Tecnología

Aprendizajes en pandemia: las herramientas digitales como oportunidad

Las herramientas digitales se han posicionado como grandes aliadas en la educación durante la pandemia de COVID-19, en especial durante el confinamiento. Vamos a analizar algunas de esas herramientas y qué ventajas aportan.

dispositivos digitales
Foto Istock

Dicen que a casi todo en la vida se le puede encontrar algo positivo. A punto de cerrar este 2020, un año duro como pocos para la inmensa mayoría de nosotros, también podemos ver algunas luces entre tantas sombras. Por ejemplo, el confinamiento ha ayudado a que las familias -las que no nos dedicábamos a actividades esenciales, que esas sí tenían que seguir yendo físicamente a su puesto de trabajo- pasáramos más tiempo juntas de lo que el estrés habitual y nuestros horarios nos permiten, y hemos sabido disfrutar de ese tiempo de juegos compartidos, de actividades físicas en el salón, de investigar recetas de cocina y hasta de realizar las tareas del hogar.

Han sido momentos inéditos, en muchos casos, que a los padres nos han servido para encontrar nuevas formas de conectar, enseñar con el ejemplo y transmitir valores fundamentales como el esfuerzo, la colaboración, incluso el buen humor pese a las circunstancias. Podríamos decir que el contexto de aislamiento ha hecho posible que ampliemos las modalidades educativas en el entorno familiar, a lo que por supuesto se une la necesidad de seguir las clases desde casa, que ha dado un impulso radical al uso de herramientas digitales de aprendizaje.

Aquí podríamos iniciar un debate sobre si esto puede considerarse positivo o negativo, si el uso de estas tecnologías es bueno o malo para nuestros hijos. Pero la conclusión principal sería que, también como casi todo en la vida, las cosas no son siempre blancas o negras, y las valoraciones van a depender de muchos factores. En mi opinión, la tecnología puede considerarse más una oportunidad que una amenaza: para los niños en sencilla de utilizar, permite mantener la distancia, respetar los ritmos diferentes de aprendizaje de cada uno, les da un plus de motivación y les proporciona gran cantidad de recursos, conocimientos y habilidades digitales que, sin duda, les serán útiles en el futuro.

Eso sí, siempre con control parental, con el establecimiento de una serie de normas de uso y límites sensatos, de forma que exista un equilibrio saludable entre el tiempo dedicado a los dispositivos electrónicos y el desarrollo de otras actividades físicas, sociales, familiares y de aprendizaje.

Es cierto que a veces se acusa a estas herramientas de hacerles perder la perspectiva de la realidad si se utilizan en exceso, pero no olvidemos que, especialmente para los adolescentes de hoy, la línea entre el mundo online y el offline es cada vez más difusa, y que para ellos su uso es tan natural como podía serlo para nosotros ‘bajar al parque’.

Una teoría recurrente es que jugar a videojuegos violentos les puede inducir a la violencia, pero hay estudios que demuestran que esto no es necesariamente así. Sin embargo, sí deberían preocuparnos capacidades como la empatía y la inteligencia emocional (como la capacidad de leer expresiones faciales y otros indicios de lenguaje no verbal). No hay fórmulas mágicas, en cada familia y para cada niño o progenitor será distinto, pero por ejemplo no debería ‘contar lo mismo’ el tiempo de pantalla ‘social’ (en que están charlando con sus amigos) que el que pasan jugando a un juego a solas. En el equilibrio está la clave.

El colegio digital

Es cierto que el sector educativo lleva mucho tiempo utilizando herramientas digitales para mejorar el aprendizaje de los alumnos: pizarras interactivas, recursos audiovisuales, tablets, ordenadores, aplicaciones educativas… A todo ello se han incorporado con la pandemia el ordenador o la tablet de casa de manera habitual, y gracias a ellos se ha podido mantener (más o menos) el ritmo del curso y no perder materia.

En la mayoría de los casos la experiencia ha resultado positiva, y ahora, en este impass de confinamiento/semipresencialidad/nueva normalidad, muchos se plantean si debe convertirse en lo habitual. En mi opinión, la educación digital es muy positiva y ha llegado para quedarse, pero al menos en primaria, debería ser un complemento.

Un modelo educativo 100% digital nunca debería sustituir la modalidad presencial porque, como apuntábamos, la educación es mucho más que conocimiento teórico. Los niños aprenden unos de otros en la clase de un modo que es imposible de recrear online (especialmente cuando son más pequeños). Además, no siempre es fácil probar nuevas teorías y aprender de los errores cuando el profesor no está ahí para apoyarles. Como oímos cada vez más, las habilidades sociales y la inteligencia emocional son fundamentales para crecer y desarrollarnos como adultos funcionales, y ahí, la comunicación cara a cara es difícil de sustituir.

Por último, quisiera dedicar una mención especial a los profesores, cuya labor ha sido fundamental en estos meses. La mayoría de ellos han demostrado que es posible adaptarse si hay ilusión y ganas, han aprendido nuevas maneras de enseñar para seguir con sus clases (atendiendo al mismo tiempo a sus propias familias) y han permanecido conectados a sus alumnos. Pero ellos también necesitan apoyo, formación y recursos, ¡y no debería correr solo por su cuenta! Porque de ellos depende en gran medida la proyección profesional de nuestros hijos.

Tengamos claro que la recuperación y el futuro de estas generaciones nos los estamos jugando en gran medida en el equilibrio de todos estos factores.

Artículo ofrecido por Kate Regan, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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