7-10 años: Psicología

Los 6 miedos de nuestros niños 'mayores'

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De dónde vienen sus miedos ‘de verdad’ ¿Cuáles son las preocupaciones que los originan?

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Cuando cumplen dos años, empezamos a saber que hay algunas cosas que les asustan: permanecer solos en una habitación sin escuchar la voz de mamá, la oscuridad y sus temibles secretos, algunos animales, determinadas personas, como el médico, los payasos... Su gran imaginación, el escaso control que tienen sobre ella y su poca experiencia hacen que lo ficticio sea un terreno desconocido.

A medida que crecen (pasado el quinto cumpleaños), los miedos se hacen más sofisticados. Las historias fantásticas y los personajes de cuento (brujos, dragones, princesas en peligro...) hacen volar su imaginación hasta el extremo de meterse de lleno en el relato. Tanto que más de una vez tienen pesadillas y temores de fábula (el panadero de la esquina puede ser un ogro; la vecina del quinto, una bruja malvada...).

Durante toda la primera infancia, niñas y niños dependen mucho de sus padres y hasta los siete años es cuando más les admiran y buscan su aprobación (aún no han llegado a la adolescencia, cuando serán más críticos e intentarán diferenciarse de sus progenitores).

Es entonces cuando los primeros miedos, más concretos, dan paso a otros mucho más personales relacionados con su manera de desenvolverse en el mundo. Ya no son tan pequeños y se les exige mayor responsabilidad. No hay nada más temible entonces que romper un objeto valioso (que intenta esconder o sustituir a toda costa), hacerse daño o caerse, mojar la cama, ser castigado por desobediente...

Sí les asusta...

  • El fracaso escolar: sentir que no da la talla o que se queda rezagado respecto a sus compañeros de clase.

  • No cumplir las expectativas paternas o que le traten como a un niño pequeño. Que sus padres se muestren insatisfechos con él o le nieguen determinados privilegios.

  • La relación con los profesores. Su aprobación (sobre todo ante los ojos de sus compañeros) es un signo de estatus que le hace sentirse mayor y responsable.

  • Una pérdida afectiva (un amigo íntimo, una chica (o chico) que le hace gracia y que no le hace ni caso...) o material (las llaves de casa que le han confiado, el patinete tan guay que le echaron los Reyes...).

  • Su desarrollo físico: ser la más alta de la clase (o el más bajito), estar muy delgado, ser un poco torpe en el baloncesto...

  • No caer bien en clase: a esta edad las relaciones sociales son una de las claves de su desarrollo, y cualquier niño se esforzará al máximo para tener su lugar en la pandilla.

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