Educación del niño

4 cosas que puedes hacer antes de castigar a tus hijos

Ya sabemos que los castigos, en realidad, sirven de poco. Pero, ¿qué podemos hacer antes y después de llegar a castigar a nuestros hijos/as?

Os voy a contar una anécdota de mi paso por la universidad. Para subir a la facultad de Pedagogía tenía un ciclomotor, lo difícil no es conducirlo sino aprender a manejarte en la carretera. Yo estaba adquiriendo experiencia y me confundí de carril, me empecé a poner nerviosa, sentía miedo porque no hacían más que pasar a mi lado camiones y coches a toda velocidad. ¡Oh no, me había metido en una autovía y no sabía salir! En ese momento, se acercó un policía en moto y me hizo parar, ¡era mi salvación o una posible sanción!

Cosas que debes hacer antes de castigar a tus hijos
Foto: Istock

Había cometido una infracción por error, pero ¿merecía una sanción? Desde luego recibí una lección y pude aprender de mi error, lo cierto es que no me volvió a suceder, este policía vio mi angustia, me informó de que no podía circular por ahí y me ayudó a salir de ahí.

¿Qué aprendí? Que los errores son parte del aprendizaje social y que a veces está en manos de la otra persona darte una lección o una sanción. Si me hubiera puesto una multa la hubiera asumido, no queda de otra, pero me sirvió más recibir una ayuda en un momento de angustia y miedo igual que nuestros hijos cuando están aprendiendo.

Si tuviéramos que describir el castigo para que todos hablemos del mismo concepto, diríamos que suele cumplir algunas de las siguientes características:

  • Generalmente se aplica desde el enfado del adulto, sin haberse dado tiempo suficiente para calmarse y valorar qué respuesta es más adecuada.
  • El niño o adolescente lo percibe como algo injusto y aumenta su enfado y rebeldía porque no se siente escuchado ni comprendido por el adulto.
  • Al aplicarse inmediatamente después de la conducta, no se tienen en cuenta otros aspectos importantes como los emocionales, sólo se juzga la conducta.
  • Al responder sólo a la conducta, la respuesta del adulto suele ser desproporcionada, incoherente, ilógica y no guardando relación alguna con el aprendizaje a realizar.
  • El adulto al enfadarse con poca regulación emocional, retira el afecto que en ese momento necesitan sentir para entender lo que tienen que mejorar.
  • Se habla de “mala conducta” en lugar de “mala gestión emocional”.
  • No se le ofrece al niño la oportunidad de reparar el daño generado porque el enfoque es “hacerle pagar por su mala acción” y no ayudarle a reparar para asumir su responsabilidad.
  • Se habla de culpables y no de qué tipo de responsabilidad tiene que asumir cada uno.

Teniendo en cuenta estas características, las cuatro acciones que el adulto puede llevar a cabo antes de aplicar un castigo serían las siguientes:

  1. No aplicar el castigo inmediatamente después de la conducta, como mínimo tiene que pasar una hora para que la intensidad del enfado disminuya y tu corteza frontal te permite pensar desde una reflexión previa.
  2. No pongas cualquier castigo y menos sin coordinarte con tu pareja educativa, madre o padre o compañero de aula para que tu decisión sea más acertada y tengas en cuenta la opinión de otra persona, ir por libre nunca es bueno.
  3. No quites lo que más les gusta, generalmente está relacionado con el ocio, el juego o la socialización y eso no ayuda a mejorar la conducta.
  4. No pongas castigos que tienen que ver con la salud, la socialización o el juego, no castigues sin deporte, sin salir con los amigos o sin móvil.
Consejos antes de castigar a tus hijos
Foto: Istock

Entonces, ¿con qué le castigo? ¡Buena pregunta!, quizás no siempre hay que castigar porque de lo que se trata es de reparar, responsabilizarse y siempre siendo respetado. Hace un tiempo entrevisté a Òscar Prat i Vallès, presidente de la  Associació de Justícia i Pràctica Restaurativa de las Islas Baleares, que se creó en Palma el año 2013 con el fin de promover la Justicia Restaurativa y me habló de las estrategias restaurativas que los docentes pueden llevar a cabo en las aulas, puedes verla en el canal de YouTube de Padres Formados.

Y si ya le he castigado… ¿qué hago? Estos son los cuatro pasos que te invito a seguir si no tienes mucha experiencia educando sin castigos y te cuesta poner bien los límites que son precisamente la alternativa a los castigos:

  1. No mantengas un castigo si consideras que te has equivocado, enseña más tu ejemplo ante el error que mantener una decisión en la que ni tú mismo crees.
  2. No le digas que “es por su bien” para justificar tu decisión y menos “a mi me duele más que a ti” porque si es injusta tu decisión no es buena para él o ella.
  3. Date un tiempo para cambiar de opinión. Si a la hora consigues estar más tranquilo puedes decirle, “he cambiado de opinión, creo que para que realmente aprendas algo positivo, el castigo que te he puesto lo voy a anular y creo que te puede ayudar más esto otro que he pensado…”.
  4. Sácate amarilla o roja si tus sanciones son irrespetuosas, anula una sanción igual que se anulan los goles cuando hay una falta. Si tu castigo se considera una falta a la dignidad del niño o adolescente porque toca la salud o la socialización, humilla o daña, directamente se anula y se toma otra decisión.

Si quieres que tu hijo aprenda algo de una situación, prioriza el clima afectivo para poder hablar de ello, prioriza tu gestión emocional para que puedas hablar de ello y favorece su capacidad de escuchar para que pueda aprender contigo.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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