿Cómo llevaríais entonces que el curso escolar se diese por acabado, como se rumorea, a consecuencia de esta crisis? “Sería muy complicado para nosotros que, con nuestro trabajo, tenemos que mantener el funcionamiento de la editorial”, reconocen. Explican que durante estos primeros días de confinamiento han bajado el ritmo de trabajo porque se ha producido un descenso de la actividad editorial y se han visto obligados a dejar proyectos aparcados, pero su previsión pasa únicamente por poder aguantar con este ritmo hasta mayo. “Si se produce otro escenario deberíamos replantear la situación, aunque es verdad que tenemos claro que la prioridad siempre es la seguridad sanitaria y que si el escenario que se plantea es la suspensión del curso, no podremos hacer otra cosa que adaptarnos”, conceden.

Cuando lo normal deja de serlo

Enrique Herrero y Vanesa Puente están acostumbrados a teletrabajar en casa con su hija de 2 años. Él trabaja en remoto como diseñador UI para una startup del sector financiero. Ella es autónoma y fundadora de una marca de ropa infantil orgánica y hecha a mano, Bonobo Chimp. “Tenemos la suerte de ser de ese pequeño porcentaje de españoles que ya trabajaba desde casa antes de esta crisis. Uno trabajaba por la mañana para coincidir con el horario de la oficina, y otra aprovechando la siesta de la niña pequeña, algún hueco por la tarde y las horas desde la cena hasta la madrugada. Ahora hacemos un turno de mañana y otro de tarde para trabajar y ocuparnos de las niñas, y la noche la dedicamos a descansar o a nuestro propio tiempo de ocio”, explican.

Hablan en plural porque tras el cierre de los colegios en Burgos su hija de cinco años también comparte las 24 horas del día con ellos. Explican que el colegio les envía propuestas diarias a través de YouTube, WhatsApp y correo electrónico, aunque matizan que ninguna de las tareas es de realización obligatoria y los plazos son muy flexibles, “así que nos organizamos un poco sobre la marcha en función de las ganas que tengan las niñas de concentrarse en unas u otras actividades”. Eso, unido a que ambos tienen bastante flexibilidad en sus trabajos, reconocen que hace que “todo sea mucho más fácil” y que no sientan demasiada presión.

Ante la posibilidad de que se dé por cerrado el curso escolar a consecuencia de la pandemia de coronavirus, Enrique y Vanesa afirman que se ven más capacitados “para afrontar meses de teletrabajo que meses ejerciendo de maestros infantiles”. En ese sentido, explica que sus trabajos ya venían estando adaptados al ámbito doméstico, por lo que estaban acostumbrados. Sin embargo, reconocen que la tarea de “acompañamiento constante” de dos niñas pequeñas “resulta mucho más agotadora, particularmente por el hecho de que cada una exige ritmos y contenidos diferentes por sus diferencias de edad y formas de ser. Es muy difícil dedicarles a ambas a la vez el tiempo que nos gustaría”.

Adrián Cordelllat

Adrián Cordellat

Soy periodista freelance. Escribo sobre maternidad/paternidad, educación y salud. Soy un apasionado de la literatura y un enamorado de la literatura infantil y de los álbumes ilustrados. También soy papá en prácticas, así que todo lo anterior lo hago con las ojeras puestas.

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