Educación y desarrollo

Adiós al carrito de paseo en dos pasos

Te contamos cómo despedirte del carrito de paseo de modo que tu hijo acepte el cambio con la mejor de sus sonrisas.

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carrito

El carrito de te ha ayudado a llevar a tu hijo de aquí para allá desde que nació. Primero en forma de cuco o capazo, luego te tocó acoplar la sillita de paseo… Pero ahora que el chiquitín, no solo anda, sino que corre que se las pela, el carrito se ha convertido en un trasto que ocupa demasiado espacio en casa y que luego, a la hora de salir a la calle, solo sirve para cargar con las bolsas de la compra, colgar el paraguas o trasladar el montón de abrigos.

Por eso ha llegado el momento de despedirte de él, de limpiarlo y guardarlo para usarlo más adelante si tienes pensado tener otro bebé, o de regalárselo a una amiga, a una hermana que está esperando un hijo o  de llevarlo a algún centro donde puedan ofrecérselo a alguna familia que lo necesite.

Tú tienes muy claro que ha llegado ese momento. Ahora bien, ¿cómo se lo explicas a tu hijo? ¿Cómo le dices que el carrito de paseo, su carrito de paseo, ya no va a pasearle más? Pues no te preocupes porque te ayudamos en dos pasos. ¡Toma nota!

  • PASO 1 Explícale que solo los bebés van en sillita –solo tiene que echar un vistazo a su alrededor para darse cuenta–, es el primer paso para que la deje atrás. ¿No quería aprender a saltar a la pata coja y hacer carreras de sacos? Pues desde la sillita no podrá hacerlo…
  • PASO 2 Procurar acudir a todos los sitios donde lo llevemos caminando. Eso significa multiplicar los tiempos de los trayectos y cargarse de paciencia, pero es la única forma de que se acostumbre a que la sillita no es necesaria.

Una duda y un truco final

¿Por qué ahora? A esta edad están conquistando un sinfín de nuevos movimientos que la presencia del cochecito limitaría. Necesita ejercitar su cuerpo para desarrollar los músculos y el equilibrio. Y para convertirse en un pequeño atleta, es necesario dejar atrás la silla de paseo.

Y un truco final: Siempre ayudará que los primeros trayectos a los que acudamos con él de la mano y sin sillita tengan como destino un espacio lúdico que le invite a correr y moverse libremente, como el parque.

 

Etiquetas: aprender a andar

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