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Tradiciones: de padres a hijos

Muchos recordamos con nostalgia y una sonrisa en la cara nuestros juegos de la infancia y vemos con alegría cómo nuestros hijos también disfrutan de los mismos.

Todos hemos sido niños: hemos jugado en el parque y en el patio del colegio, merendado con amigos y visto dibujos animados que nos emocionaban. Forman parte de nuestra persona, tanto como los conocimientos de historia o literatura, las mates o las aptitudes que desarrollamos en nuestro día a día.

La infancia es fundamental para formarnos como personas y de eso somos especialmente conscientes cuando tenemos hijos; deseamos que disfruten y aprendan tanto como lo hicimos nosotros para que, cuando crezcan, recuerden esta época con la añoranza que da haber vivido momentos mágicos en el juego y desarrollo.

Como papás cuidamos la alimentación, el desarrollo intelectual y emocional e intentamos inculcarles hábitos saludables para su vida. Pero a veces nos olvidamos de lo importante que es el juego para ellos y, aún más común, no recordamos lo que nuestros hijos aman compartir tiempo con nosotros. Y es que no todo es el biligüismo, la higiene, los deberes y criar niños bien educados.

Tradiciones que podemos compartir con ellos

Juegos en el parque 

Rayuela: una tiza, diez cuadrados, diez números, una piedra, saltos… y horas de diversión. Este juego con el que todos disfrutamos cuando éramos pequeños les ayudará con la puntería y harán ejercicio mientras disfrutan de nuestra compañía, ¡qué mejor que compartir con ellos este juego al aire libre!

Canicas: si nuestros hijos tienen edad suficiente como para jugar con ellas sin peligro de llevárselas a la boca y atragantarse, son un juguete estupendo gracias a la variedad de momentos que ofrecen. Desde el clásico juego de sacar del círculo a las canicas del contrincante como el diseñar circuitos por las que hacerlas deslizar. Creatividad e imaginación al poder.

Pilla-Pilla: un clásico que jamás pasará de moda. Contamos hasta diez y ¡a correr! Actividad y diversión a partes iguales. Acordaos de marcar bien dónde está “la casa” para que luego no nos culpen de hacer trampas...

En casa

Cocinar bizcochos o galletas: la mayoría de nosotros hemos disfrutado ayudando a nuestras madres y padres en la cocina y nuestros hijos tienen derecho a lo mismo. Internet está lleno de recetas que podemos hacer con nuestros hijos (nosotros tenemos algunas para daros ideas), con ellas aprenderán mediciones, la importancia de la exactitud y conocerán las diferencias de mezclar, cocer, hornear… Además, hasta a los mayores nos resultará mucho más divertido cocinar si nuestros hijos nos acompañan.

La merienda: la vida acelerada de trabajo que tenemos nosotros, deberes y extraescolares ellos, hace que a veces se nos olvide lo maravilloso que es preparar en familia una macedonia de frutas, una taza de Cola Cao (calentito si es invierno), una par de galletas o un trocito de bizcocho y compartir tiempo con nuestros hijos. Con esta actividad no solo les enseñamos un hábito saludable de alimentación sino que es el momento adecuado para conocer qué pasa en sus vidas, cómo les va en el cole, con los amigos… Delante de una merienda estupenda la comunicación fluye a raudales.

Tarde de pelis: las últimas películas infantiles están hechas para que, tanto mayores como pequeños, disfrutemos juntos pero hay grandes clásicos con los que podemos pasar un rato de calidad en familia. Películas como “Willow”, “Dentro del laberinto”, “La princesa prometida”, “La historia interminable”, la primera trilogía de “La Guerra de las Galaxias”, “Los rescatadores”, “Fievel y el nuevo mundo”… Todas estas cintas nos encantaban de pequeños ¡disfrutemos de ellas con nuestros hijos! Seguro que también les emocionan.

Dejemos que nuestros hijos compartan con nosotros todo lo que de pequeños nos hacía felices y nos divertía y se sentirán más cercanos a nosotros y ¡nosotros a ellos!

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