Educación del niño

Ámame para que me pueda ir: educar de la dependencia a la autonomía

¿Cómo podemos educar a nuestros hijos para que sean cada vez más autónomos a medida que crecen? ¿Cómo hacerlo sin llegar a que sean dependientes de nosotros?

Ámame para que me pueda ir” es el título de un libro que leí hace tiempo y al mismo tiempo una frase que muestra en pocas palabras que educar a nuestros hijos es amarlos mientras caminan de la dependencia a la autonomía, y prepararlos para que emprendan su propia aventura, claro que con una mochila llena de recuerdos implícitos tatuados con amor incondicional, que serán los recursos con los que puedan contar, también valores sociales (porque los otros siempre cuentan) y lo más importante, competencias emocionales, porque lidiar con las emociones tanto propias como del resto requiere de cierta habilidad que afortunadamente se aprende y se entrena.

Cómo educar al niño para que sea más autónomo
Foto: Istock

Este amor que les damos mientras caminan de la mano hasta que están preparados para marcharse, se tiene que manifestar en diferentes momentos a lo largo del tiempo a través de acciones como las siguientes:

1. No tienes que hacer nada extraordinario para ganarte el amor de tus hijos, ellos tienen que sentirse amados por ti pero no tienes que ser correspondido, lo único que hay que procurar es no dañarlos, ¿te resulta familiar esta frase  “con todo lo que he hecho por ti y así me lo pagas”? Es un claro ejemplo de lo que hay que evitar.

2. No les des todo lo que piden sólo porque tú no lo tuviste, es bueno que deseen cosas y que te informen de ello ,pero al mismo tiempo que sean un poco inalcanzables para practicar la espera, la tolerancia a la frustración y la decepción. Desear es bueno, obtenerlo todo sin esfuerzo no lo es tanto.

3. No les des siempre una solución a sus problemas, lo importante es fortalecerse ante el problema, analizar la situación, valorar posibles soluciones, tomar decisiones, valorar el error como la opción a descartar y volver a intentarlo porque con ensayo y error se acaba dando con la mejor solución.

4. El amor que más bien les hace es el que reciben cuando han hecho algo que nos disgusta, decepciona o desconcierta. Ese amor les hace aprender algo tan profundo como la diferencia entre “soy, tengo y hago” me aman por quien soy y me enseñan a mejorar lo que tengo y hago.

En el libro citado leía una afirmación que me parece digna de nombrar “si como hijos no hemos resuelto la relación con nuestros padres, como padres vamos a tener problemas añadidos con nuestros hijos” pero quiero añadir qué tipo de problemas pueden ser, principalmente de convivencia, de comunicación y de conexión.

Pongo un ejemplo para explicarlo mejor. Si la relación con nuestros padres ha sido un poco tormentosa, es posible que siendo hijos no hayamos establecido vínculos afectivos ni apegos seguros con nuestros progenitores y al carecer de experiencias empáticas suficientes que se hayan grabado en nuestra memoria implícita, dificulta ser todo lo pacientes, sensibles y comprensivos que el comportamiento de un niño requiere. 

A veces la poca paciencia que les tenemos es la poca paciencia que nos han tenido, entendiendo esto podemos decidir mejorar nuestra regulación emocional, respuestas correctivas y formas de comunicación.

Ayudando al niño a ser menos dependiente
Foto: Istock

También os regalo este hermoso texto de este mismo libro “no escogemos a nuestros padres ni tampoco a nuestros hijos. Pero podemos escoger quedarnos o irnos, continuar vinculados o desvincularnos, trabajar para mejorar y hacer crecer nuestra relación o coartarla”. Por lo tanto, si decidimos quedarnos, estar, darnos y por lo tanto amarlos, tenemos que entender los siguientes puntos:

1. Decir “esto no” o “ahora no” es necesario, pero entender al mismo tiempo que no siempre cuentan con la edad, madurez o capacidad para aceptar nuestro NO es imprescindible porque saber acompañar la emoción que de alguna manera hemos generado nosotros es lo verdaderamente importante.

2. Decir “no me apetece leer otro cuento” es un verdadero acto de amor porque le muestras lo que sientes con sinceridad y transparencia en lugar de poner el foco en ellos, “tienes que dormir porque es tarde”. Aunque sea cierto que es tarde, a veces hacemos excepciones sin importarnos la hora, por eso es más importante hablar de ti, “es a mí a quien no me apetece jugar en este momento y es bueno para nuestra relación que te lo exprese con claridad”.

3. Frases como “ahora estoy ocupada, termino y te atiendo” les ayuda a los niños a entender que, en una convivencia, “no son el centro del universo ni todo es ya” porque esperar les viene genial y se aprende precisamente esperando.

4. Una parte importante de educar para que vuelen y amarlos para que se marchen a vivir su vida es ayudarles a conocerse, quiénes son, qué talentos tienen, con qué virtudes cuentan y qué capacidades pueden potenciar. Si descubren todo lo bueno que hay en ellos, será más fácil valorarlo positivamente y por lo tanto contar con una mejor autoestima.

Educar amando no es algo que nace o fluye espontáneamente, sino que se elige y pasa de la cabeza al corazón, de la razón a la emoción, puedes sentir amor por tus hijos cuando las aguas están en calma pero cuando llega la tormenta lo que sientes es enfado, en momentos así hay que decidir llevar a cabo acciones “bientratantes”, “hago lo que les hace bien aunque no sea lo que me sale hacer”

Te invito a ver esta entrevista que le hice a Gaudencio Rodríguez Juárez, psicoterapeuta mexicano y activista en la defensa de los derechos de las niñas y niños en situación de maltrato y promotor del buen trato y de la erradicación de la violencia.

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Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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